La salud materna y neonatal se benefician de una atención prenatal adecuada y de servicios de parto seguros, incluida la atención brindada por profesionales de la salud capacitados y el acceso a establecimientos de salud para el parto, lo que ayuda a reducir el riesgo de complicaciones e infecciones (véanse también los indicadores sobre planificación familiar y alimentación del lactante y del niño pequeño en el Capítulo 4) (Measure Evaluation, 2019[1]). En consonancia con su importancia, el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3.7 exige el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluida la planificación familiar, la información y la educación, y la integración de la salud reproductiva en las estrategias y programas nacionales para 2030.
En los países de ALC, la mayoría de las mujeres embarazadas reciben el mínimo recomendado de cuatro consultas de atención prenatal, aunque la cobertura varía sustancialmente entre países. En promedio, el 86% de las mujeres en ALC reciben al menos cuatro consultas prenatales, en comparación con el 93% en los países de la OCDE. La cobertura es particularmente alta en varios países, entre ellos Uruguay y Puerto Rico (98%), Perú y Guyana (95%), y Brasil, Costa Rica y Trinidad y Tobago (94%), México y Santa Lucía (90%), Bahamas y Nicaragua (92%), y la República Dominicana y Belice (93%). Además, algunos países otorgan poca importancia a la recopilación de estos indicadores, dado que ha sido alta durante muchos años y se considera una meta ya cumplida. Este es el caso de varios países de la OCDE. Sin embargo, la cobertura sigue siendo considerablemente menor en algunas partes de la región. Granada (55%), San Cristóbal y Nieves (59%), Haití (67%) y Surinam (68%) reportan los niveles más bajos, lo que sugiere brechas importantes en el acceso a los servicios de salud materna (Figura 5.7).
La mayoría de los partos en ALC son atendidos por profesionales de la salud capacitados, como médicos, enfermeras o parteras, y la gran mayoría ocurre en establecimientos de salud, lo que indica que la atención del parto seguro es ahora casi universal en gran parte de la región (Figura 5.8). La cobertura de partos atendidos por personal capacitado se acerca al 100% en muchos países, entre ellos Chile, Cuba, Uruguay y varios países del Caribe, y alcanza el 98‑99% en Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica y la República Dominicana. La cobertura sigue siendo algo menor en Ecuador (96%), Perú y Belice (95%), Honduras (94%) y Panamá (93%), y particularmente en Paraguay (91%), México (88%) y Bolivia (72%) (Figura 5.8 – panel izquierdo). De manera similar, la mayoría de los partos tienen lugar en establecimientos de salud, con niveles en torno al 99‑100% en países como Chile, Cuba, Uruguay, Brasil y Costa Rica. Se observan tasas más bajas en Panamá, Honduras y Belice (alrededor del 92%), y especialmente en Guatemala (71%) y Haití (67%), donde una mayor proporción de partos todavía ocurre fuera de los establecimientos de salud formales (Figura 5.8 – panel derecho).
En muchos países de la OCDE, la proporción de partos en establecimientos de salud ya no se monitorea de forma sistemática, porque los partos en el hogar reflejan cada vez más una elección de los padres en lugar de una falta de acceso a la atención, y a menudo ocurren con parteras capacitadas y sistemas de referencia apropiados. En contraste, donde el parto en establecimientos sigue siendo incompleto, los partos fuera de los establecimientos de salud aún pueden señalar barreras de acceso a la atención especializada. En general, la alta cobertura observada en la mayoría de los países de ALC sugiere que el acceso a la atención profesional del parto se ha convertido en gran medida en un componente estándar de los servicios de salud materna. A medida que la cobertura se acerca a la universalidad en muchos países, el indicador se vuelve menos informativo para distinguir el desempeño de los sistemas de salud. Si bien sigue siendo importante monitorearlo para asegurar el acceso continuo a la atención del parto seguro, las futuras evaluaciones de la calidad de la atención materna en la región pueden depender cada vez más de indicadores más matizados de calidad y resultados durante el parto.