La mortalidad infantil y neonatal refleja el impacto de las condiciones económicas, sociales y ambientales en la salud de las madres y los lactantes, así como la efectividad de los sistemas de salud. Factores como la educación materna y la inmunización, la calidad y accesibilidad de la atención prenatal y del parto, el parto prematuro y el peso al nacer, la atención inmediata del recién nacido y las prácticas de alimentación infantil son determinantes importantes de la mortalidad infantil (véase la sección «Alimentación del lactante y del niño pequeño» en el Capítulo 4). Además, eliminar la transmisión maternoinfantil de enfermedades es una prioridad en la región de ALC para reducir la mortalidad y la morbilidad infantil (Debbag et al., 2023[1]).
En 2024, el promedio de mortalidad infantil en ALC fue de 14,4 muertes por cada 1 000 nacidos vivos. La mortalidad infantil fue más baja en países como Uruguay, Chile y Cuba (menos de 7 muertes por cada 1 000 nacidos vivos), mientras que fue más alta en Dominica, la República Dominicana y, en particular, Haití (con 28, 33 y 39 por cada 1 000 nacidos vivos, respectivamente) (Figura 3.4). Entre 2010 y 2024, la tasa media de mortalidad infantil ha caído un 34,4% en la región de ALC, y la mayoría de los países experimentaron descensos de entre el 20% y el 50%. Haití, San Vicente y las Granadinas, Nicaragua, El Salvador y Bolivia registraron descensos de más del 70%. Sin embargo, países como Dominica, Venezuela y Cuba experimentaron aumentos de la tasa de mortalidad infantil cercanos al 30%.
En cuanto a las tasas de mortalidad neonatal, el promedio en la región de ALC fue de 10 muertes por cada 1 000 nacidos vivos. Las tasas de mortalidad neonatal fueron más bajas en países como Uruguay, Cuba, El Salvador y Chile (por debajo de 5 muertes por cada 1 000 nacidos vivos), mientras que Dominica, Haití y la República Dominicana registraron los niveles más altos, cada uno superando las 20 muertes por cada 1 000 nacidos vivos (Figura 3.5). Entre 2010 y 2023, la tasa de mortalidad neonatal cayó un 16,5% en la región de ALC, y la mayoría de los países mostraron reducciones de entre el 10% y el 30%. Bolivia, San Vicente y las Granadinas y El Salvador registraron descensos de más del 40%. En contraste, Cuba, Granada, Venezuela y Dominica experimentaron aumentos de las tasas de mortalidad neonatal de más del 35%.
La mortalidad infantil puede reducirse mediante intervenciones costoefectivas y apropiadas. Los planes para mejorar la supervivencia neonatal deberían construirse sobre una base sólida de atención esencial del recién nacido y alinearse con las metas del Plan de Acción Every Newborn (ENAP) y de Eliminación de la Mortalidad Materna Prevenible (EPMM) en materia de atención prenatal, atención posnatal, personal de salud calificado y atención obstétrica y neonatal de emergencia. Aumentar la inversión y dirigir recursos hacia dos intervenciones de alto impacto, pero costosas —la atención de los recién nacidos pequeños y enfermos y la atención obstétrica de emergencia— es esencial. Estas medidas generan múltiples retornos al reducir las muertes maternas, las muertes fetales, las muertes neonatales y la morbilidad tanto materna como neonatal. Las intervenciones clave esenciales para la atención del recién nacido incluyen el contacto piel con piel entre las madres y los recién nacidos después del parto, el cuidado higiénico del cordón umbilical y de la piel, y la lactancia materna temprana y exclusiva durante los primeros seis meses de vida. El manejo y el tratamiento efectivos de las infecciones neonatales, la neumonía, la diarrea y la malaria también son críticos. La terapia de rehidratación oral es una intervención de bajo costo y efectiva para mitigar los efectos debilitantes de la diarrea, y los países también podrían implementar medidas de salud pública relativamente económicas, incluidas la inmunización y la provisión de agua limpia y saneamiento (WHO, 2024[2]).