Los hospitales representan un componente importante de la infraestructura del sistema de salud y concentran una gran parte de la inversión de capital en la mayoría de los países. La disponibilidad de camas hospitalarias ofrece una indicación de los recursos disponibles para brindar atención de internación. Sin embargo, una mayor oferta de camas suele asociarse con mayores tasas de admisión, un fenómeno conocido como la Ley de Roemer, que establece que «una cama construida es una cama ocupada». Por lo tanto, es esencial asegurar que los recursos hospitalarios se utilicen de manera eficiente y que el acceso a la atención de internación esté bien coordinado. Aumentar el número de camas o de estancias hospitalarias no necesariamente mejora los resultados de salud de la población y puede generar ineficiencias si la atención hospitalaria sustituye a servicios ambulatorios o comunitarios más apropiados.
La disponibilidad de camas hospitalarias ofrece una indicación de los recursos disponibles para brindar servicios de internación. En los países de ALC, el número de camas hospitalarias se mantiene muy por debajo del promedio de la OCDE (Figura 5.5). En promedio, los países de ALC cuentan con 22.6 camas hospitalarias por cada 10 000 habitantes, en comparación con 42.0 camas por cada 10 000 habitantes en los países de la OCDE. Sin embargo, la disponibilidad de camas varía considerablemente en toda la región. Barbados reporta la mayor densidad, con alrededor de 64 camas por cada 10 000 habitantes, seguido de Haití y Cuba con alrededor de 40 a 50 camas por cada 10 000 habitantes. En el otro extremo de la distribución, Guatemala tiene menos de 5 camas por cada 10 000 habitantes, mientras que Honduras, Nicaragua y México también reportan niveles relativamente bajos de disponibilidad de camas hospitalarias. Estas grandes disparidades reflejan diferencias en la inversión en infraestructura hospitalaria, así como variaciones en la organización de la atención y en el papel que desempeñan los hospitales dentro de los sistemas de salud nacionales. La disponibilidad de camas para atención psiquiátrica también es sustancialmente menor en ALC que en los países de la OCDE. En promedio, los países de la OCDE reportan alrededor de 6.2 camas psiquiátricas por cada 10 000 habitantes (Figura 5.5). En contraste, la disponibilidad de camas psiquiátricas en los países de ALC con datos disponibles es mucho menor. México reporta alrededor de 0.3 camas por cada 10 000 habitantes, mientras que Ecuador, Costa Rica, Chile y Colombia reportan entre 0.4 y 1.7 camas por cada 10 000 habitantes. Argentina muestra la mayor disponibilidad entre los países con datos disponibles, con alrededor de 4.9 camas por cada 10 000 habitantes. Estas cifras ponen de relieve la capacidad relativamente limitada para la atención de salud mental de internación en gran parte de la región.
Las tasas de egreso hospitalario ofrecen una indicación del uso de los servicios de internación. En nueve países de ALC con datos disponibles, las tasas de egreso hospitalario promedian alrededor de 5 543 egresos por cada 100 000 habitantes, considerablemente inferiores al promedio de la OCDE de alrededor de 13 797 por cada 100 000 habitantes (Figura 5.6). Dentro de la región, las tasas de egreso varían sustancialmente. Uruguay y Chile reportan los niveles más altos, con alrededor de 9 300 y 8 300 egresos por cada 100 000 habitantes, respectivamente, seguidos de Brasil con alrededor de 6 450 egresos por cada 100 000 habitantes. En el extremo inferior, Argentina y México reportan menos de 3 700 egresos por cada 100 000 habitantes. En general, los países con mayor disponibilidad de camas hospitalarias tienden a presentar mayores tasas de egreso y viceversa, aunque las diferencias en las prácticas de admisión, la organización del sistema de salud y el acceso a la atención de internación también desempeñan un papel importante.
En once países de ALC con datos disponibles, la estancia media (EM) en los hospitales es de alrededor de 5.7 días, más corta que el promedio de la OCDE de 7.9 días (Figura 5.6). Las estancias más largas se observan en Costa Rica, con alrededor de 7.1 días en promedio, seguida de Panamá (6.7 días) y Chile (6.1 días). Las estancias más cortas se registran en Ecuador (4.5 días) y México (4.7 días). La EM refleja los patrones de uso y eficiencia hospitalaria, pero debe interpretarse con cautela. Las estancias más cortas pueden indicar una atención más eficiente y un desplazamiento hacia entornos de atención ambulatoria o posaguda, lo que reduce el costo por egreso. Sin embargo, las estancias excesivamente cortas también pueden indicar un alta prematura, mientras que las estancias más largas pueden reflejar retrasos en el alta debido a la limitada disponibilidad de servicios de rehabilitación o de atención de largo plazo. A la inversa, las estancias más largas pueden reflejar en ocasiones una mayor complejidad de los pacientes o diferencias en la práctica clínica (Rojas-García et al., 2017[1]).