Los sistemas de información en salud son más eficaces cuando los datos fluyen entre quienes los generan, utilizan y aprovechan. El uso generalizado de datos interoperables y de alta calidad sustenta nuevos servicios y aplicaciones de salud digital, y facilita que la información sea comprendida y utilizada en distintos entornos y por diferentes usuarios (OECD, 2021[1]). En la Encuesta de Políticas de Calidad de la Atención 2025 de la OCDE para Panorama de la Salud: América Latina y el Caribe, se preguntó a los países si determinados tipos de datos de salud estaban disponibles para las autoridades nacionales o subnacionales, si se gestionaban mediante sistemas de registro electrónico de salud (RES) y si los pacientes podían acceder a sus propios datos. Los resultados muestran que, aunque muchos países han establecido sistemas digitales y utilizan los datos para la gobernanza, la evaluación de la calidad o el monitoreo del desempeño, el acceso de los pacientes no siempre está garantizado.
Los datos hospitalarios están disponibles para las autoridades nacionales o subnacionales en todos los países participantes, aunque en Argentina, Colombia y Granada solo lo están para las autoridades subnacionales. La mayoría de los países utiliza algún tipo de RES, pero su cobertura varía. En Perú, estos sistemas tienen cobertura nacional, abarcan distintos niveles de atención e integran sistemas paralelos. En Colombia, en cambio, funcionan principalmente dentro de cada institución, en lugar de constituir sistemas nacionales integrados. El acceso de los pacientes sigue siendo muy limitado: solo Costa Rica y Perú ofrecen acceso digital generalizado a sus datos en todos los niveles de atención, mientras que los demás países suelen facilitar el acceso en formato físico y previa solicitud.
Los datos de atención primaria suelen estar disponibles para las autoridades públicas de los países participantes, aunque el grado de centralización varía. En Paraguay, la información se recopila por regiones sanitarias y no a escala nacional. Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica y México, entre otros, utilizan estos datos administrativamente en todo el país. Sin embargo, la infraestructura digital sigue siendo desigual. En Colombia, el uso de RES en atención primaria, antes concentrado principalmente en Bogotá, se ha extendido gradualmente a otras regiones, mejorando la interoperabilidad. Una resolución de 2025 establece su implementación obligatoria por parte de los prestadores. En Granada, los RES solo están disponibles en algunas clínicas públicas. En otros países, los sistemas funcionan en paralelo entre prestadores sin plena interoperabilidad, como ocurre en todos los países del Caribe con datos disponibles. Pese al creciente uso de los datos de atención primaria para la gobernanza y el monitoreo de los servicios, el acceso de los pacientes sigue siendo limitado.
Los datos sobre medicamentos de prescripción presentan brechas comparativamente mayores. Aunque la mayoría de los países señala que las autoridades tienen acceso a los datos de prescripción y que estos se gestionan al menos parcialmente de forma electrónica, son menos los que integran esta información a escala nacional con otros niveles de atención o permiten que los pacientes accedan directamente a la información sobre sus medicamentos. Esto representa una oportunidad desaprovechada. Los datos digitales de prescripción pueden apoyar la farmacovigilancia, el monitoreo del uso de antimicrobianos y el control de costos. Cuando se comparten con los pacientes, también pueden reducir los errores de medicación, mejorar la adherencia y facilitar transiciones asistenciales más seguras.
En países donde los datos hospitalarios y de atención primaria ya se recopilan digitalmente y se utilizan para la gobernanza y el monitoreo del desempeño, ampliar el acceso digital seguro de los pacientes reforzaría la continuidad asistencial, apoyaría la toma de decisiones compartida y mejoraría la rendición de cuentas. Las brechas actuales dificultan la continuidad de la información entre autoridades, prestadores y pacientes, especialmente para las personas con enfermedades crónicas. Reforzar esta continuidad es una oportunidad importante para mejorar la calidad, la eficiencia y la atención centrada en las personas.