Los gobiernos recurren a estrategias, hojas de ruta y planes nacionales para definir su visión, sus objetivos y sus actividades en torno a tecnologías específicas.
Las estrategias pueden establecer la visión y las prioridades de un gobierno a largo plazo en materia de desarrollo tecnológico, centrándose, por ejemplo, en la inteligencia artificial, la biología sintética o las tecnologías cuánticas. Las hojas de ruta describen las acciones e iniciativas específicas que se llevarán a cabo en un plazo definido para alcanzar los objetivos en materia de políticas públicas, mientras que los planes describen con mayor detalle las acciones y recursos que se asignarán a políticas concretas.
Estas herramientas de gobernanza orientan la inversión pública en torno a determinadas tecnologías clave, con el objetivo de maximizar sus beneficios al tiempo que se anticipan y abordan los riesgos potenciales, creando así un ecosistema propicio para la innovación responsable. Las estrategias, agendas y planes se elaboran a menudo en consulta con otras partes interesadas del sector privado, del mundo académico y de la sociedad civil, para armonizar los avances tecnológicos con las necesidades sociales y económicas.