A medida que las personas envejecen, aumenta la probabilidad de que precisen de ayuda con actividades cotidianas como cocinar, limpiar, vestirse o atender su cuidado personal. Este tipo de ayuda se denomina cuidados a largo plazo (CLP). Como consecuencia del rápido envejecimiento de la población, los países necesitan reflexionar sobre cómo promover un envejecimiento más saludable, mejorar la calidad de los cuidados y encontrar nuevas formas de atender a las personas al final de sus vidas, garantizando al mismo tiempo un equilibrio entre la adecuación social de los sistemas de salud y la sostenibilidad económica.
El futuro de los sistemas de salud
El rápido envejecimiento de la población, las restricciones presupuestarias en salud, la escasez de personal sanitario y la recuperación tras la pandemia de COVID-19 están sometiendo a los sistemas de salud a una presión cada vez mayor. A medida que los países de la OCDE se preparan para el futuro, se necesita un cambio radical de políticas para garantizar que toda la ciudadanía pueda acceder a una atención sanitaria de alta calidad, al tiempo que se mantienen unos niveles de gasto sostenibles.
Mensajes clave
Evaluar el rendimiento de los sistemas de salud es fundamental para garantizar que respondan a las necesidades y preferencias sanitarias de la población y proporcionen una atención sanitaria de alta calidad y accesible para todos. Realizar esa evaluación ayuda a los responsables de la formulación de políticas públicas a identificar áreas de mejora, distribuir recursos de manera eficaz y medir el progreso de objetivos clave en materia de políticas públicas.
La resiliencia de los sistemas de salud se refiere a su capacidad de anticipación, resistencia, recuperación y adaptación en caso de crisis como pandemias, el cambio climático, conflictos geopolíticos y ciberamenazas. A medida que los países se recuperan de la pandemia de COVID-19, reforzar la capacidad general de los sistemas de salud es más crítico que nunca. La resiliencia de los sistemas de salud debe ser una prioridad, pues constituye uno de los objetivos principales para garantizar el alto desempeño de dichos sistemas.
Aunque la oferta de personal sanitario ha aumentado durante las dos últimas décadas en los países de la OCDE, también lo ha hecho la demanda, debido al envejecimiento de la población. Para hacer frente a la escasez de personal sanitario, los países deberían ofrecer más formación dirigida a los nuevos profesionales de la salud, reforzar la retención del personalmejorando sus condiciones laborales, y fomentar la innovación relacionada con la organización del trabajo y el uso de nuevas tecnologías. Todo ello les permitiría responder de manera eficiente a la creciente demanda de atención sanitaria.
Contexto
Envejecimiento de la población
El rápido envejecimiento de la población en los países de la OCDE dará lugar a un aumento de la presión sobre los sistemas de salud y a una reducción de la población en edad de trabajar que sostiene dichos sistemas. En este contexto, los sistemas de salud se enfrentarán al desafío, nada desdeñable, de promover la atención de alta calidad y mantener al mismo tiempo unos niveles de gasto sostenibles.
Durante los últimos cincuenta años, la proporción de la población con 65 años o más se ha duplicado en promedio en los países de la OCDE, pasando de menos del 9 % en 1960 al 18,5 % en 2023. En los 38 países miembros de la OCDE, más de 252 millones de personas tenían 65 años o más en 2023, y 67 millones de personas habían cumplido los 80 años. Estas tendencias demográficas ponen de manifiesto la necesidad de que los sistemas de salud se adapten y refuercen su capacidad de afrontar las crecientes y cambiantes demandas asociadas al envejecimiento de la población. En los países de la OCDE, se prevé que la proporción de la población con 65 años o más seguirá aumentando en las próximas décadas, hasta pasar, en promedio, del 18,5 % en 2023 al 26,4 % en 2050.
Los sistemas de salud se encuentran sometidos a presión financiera
La creciente presión sobre los presupuestos de los sistemas de salud refleja un contexto económico difícil, en el que prioridades concurrentes limitan los fondos públicos disponibles para la salud. Esta situación se ha visto agravada por los altos niveles de inflación y las crecientes demandas asociadas al envejecimiento de la población.
En 2019, antes de la pandemia, los países de la OCDE destinaban un promedio del 8,8 % de su PIB a la atención sanitaria, una cifra que se mantenía relativamente estable desde 2013. En 2021, esta proporción se había disparado al 9,7 %. Sin embargo, las estimaciones de 2022 sugieren una caída significativa hasta el 9,2 %, que refleja una menor necesidad de gasto para hacer frente a la pandemia, así como el impacto de la inflación. La creciente presión a la que están expuestos los sistemas de salud requerirá la introducción de cambios de política sustanciales en los próximos años.
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