Si bien no hay una definición única consensuada de comercio digital, cada vez existe mayor acuerdo en que este incluye el intercambio de bienes y servicios encargados o suministrados por medios digitales. En otras palabras, comprende tanto las operaciones solicitadas digitalmente pero entregadas de forma física —como la compra de un libro en un mercado en línea o la reserva de un alojamiento mediante una plataforma digital de intermediación— como las actividades comerciales entregadas digitalmente, por ejemplo, la reproducción en streaming de una película o un plano de arquitectura enviado desde otro país.
El flujo de datos constituye el eje central de toda actividad del comercio digital. Los datos no son solo un medio de producción y prestación, sino también un activo comercializable y un mecanismo a través del cual se articulan las cadenas de valor mundiales (CVM). Los datos también facilitan el comercio de bienes físicos y son fundamentales para el desarrollo de tecnologías nuevas y en rápido crecimiento, como la inteligencia artificial, la computación en la nube, el internet de las cosas (IoT) y la fabricación aditiva.