La biodiversidad proporciona servicios ecosistémicos clave que son fundamentales para todas las formas de vida en la Tierra. Sin embargo, está desapareciendo a un ritmo sin precedentes en todo el planeta, lo que perjudica al medio ambiente, el bienestar humano y las economías. Entre las principales amenazas para la biodiversidad se encuentran los cambios en el uso del suelo y el mar, la sobreexplotación de los recursos naturales, el cambio climático, la contaminación y las especies exóticas invasoras. Para detener y revertir la pérdida de biodiversidad de aquí a 2030, tal y como se estipuló en el Marco Mundial de Biodiversidad del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, será necesario reforzar las políticas de conservación y uso sostenible de la biodiversidad, aumentar el financiamiento destinado a tal fin e integrar la biodiversidad en todos los sectores.
Biodiversidad, agua y ecosistemas
Todas las formas de vida del planeta dependen de la biodiversidad y el agua. Sin embargo, estos recursos naturales de incalculable valor están cada vez más amenazados debido a las numerosas presiones que la actividad humana ejerce sobre ellos. Los análisis de la OCDE sobre la biodiversidad (tanto de especies como de ecosistemas) y el agua ayudan a los gobiernos a formular políticas que generan mayores beneficios medioambientales de una manera eficiente en costos e inclusiva.
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El acceso fiable a agua limpia es crucial para lograr un crecimiento sostenible y otros numerosos objetivos de desarrollo. La presión sobre los recursos hídricos sigue aumentando, impulsada por el incremento de la contaminación y la creciente competencia por estos recursos. Los efectos del cambio climático se hacen más evidentes a través del agua, ya sea por exceso o por escasez, mientras que la degradación de los ecosistemas de agua dulce afecta a la naturaleza y a nuestra capacidad para adaptarnos al cambio climático.
Sin embargo, la gestión eficaz y eficiente de los recursos hídricos y los servicios de abastecimiento de agua sigue siendo un desafío importante para muchos países, incluidos los de la OCDE. Debemos dar prioridad a los retos relacionados con el agua en la formulación de políticas y tener en cuenta los riesgos asociados, su posible repercusión financiera y económica y la necesidad de que las economías se adapten estructuralmente a ellos. La OCDE se compromete a apoyar a los gobiernos a la hora de afrontar estos retos y reformar las políticas que influyen en la disponibilidad, el uso y la gestión del agua. La OCDE ofrece orientación en materia de políticas hídricas sobre una amplia gama de cuestiones recogidas en la Recomendación del Consejo de la OCDE sobre el Agua, entre ellas el financiamiento, la inversión y la tarificación sostenibles del agua y los servicios relacionados con el agua, la gestión de la disponibilidad de los recursos hídricos, la mejora de la calidad del agua, la gestión de los riesgos y desastres relacionados con el agua, y la buena gobernanza del agua.
El océano cubre dos tercios del planeta y es vital para nuestro bienestar. Proporciona servicios ecosistémicos de incalculable valor, contribuye a la seguridad alimentaria mundial y ofrece inmensas oportunidades para el crecimiento económico, el empleo y el desarrollo. Sin embargo, nuestro océano se enfrenta a enormes amenazas como consecuencia de numerosas actividades humanas. Las presiones aumentarán a menos que los gobiernos tomen medidas firmes para garantizar el uso sostenible de los océanos y los mares, así como la protección de sus recursos.
Con el fin de respaldar la labor gubernamental para lograr una transición hacia una economía oceánica más sostenible, la OCDE está recurriendo a su experiencia en múltiples ámbitos de políticas, que incluyen las dimensiones ambientales, económicas, financieras y sociales. En colaboración con países desarrollados y en desarrollo, la Organización tiene como objetivo garantizar que la sociedad pueda aprovechar los beneficios del océano de forma sostenible e inclusiva.
La protección, la gestión sostenible y la restauración de la biodiversidad pueden ayudar a intensificar los esfuerzos para hacer frente al cambio climático y la contaminación. Los ecosistemas sanos almacenan carbono, favorecen la adaptación al clima y proporcionan resiliencia frente a la contaminación. Las áreas protegidas bien diseñadas pueden, por ejemplo, mejorar la captura de carbono y la resiliencia climática, además de contribuir a un aire, suelo y agua más limpios.
Para aprovechar al máximo estas sinergias, es necesario tener en cuenta el impacto de las políticas en diferentes escalas geográficas a fin de evitar el traslado de actividades perjudiciales a otros lugares. Asimismo, requiere una planificación cuidadosa del uso del suelo y el mar, así como prácticas más sostenibles en la agricultura, la pesca y la acuicultura. Reconsiderar el uso de los recursos, también mediante la prevención del desperdicio de alimentos, puede potenciar aún más los beneficios para la biodiversidad, la mitigación del cambio climático y el control de la contaminación. En general, los enfoques integrados para la conservación y la restauración de la biodiversidad pueden generar múltiples beneficios medioambientales, además de equilibrar los objetivos económicos y sociales a largo plazo.
Contexto
Los incentivos económicos para favorecer la biodiversidad no se están aprovechando al máximo
Las medidas económicas que benefician la biodiversidad fomentan su conservación y uso sostenible. Entre ellas se incluyen tasas e impuestos relacionados con la biodiversidad, como los aplicados a los pesticidas, así como subvenciones con fines medioambientales, pagos por servicios ecosistémicos y permisos negociables. La meta 18 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, acordada en la COP15 del CDB, insta a los países a potenciar el uso de incentivos positivos. Más de 130 países contribuyen actualmente a la base de datos de la OCDE sobre instrumentos de política ambiental (PINE). El gráfico muestra los incentivos positivos que son relevantes para la biodiversidad. Los datos indican que, durante la última década, la aplicación de estas medidas ha sido lenta.
Los niveles de estrés hídrico varían considerablemente dentro de los países y entre ellos
En promedio, la extracción de agua en los países de la OCDE se ha desvinculado del crecimiento económico y demográfico, y los volúmenes per cápita han disminuido desde 2000. Sin embargo, los resultados varían tanto dentro de los países como entre ellos y la información disponible para evaluar los recursos hídricos nacionales sigue siendo insuficiente para llevar a cabo un análisis más exhaustivo. La región de América registra los mayores niveles de extracción de agua per cápita entre los países de la OCDE, seguida de Asia-Oceanía y Europa. Los usos a los que se destina el agua extraída varían entre los distintos países. Mientras que algunos dedican más de la mitad al abastecimiento público, otros la destinan principalmente a la agricultura (como Colombia, Grecia, Japón, México, España y Turquía) o a la refrigeración de centrales eléctricas (como Estonia, Francia, Eslovenia y Polonia).
Cada vez hay más áreas marinas protegidas en todos los países de la OCDE
Las áreas protegidas cubren, de media, el 22 % de las zonas marinas, frente al 3 % en el año 2000. Sin embargo, la eficacia de la protección y los impactos reales sobre la biodiversidad siguen siendo difíciles de evaluar, ya que las áreas marinas protegidas (AMP) cambian con el tiempo: se designan nuevas áreas, se revisan los límites y algunas zonas pueden quedar destruidas o verse afectadas por el desarrollo económico o por procesos naturales. El valor medioambiental de una AMP concreta depende tanto de la designación del área como de la eficacia de su gestión. Solo nueve países de la OCDE cumplirían (y siete estarían a punto de hacerlo) la meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que consiste en proteger el 30 % de las zonas terrestres y marinas para 2030, lo que pone de relieve la necesidad de adoptar nuevas medidas políticas para alcanzar estos objetivos en los próximos años.
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