OCDE-INADEM MUJERES EMPRENDEDORAS: APROVECHAR LOS BENEFICIOS DE LA DIGITALIZACIÓN Y LA GLOBALIZACIÓN

 

Palabras de bienvenida de Gabriela Ramos

Directora de Gabinete de la OCDE y Sherpa ante el G20

21 de febrero de 2018
Ciudad de México, México
(Texto preparado para su distribución)

Muchas gracias al Secretario General y a ti, Adriana Tortajada, (Directora, Venture Capital y Mezzanine, Fondo de Fondos).
Como señaló el Secretario General, el emprendimiento es un área en la que la brecha entre hombres y mujeres es muy marcada. En la OCDE, llevamos incluyendo este tema en nuestra agenda desde hace tiempo y hemos analizado a fondo las acciones requeridas.

Antes de entrar de lleno en materia, examinemos brevemente qué significa ser, en este caso, una emprendedora.

Emprendimiento

El emprendimiento es uno de los conceptos de trabajo más antiguos conocidos por la humanidad.

Sin él, no tendríamos innovación, comercio, nuevas tecnologías o nuevas maneras de hacer las cosas.

Para ser emprendedora hay que tener una gran idea, gozar de esa chispa especial de la innovación. Una emprendedora busca generar valor al identificar y sacar partido de un nicho en el mercado o al explorar nuevos productos, nuevos procesos o nuevos mercados.

Por supuesto, ser emprendedora permite disfrutar de una enorme flexibilidad en cuanto a cómo y cuándo trabajar. Ser su propia jefa facilita a la emprendedora tener control de su carga y su flujo de trabajo.

Sin embargo, ser emprendedora no es sencillo. En el mundo actual, donde predominan el libre mercado y la libre competencia, establecer un negocio propio puede constituir una perspectiva desalentadora, ya que la posibilidad de fracasar constituye un riesgo real.

Ser emprendedora además, implica otros riesgos: la necesidad de gestionar y planificar la vida laboral y la vida familiar en condiciones de trabajo e ingresos inestables e irregulares. Por otro lado, está la cuestión de la inversión: una emprendedora, por lo general tiene que invertir en su negocio gran parte de sus recursos financieros personales, lo que pone en riesgo sus ahorros. Y quizá para conseguir financiamiento de deuda incluso se vea forzada a utilizar como garantía bienes personales, como su casa.

Es por tanto comprensible que muchas empresas de nueva creación fracasen durante sus tres primeros años de vida, aunque estos datos varían entre un país y otro.

Por ejemplo, en Suecia, Estados Unidos de América, Luxemburgo, Lituania y el Reino Unido, 90% de las empresas en funcionamiento en 2013 seguían operando un año después. Sin embargo, en la República Checa y Polonia, la tasa era de 60% a 70% y en la República Eslovaca, de menos de 55%.

Para sostener un ámbito emprendedor vibrante y floreciente, un país necesita contar con los siguientes factores:

• Un marco regulatorio sólido
• Un entorno empresarial sólido
• Condiciones de mercado adecuadas
• Buen acceso a financiamiento
• Buena generación y difusión de conocimientos
• Grandes capacidades empresariales
• La cultura adecuada

La política gubernamental puede influir mucho en ello, bien sea directamente (mediante políticas públicas de emprendimiento y pequeñas y medianas empresas) o indirectamente (mediante políticas fiscales, educativas, de innovación y laborales).

Es necesario que exista también una cultura emprendedora, que resulta más difícil de influenciar, pues depende de las actitudes sociales cuya evolución requiere tiempo.

Por esta razón, algunos países son más emprendedores que otros.

Y además, por supuesto, algunas veces el emprendimiento se convierte en la única vía para tener empleo; por ejemplo, en Grecia se abren muchas empresas porque sus habitantes gozan de menos oportunidades de trabajar como empleados.

Mujeres emprendedoras – el problema

Cuando se trata de mujeres emprendedoras en particular, como comentó el Secretario General, aún existe una gran brecha.

Es fundamental que los formuladores de políticas liberen este potencial. La labor de las emprendedoras contribuye al crecimiento económico, la innovación, la generación de empleos, la igualdad de ingresos y la inclusión social.

De hecho, estimaciones recientes sugieren que si se eliminara la brecha de género en el ámbito empresarial, el PIB mundial podría aumentar hasta 2% al año.
No obstante, hay mucho trabajo por hacer. El Secretario General mencionó las acciones que la OCDE lleva a cabo para atender este tema. Pero también es importante analizar por qué nos encontramos en una situación como esta.

La brecha de género en emprendimiento se debe a varios factores:

Primero, es probable que las mujeres emprendedoras se sientan motivadas por factores diferentes y tengan ambiciones distintas que los hombres. Algunas ingresan a las filas del autoempleo para equilibrar mejor su trabajo y su vida personal y armonizar sus responsabilidades laborales y familiares. Otras abren un negocio para evitar la barrera invisible, conocida como “techo de cristal”, que enfrentan en el mundo del empleo.

Esto afecta tanto el tipo de negocio que inician como el tiempo que pueden dedicar a él.

Segundo, las mujeres encaran más retos para abrir y hacer crecer una empresa. Entre ellos, creen que carecen de las competencias empresariales adecuadas; les es más difícil tener acceso a financiamiento inicial, y encuentran redes empresariales más pequeñas o menos eficaces y marcos de políticas públicas que desalientan el emprendimiento femenino.

Tercero, hay barreras culturales. Se piensa que ser emprendedor es un concepto “masculino”; esta creencia tiene raíces históricas de tiempo atrás —sustentadas por procesos culturales, sociales y económicos— y está incorporada en las actitudes y normas sociales y culturales.

Eso podría provocar que se considere a las emprendedoras menos “legítimas” de alguna manera, lo cual —según investigaciones realizadas— afecta el posicionamiento en el mercado y la imagen de las empresas propiedad de mujeres, restringe el flujo de recursos esenciales, e impide la realización plena de su potencial emprendedor.

Y las actitudes sociales también son patentes a la hora de percibir el fracaso. Antes mencioné que las empresas suelen correr un alto riesgo de fracasar en sus primeros tres años de vida.

Las mujeres son más propensas que los hombres a afirmar que el miedo al fracaso les impide empezar un negocio. En la Unión Europea, 52% de las mujeres indicaron que el miedo al fracaso les impediría abrir una empresa, en comparación con 42% de los hombres.

Se detectó que, en general, en todos los países de la UE es más probable que las mujeres hablen de este obstáculo que los hombres. Estos roles de género de corte tradicional pueden provocar que las mujeres se autolimiten, en lo que se refiere a actividades comerciales y emprendedoras, a dedicarse a aquellas percibidas como más “femeninas”, como la prestación de servicios personales o las profesiones de cuidado personal.

Datos recabados por la OCDE ratifican que las mujeres tienden a operar tres tipos distintos de empresas: en los países miembros de la Organización, 70% de las que están autoempleadas trabajan en el sector de servicios, en comparación con 50% de los hombres autoempleados.

En México, este porcentaje es aún más alto (83%). Las mujeres emprendedoras no están bien representadas en sectores con alto valor añadido, especialmente los sectores de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés).

Si logramos que las emprendedoras ingresen a sectores más orientados al crecimiento, la recompensa sería importante. En la publicación 2015 Global Women Entrepreneur Leaders Scorecard se estima que si las mujeres fundaran empresas orientadas al crecimiento en la misma proporción que los hombres en los próximos dos años, podrían crearse más de 100 millones de empleos en todo el mundo.

Por último, las normas culturales sobre cómo deberían y no deberían comportarse los diferentes géneros restringen el acceso de las mujeres a recursos importantes, entre ellos los capitales humano, financiero y social.

Soluciones

Los países de la OCDE han respondido a los temas mencionados con iniciativas orientadas a ayudar a las mujeres a adquirir capacidades emprendedoras, mediante programas de formación, asesoramiento y tutoría, oportunidades para establecer redes y consultoría de negocios.  Asimismo, han mejorado el acceso al financiamiento con subsidios, microcréditos y programas de garantía crediticia.  Para ayudar a las mujeres a abrir empresas de calidad con potencial de crecimiento, países están estableciendo incubadoras y aceleradoras de negocios.

En muchos países de la OCDE ha aumentado el apoyo de este tipo, sobre todo en Estados Unidos, Canadá y Australia.

En Nueva Zelanda, el Lightning Lab puso en marcha la iniciativa “Female Founders”, que hace inversiones semilla de 20 000 dólares neozelandeses en empresas orientadas al crecimiento operadas por mujeres y ofrece ayuda en desarrollo empresarial a cambio de acciones de capital.  Si se desea resolver la problemática de la cultura y los estereotipos, es fundamental promover a mujeres emprendedoras exitosas como ejemplos a seguir.

Además, es imprescindible que el sistema educativo sea neutral en términos de género y no desaliente que las mujeres ingresen en carreras STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas). Esta es justo la razón por la que, como comentó el Secretario General, hemos adoptado muchas medidas importantes, como el lanzamiento en 2017 de la iniciativa NiñaSTEM PUEDEN, en conjunto con la Secretaría de Educación Pública de México.

Esta involucra a mujeres destacadas en áreas STEM para que actúen como mentoras y sirvan de ejemplos a seguir para asesorar y motivar a mujeres jóvenes a cursar una carrera en este campo y romper con los estereotipos.  El pasado mes de junio tuve oportunidad de constatar personalmente los logros del proyecto y aprecié que ha sido todo un éxito; fue conmovedor escuchar a las chicas hablar con gran ánimo sobre sus sueños de convertirse en ingenieras, científicas y matemáticas.

Por último, es necesario que los gobiernos mejoren el acceso de las mujeres a diversos tipos de apoyo. Es necesario contar con más redes empresariales, programas de formación, asesoramiento, educación financiera y acceso a capital para ellas. Lo es también optimizar el acercamiento a las destinatarias del programa y facilitarles la obtención de apoyo.

En el caso de Chile, muchos nuevos programas de formación empresarial incluyen ya servicio de atención a niños para que las mujeres puedan participar. No es tan difícil como parece; pueden ser programas muy sencillos. Me impresionó la labor de Mohamed Yunus, emprendedor galardonado con el Premio Nobel, con quien sostuve una entrevista en diciembre.

Su Banco Grameen, también llamado el Banco de los Pobres (o el Banco de la Aldea) emprendió una tarea fundamental: otorgar a mujeres pobres y vulnerables microcréditos para abrir empresas, acción que resultó revolucionaria en países como Bangladesh.

El Secretario General habló del trabajo de la OCDE en este terreno. Y también estamos avanzando mucho en el G20, al apoyar a la presidencia, ahora en manos de Argentina, a atender el tema de la participación de la mujer en las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y el emprendimiento, en particular los obstáculos al acceso a financiamiento y conocimientos financieros.

En el G20, la OCDE fue la primera organización en plantear el análisis de la desigualdad de género y presentar los fundamentos económicos para que los líderes abordaran esta cuestión. Estábamos rezagados en el objetivo del G20 de aumentar 25% la participación de la mujer en la fuerza laboral para 2025.

Por otra parte, apoyamos al G7, bajo presidencia canadiense, en el área de emprendimiento femenino para lo cual la OCDE recibió el mandato de supervisar los avances.
Tenemos que continuar nuestra lucha por ampliar el empoderamiento de las mujeres; alentar y apoyar a la mujer en el área del emprendimiento y en el mercado laboral; cambiar estereotipos, y mejorar el apoyo en dicho mercado laboral para mujeres y madres jóvenes, sobre todo las madres solteras.

Cuento con que todas ustedes hagan su parte: actuar como embajadoras del emprendimiento de las mujeres.

Actuar como modelos para inspirar a otras mujeres a considerar convertirse en emprendedoras. Ser mentoras, asesorar y apoyar a otras mujeres emprendedoras.
Muchas gracias.

 

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