Unos mercados competitivos y justos permiten ofrecer a los consumidores productos y servicios de mayor calidad, menores precios y una oferta más amplia. Al incentivar a las empresas a ser más eficientes y a acceder a nuevos mercados, generan ganancias de productividad que, a su vez, impulsan el crecimiento económico. La competencia también genera importantes incentivos a la innovación empresarial y fomenta la adopción de tecnología.
Las autoridades de competencia y los gobiernos deberían promover la igualdad de condiciones entre los competidores, garantizando que las políticas públicas respalden el buen funcionamiento de los mercados y que las estrategias industriales se diseñen en coherencia con la política de competencia. La OCDE colabora con los gobiernos para ayudarles a lograr importantes objetivos en materia de políticas públicas, como la promoción de la sostenibilidad, sin crear barreras innecesarias a la competencia. Asimismo, evalúa si la competencia es adecuada en todos los sectores, mediante proyectos nacionales y normas internacionales, como las Herramientas para la Evaluación de la Competencia de la OCDE.