Los sistemas de información en salud robustos son una piedra angular de los sistemas de salud de alto desempeño, ya que permiten la continuidad de la atención, la evaluación del desempeño y la formulación de políticas basadas en evidencia. La OCDE ha enfatizado que la capacidad de enlazar datos entre entornos de atención y de apoyar su uso secundario es esencial para monitorear la calidad, mejorar los resultados y fortalecer la rendición de cuentas‑ (OECD, 2023[1]). De manera similar, la OMS destaca que los sistemas de información en salud integrados e interoperables son fundamentales para avanzar hacia la cobertura universal de salud e impulsar la mejora del sistema (WHO, 2021[2]).
Figura 5.1 muestra la capacidad de los países para enlazar datos a nivel de paciente entre entornos de atención. La capacidad varía considerablemente entre los países de ALC. Costa Rica, Perú y Paraguay reportan un enlace casi integral entre los conjuntos de datos de atención primaria, hospitalarios, de prescripción y de mortalidad, lo que permite el seguimiento a lo largo de la vía de atención. En contraste, varios otros países reportan solo enlaces limitados, a menudo restringidos a las conexiones hospital-mortalidad (Chile) u hospital-prescripción (Brasil), lo que refleja sistemas de información más fragmentados.
En toda la región, los enlaces más comunes conectan los datos hospitalarios con los registros de mortalidad y los datos hospitalarios con los datos de prescripción. En contraste, los enlaces que involucran a la atención primaria —particularmente las conexiones entre la atención primaria y los datos de prescripción u hospitalarios— están disponibles de forma menos consistente. Estas brechas restringen la capacidad de evaluar la continuidad de la atención y los resultados de largo plazo más allá del entorno hospitalario, y limitan la producción de evaluaciones de desempeño precisas que puedan impulsar eficazmente la mejora de la calidad.
Incorporar los usos secundarios de los datos de salud dentro de los marcos legales y de política nacionales es otra dimensión crítica de la capacidad en materia de datos de salud. La Figura 5.2 muestra una variación considerable entre países en cuanto a si los planes, las leyes o las estrategias nacionales incluyen explícitamente usos secundarios como el monitoreo de la calidad, la planificación del sistema o la investigación en distintos entornos de atención. Algunos países reportan un reconocimiento formal más amplio de los usos secundarios en múltiples entornos, mientras que otros indican disposiciones más limitadas o específicas de un entorno, a menudo concentradas en los datos hospitalarios. Estas diferencias reflejan distintos niveles de desarrollo de políticas en cuanto a la gobernanza y el uso estratégico de los datos de salud.
El uso regular de los datos de salud para la evaluación y la mejora de la calidad sigue siendo desigual en toda la región. Once países reportan utilizar de forma rutinaria los datos hospitalarios y nueve países los datos de mortalidad para publicar o monitorear indicadores de calidad; el reporte sistemático basado en datos de atención primaria, de prescripción, de atención de largo plazo o de registros de cáncer es menos común. En algunos casos, los datos pueden existir e incluso ser enlazables, pero todavía no se traducen de forma rutinaria en indicadores de calidad reportados públicamente. Esto sugiere que la disponibilidad de datos y la capacidad de enlace no conducen automáticamente a un uso sistemático para el monitoreo del desempeño. Fortalecer la capacidad analítica y los arreglos institucionales para la inteligencia sanitaria sigue siendo un paso importante en muchos países.