Un componente clave del capital humano es contar con personas sanas y bien nutridas a lo largo de toda su vida, pero muchos niños no pueden acceder a alimentos suficientes, seguros y nutritivos ni a una dieta equilibrada que satisfaga sus necesidades para un crecimiento y desarrollo óptimos que les permita llevar una vida activa y saludable. A nivel mundial, se estima que 150.2 millones de niños presentan retraso del crecimiento, 42.8 millones emaciación y 35.5 millones sobrepeso (The Global Health Observatory, 2024[1]). Por ello, muchos países enfrentan una doble carga de malnutrición —caracterizada por la coexistencia de la desnutrición junto con el sobrepeso, la obesidad o las ENT relacionadas con la dieta— un desafío de salud en aumento en muchos países de ALC. La desnutrición infantil también contribuye a peores resultados cognitivos y educativos en la niñez tardía y la adolescencia, lo que a su vez afecta el potencial a lo largo de la vida y determina en gran medida el estatus socioeconómico de la persona.
La meta 2.2 de los ODS de la ONU busca poner fin a todas las formas de malnutrición para 2030, incluido el logro, para 2025, de las metas acordadas internacionalmente sobre el retraso del crecimiento y la emaciación entre los niños menores de cinco años, e incluye un indicador sobre el sobrepeso infantil. Posteriormente, en marzo de 2025, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución para extender el Decenio de Acción de la ONU sobre Nutrición de su período original 2016‑2025 hasta 2030, en reconocimiento de que el mundo no está en vías de poner fin al hambre y la malnutrición para la fecha objetivo original (United Nations, 2025[2]). Esta iniciativa busca erradicar el hambre y la malnutrición en todas sus formas (desnutrición, deficiencias de micronutrientes, sobrepeso u obesidad) y reducir la carga de las ENT relacionadas con la dieta en todos los grupos de edad.
Las tasas de retraso del crecimiento en ALC son generalmente más bajas que en otras regiones del mundo, pero siguen siendo un problema significativo en varios países. En promedio, el 11.2% de los niños menores de cinco años presenta retraso del crecimiento en ALC27 (Figura 4.4). La tasa es de casi 45% en Guatemala, 22% en Haití y alrededor de 18% en Ecuador y Honduras, mientras que es la más baja en Chile y Santa Lucía, por debajo del 3%. Las tasas de emaciación también son más bajas que en otras regiones, con un promedio del 2.7% entre los niños menores de cinco años, pero Barbados, Guyana y Trinidad y Tobago presentan tasas significativamente más altas que el promedio, superiores al 6%. Las tasas más bajas se observan en Chile, Perú, Ecuador y Guatemala, todas por debajo del 1%.
Los países con mayor prevalencia de retraso del crecimiento tienden a presentar una mortalidad en menores de 5 años superior al promedio, lo que refleja el hecho de que cerca de la mitad de todas las muertes antes de los 5 años pueden atribuirse a la malnutrición (Figura 4.5). Guatemala se desvía significativamente de la tendencia al presentar una tasa de retraso del crecimiento casi cuatro veces el promedio de ALC y una tasa de mortalidad en menores de 5 años 4 puntos por encima del promedio de ALC. Esto se debe principalmente a la alta tasa de pobreza y a la gran desigualdad en el país, lo que provoca que la mitad de la población no pueda costear la canasta básica de alimentos. A esto se suman los efectos de los desastres naturales y el cambio climático, que dañan la producción de alimentos y contribuyen a la inseguridad alimentaria y la malnutrición al reducir la productividad agrícola y alterar los sistemas alimentarios (WFP, 2024[3]).
El sobrepeso y la obesidad infantil se perfilan como uno de los desafíos más significativos del siglo. En ALC27, la prevalencia promedio de sobrepeso entre los niños menores de 5 años supera el 8% (Figura 4.6). Las tasas más altas se observan en Argentina y Paraguay, con un 12% o más, seguidos por Barbados, Trinidad y Tobago, Panamá, Uruguay y Cuba, donde más de uno de cada diez niños presenta sobrepeso. A su vez, las tasas son inferiores al 5% en Haití y Surinam.