El número de egresados es un indicador anticipado de la oferta futura de fuerza de trabajo, pero no se traduce automáticamente en una mayor disponibilidad interna si la retención es débil, si los egresados se concentran en ciertas ubicaciones o especialidades, o si una parte considerable de la formación se brinda a estudiantes internacionales que posteriormente se marchan. En varios contextos del Caribe, las facultades de medicina «extraterritoriales» (offshore) atienden en gran medida a estudiantes internacionales —a menudo de Norteamérica— que normalmente se marchan tras graduarse, lo que puede inflar las tasas nacionales de titulación en relación con las necesidades del sistema de salud interno (Halperin and Goldberg, 2016[1]; Morgan, Crooks and Snyder, 2017[2]). Dado que los datos comparables sobre la capacidad de admisión, los ingresantes y las tasas de finalización son limitados, el número de egresados debe interpretarse solo como una aproximación parcial de la capacidad de formación. Las diferencias entre profesiones también pueden reflejar variaciones en el atractivo, los requisitos educativos y las barreras de entrada. Por lo tanto, los indicadores de egresados deben interpretarse junto con la evidencia sobre la absorción del mercado laboral interno y los patrones de movilidad de estudiantes y trabajadores internacionales.
El número de egresados de medicina varía considerablemente, desde 33.9 egresados por cada 100 000 habitantes en la República Dominicana hasta 4.3 en Costa Rica (Figura 8.13). El promedio de ALC10 es de 12.8, cercano al promedio de la OCDE de 14.5, con México (14.5), Colombia (14.7) y Uruguay (14.7) cerca del promedio de la OCDE. La tasa muy alta de la República Dominicana puede reflejar en parte la internacionalización de la educación médica en partes del Caribe, donde una proporción sustancial de la matrícula puede corresponder a estudiantes extranjeros que no ingresan a la fuerza de trabajo interna (Halperin and Goldberg, 2016[1]; Morgan, Crooks and Snyder, 2017[2]).
El número de egresados de enfermería profesional generalmente supera al de egresados de medicina, pero varía marcadamente entre países (Figura 8.14). El promedio de la OCDE es de 34.9 egresados de enfermería por cada 100 000 habitantes, mientras que el promedio de ALC19 es de 18.4. San Vicente y las Granadinas reporta 44.6, y Chile reporta 34.0 (cercano al promedio de la OCDE), mientras que Guatemala reporta 2.1 y Cuba 4.0. Al igual que con otros indicadores, las poblaciones pequeñas y las diferencias en las estructuras de la educación en enfermería (por ejemplo, las vías de formación profesional frente a las asociadas) pueden afectar la comparabilidad.
El número de egresados de farmacia es más alto en Brasil (8.2 por cada 100 000) y Costa Rica (5.6), por encima del promedio de la OCDE de 4.2, mientras que el promedio de ALC8 es de 3.4 (Figura 8.15). México reporta 3.4, mientras que Panamá reporta 1.8 y Argentina y Colombia alrededor de 1.2. Dado el papel creciente de los farmacéuticos en la gestión de medicamentos y la continuidad de la atención, unas tasas de titulación persistentemente bajas pueden restringir el desarrollo de los servicios de farmacia clínica.
En general, los indicadores de egresados ponen de relieve diferencias sustanciales en la capacidad de formación entre profesiones y países, y subrayan que la planificación de la fuerza de trabajo debe vincular la política educativa con la retención, el despliegue y las diferencias en el atractivo profesional y el acceso a la educación. En los países con un alto número de egresados, mejorar la absorción interna y las condiciones laborales puede ayudar a traducir la formación en capacidad de servicio. En los países con un bajo número de egresados, puede ser necesaria una expansión focalizada de la capacidad educativa, pero debe acompañarse de estrategias para reducir la emigración y abordar la mala distribución geográfica. Por último, donde los flujos de estudiantes internacionales son grandes, el número de egresados debe interpretarse junto con la evidencia sobre el destino de los egresados y las necesidades de la fuerza de trabajo interna (Lee et al., 2024[3]).