Las conclusiones de este informe reflejan el dinamismo de un ecosistema diverso en materia de eficacia del desarrollo y aportan un nuevo impulso al aprendizaje colectivo y a la rendición de cuentas. Bajo el liderazgo de los gobiernos de los países socios y en consonancia con la Declaración de la Cumbre de la Cooperación Eficaz al Desarrollo de 2022, celebrada en Ginebra, la ronda de monitoreo 2023-2026 de la Alianza Global ha estimulado la adopción de medidas en los países con el fin de propiciar un cambio que conduzca a una cooperación al desarrollo más eficaz.
Veinte años después de la publicación de la encuesta de seguimiento de la Declaración de París en 2006, la visión original de la eficacia de la ayuda sigue siendo más relevante que nunca, pues promover un aprendizaje y una rendición de cuentas inclusivos y liderados por los propios países mejora las políticas, las prácticas y las alianzas encaminadas a lograr un impacto duradero del desarrollo. Sin embargo, los profundos cambios que se han producido en la cooperación internacional al desarrollo han complicado el panorama, ya que la diversidad de actores, modalidades, fundamentos e iniciativas ha redefinido las prioridades. Estos cambios repercuten en el futuro de la eficacia del desarrollo, al tiempo que brindan oportunidades nuevas y relevantes.
La eficacia de la ayuda, denominada “eficacia del desarrollo” desde el acuerdo de la Alianza de Busan para la Cooperación Eficaz al Desarrollo en 2011, siempre ha sido un complemento esencial de la financiación para el desarrollo, al combinar la calidad con la cantidad. Es importante analizar la experiencia de los últimos 20 años para comprender por qué el avance ha sido más lento de lo previsto y abrir nuevos caminos que mejoren la eficacia.
En este sentido, cabe destacar varios logros. En primer lugar, la eficacia de la ayuda fue el motor que convirtió la cooperación al desarrollo en una iniciativa más inclusiva, asumida por los propios países y sujeta a la rendición de cuentas. La ambición de pasar de una programación impulsada por los donantes a una visión compartida basada en la apropiación nacional y las alianzas inclusivas parece hoy en día algo evidente, pero en aquel momento supuso un cambio transformador. Permitió que los países en desarrollo tomaran la iniciativa a la hora de definir sus prioridades, amplió la participación y fomentó la confianza. Esto contribuyó a crear las condiciones necesarias para responder a la realidad actual, caracterizada por una mayor diversidad de socios, instrumentos más complejos y la demanda de un desarrollo centrado en las personas. También ha reconfigurado la forma en que los gobiernos planifican y consultan, en que la sociedad civil participa por derecho propio y en que se aplican la transparencia y la rendición de cuentas. De este modo, se incorporaron nuevos actores al proceso, primero en torno a los Objetivos de Desarrollo del Milenio y, después, respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En segundo lugar, a pesar de las dificultades, los actores del desarrollo no han dejado de participar en el diálogo y adoptar medidas encaminadas a mejorar la calidad, la eficacia y el impacto de la cooperación al desarrollo. La creación de un espacio colectivo en el que los socios reflexionan acerca de los datos relativos a su comportamiento, incluso en ocasiones alcanzando conclusiones incómodas, no es un logro menor para una iniciativa de carácter voluntario. Aun así, tal y como muestra este informe, tras 20 años de monitoreo, los avances en materia de eficacia del desarrollo siguen siendo desiguales y, en algunos ámbitos, decepcionantes. Entre los avances más destacados figuran la mejora de los procesos nacionales de planificación y elaboración de presupuestos, la reducción de la duplicación de tareas, el fomento del análisis conjunto y la creación de marcos de resultados mucho antes de que se consolidaran las reformas centradas en la ejecución. Sin embargo, los avances son insuficientes en otros ámbitos, como el uso de los sistemas nacionales, la previsibilidad y la desvinculación de la ayuda.
En tercer lugar, en el período previo al acuerdo de Busan y desde entonces, la eficacia del desarrollo se ha convertido en un auténtico pacto mundial de múltiples partes interesadas. La agenda ofrece un lenguaje común, normas de conducta y orientaciones prácticas con el fin de ejercer una colaboración que respete la diversidad de tradiciones. Este hecho ha ampliado la agenda y sus normas, compromisos y prácticas, por lo que se ha pasado de una cooperación reducida entre gobiernos en torno a la ayuda oficial al desarrollo (AOD) a incluir las alianzas Sur-Sur; la cooperación triangular; los proveedores árabes; las organizaciones multilaterales y las Naciones Unidas; el desarrollo basado en los derechos, centrado en las personas y liderado a nivel local; la participación efectiva del sector privado; la implicación filantrópica y descentralizada; y los parlamentos. Esto ha dado lugar a un renovado espíritu de esfuerzo por alcanzar los mejores resultados, aunque los esfuerzos y el compromiso político entre los distintos grupos de partes interesadas siguen siendo desiguales.
Las tendencias y los análisis sobre la apropiación, la calidad y la inclusión continúan acaparando la atención política. Las crecientes tensiones derivadas de prioridades contrapuestas – la reducción de la pobreza y la desigualdad; la gestión de los retos relacionados con la deuda, la seguridad y el clima; las tendencias preocupantes en cuanto a la AOD y otras fuentes de financiamiento; las presiones sobre el multilateralismo; el apoyo público irregular; y el predominio de las prioridades nacionales – están redefiniendo los objetivos, las coaliciones y el alcance de la cooperación al desarrollo. A medida que los responsables de la formulación de políticas miran hacia el futuro, la cooperación basada en los principios de la eficacia del desarrollo continuará siendo la prueba definitiva de una cooperación al desarrollo creíble. El debilitamiento de dicha eficacia pondría en riesgo la apropiación local y nacional, el uso óptimo de los recursos y la legitimidad y, en última instancia, las mejoras para las personas y el planeta.
Contar con una narrativa convincente importa, se necesitan mensajes claros y con base empírica como los que se recogen en este informe. La eficacia del desarrollo no debe considerarse un sustituto del financiamiento, sino un elemento facilitador y la base del éxito, en consonancia con el llamamiento a revitalizarla de la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Sevilla.
Gracias a su estructura y gobernanza únicas, y sobre la base de su dilatada experiencia, la Alianza Global se encuentra en una posición inmejorable para forjar nuevas alianzas en favor del cambio. Esto requiere voluntad política y capacidad de liderazgo de todos los actores a la hora de asumir riesgos, tomar decisiones difíciles y concebir una visión clara que permita lograr una mayor coherencia en un sistema fragmentado. La Alianza Global reforzará y apoyará el diálogo basado en datos mediante una adaptación ágil y en función de las necesidades a las iniciativas que ya están llevando a cabo los distintos grupos de interés, por ejemplo, a través del Foro de la Alianza Global de Busan, así como el intercambio de datos en los eventos internacionales pertinentes.
Pasados 20 años, la agenda en materia de eficacia del desarrollo sigue siendo de carácter voluntario y está liderada por los propios países; con una ambición renovada y voluntad política, puede cumplir lo que siempre ha prometido, mejores políticas, alianzas más sólidas y un impacto duradero para las personas y el planeta.