La adolescencia es una fase de transición fundamental en el desarrollo humano, ya que representa el cambio de la niñez a la madurez física, psicológica y social. Durante este período, los adolescentes aprenden y desarrollan conocimientos y habilidades para hacer frente a aspectos críticos de su salud y desarrollo mientras su cuerpo madura. Es también una etapa en la que se consolidan los factores conductuales que pueden suponer riesgos para la salud futura. Los entornos obesogénicos, las influencias socioculturales y la sobreexposición a medios digitales nocivos han contribuido al aumento de las tasas de sobrepeso y obesidad en los países de ALC (UNICEF, 2025[1]). Al mismo tiempo, aunque el consumo de alcohol es más prevalente entre los adultos, los adolescentes pueden adoptar patrones de mayor riesgo, como el consumo episódico excesivo, a veces con tasas más altas que las de los adultos (Esposito et al., 2025[2]). Las adolescentes, especialmente las más jóvenes, son particularmente vulnerables a las consecuencias del embarazo y el parto, ya que su cuerpo puede no estar físicamente preparado (UNICEF, 2024[3]).
Los factores de riesgo de las ENT, la principal causa de muertes prematuras en la edad adulta, suelen adquirirse en la adolescencia. El sobrepeso y la obesidad son uno de estos factores de riesgo clave. En ALC, la prevalencia de obesidad entre los adolescentes es del 15.1% en mujeres y del 15.8% en hombres, ambas muy por encima de los promedios de la OCDE de 8.2% y 11.2%, respectivamente, en 2022 (Figura 4.7). Países como Bahamas, Antigua y Barbuda y Barbados presentan tasas de prevalencia de obesidad superiores al 22% entre las mujeres, mientras que entre los hombres las tasas más altas, también superiores al 22%, se observan en Chile, Trinidad y Tobago y San Cristóbal y Nieves. Guatemala es el único país de ALC donde las tasas de prevalencia de obesidad adolescente tanto en hombres como en mujeres son inferiores a los promedios correspondientes de la OCDE. Cabe destacar que, en Haití, la prevalencia de obesidad es más de ocho veces mayor en hombres (17.76%) que en mujeres (2.11%).
Además, el consumo de alcohol y tabaco son otros problemas importantes que afectan a los adolescentes de la región. Los datos sobre el consumo actual de tabaco corresponden a 2024, mientras que los datos más recientes disponibles sobre el consumo episódico excesivo de alcohol corresponden a 2019 (Figura 4.8). La prevalencia promedio en ALC del consumo actual de tabaco es del 9.8% en 2024 y la prevalencia de consumo episódico excesivo alcanza el 18% en 2019, ambas por debajo de los promedios correspondientes de la OCDE para los mismos años (12.2% y 30.9%, respectivamente). Argentina, México y Guatemala presentan las tasas de prevalencia más altas de consumo actual de tabaco (superiores al 15%) entre adolescentes de 13 a 15 años. En cuanto al consumo episódico excesivo, Perú, Chile y Argentina presentan las tasas más altas, todas por encima del 28%, siendo Perú el único país por encima del promedio de la OCDE, con 33.8%.
Otro problema clave para los adolescentes en todo el mundo es la alta prevalencia de embarazos durante la adolescencia. ALC fue la región con la segunda tasa de natalidad adolescente más alta en 2022, con tasas particularmente altas entre las niñas con menores niveles de logro educativo. En 18 países de ALC, la tasa promedio de natalidad adolescente es de 38 nacimientos por cada 1 000 mujeres adolescentes de 15 a 19 años, casi cinco veces la tasa observada en los países de la OCDE, que se sitúa en 8 nacimientos por cada 1 000 (Figura 4.9). Cabe destacar que todos los países de ALC, excepto Chile, se sitúan por encima del promedio de la OCDE. La tasa de natalidad adolescente más alta se encuentra en Nicaragua, con 71 nacimientos por cada 1 000 mujeres adolescentes, seguida de Guatemala con 58 nacimientos. En contraste, Chile, con 6 nacimientos, seguido de cerca por Argentina, Uruguay y Costa Rica con 23, presentan las tasas de natalidad adolescente más bajas de la región.