Sobre la base de datos de encuestas financieras y organizacionales de más de 300 organizaciones filantrópicas, este estudio evalúa el alcance y las características de la filantropía nacional a gran escala en México y la compara con los flujos filantrópicos transfronterizos y la ayuda oficial al desarrollo (AOD) destinados a México durante el período 2020-23.
El sector filantrópico interno de México ha crecido sustancialmente en las últimas décadas. Entre 2020 y 2023, las 328 organizaciones nacionales más grandes desembolsaron 3 400 millones de USD, superando con creces los 274 millones de USD aportados por 27 donantes transfronterizos y los 3 160 millones de USD provenientes de los miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD). Los 10 principales donantes nacionales representaron casi la mitad de la financiación nacional total, y solo la Fundación Carlos Slim desembolsó más de 670 millones de USD, lo que pone de relieve la concentración de recursos.
Estas tres fuentes de financiamiento muestran patrones de complementariedad, pero también de fragmentación. La filantropía nacional concentró más del 70% de su financiamiento en los servicios sociales, con un alcance limitado en sectores como agua y saneamiento. La filantropía internacional se enfocó en gran medida en el gobierno y la sociedad civil, que recibieron 108.3 millones de USD, mientras que la educación recibió 46.8 millones de USD, la protección ambiental 33.5 millones de USD y otras infraestructuras y servicios sociales 17.4 millones de USD. La APD proporcionó la cobertura sectorial más amplia, abarcando la protección ambiental, los servicios bancarios y financieros, el gobierno y la sociedad civil, la energía y la educación. Si bien las tres fuentes de financiamiento apoyan el desarrollo, una mejor coordinación reduciría la fragmentación y ayudaría a abordar las brechas sectoriales.
A nivel geográfico, el financiamiento filantrópico interno sigue estando muy concentrado en regiones urbanas y económicamente desarrolladas. La Ciudad de México recibió 780 millones de USD en filantropía nacional durante 2020-23, más que cualquier otro estado, seguida de Nuevo León. Per cápita, la Ciudad de México recibió casi 90 USD, cifra que supera con creces el promedio nacional de alrededor de 14 USD per cápita. En cambio, los estados con mayor incidencia de pobreza recibieron, en comparación, menos apoyo.
Las organizaciones filantrópicas encuestadas también presentan una diversidad significativa en sus estructuras y estrategias. Alrededor del 60% son de tamaño mediano (entre 10 y 99 empleados), 10 tienen más de 100 empleados y 2 emplean a más de 500 personas. La mayoría de las fundaciones (85%) se establecieron en la década de 1990 o después. Una excepción notable es la Fundación Nacional Monte de Piedad, fundada en 1775.
Las fundaciones nacionales se dirigen principalmente a los jóvenes y a las personas que viven en situación de pobreza extrema. Dos tercios apoyan a los jóvenes y más de la mitad se centra en iniciativas relacionadas con la pobreza. Se destinan menos fondos a respaldar a las personas mayores, a las poblaciones indígenas y a programas específicos de género. La igualdad de género rara vez es un enfoque manifiesto: solo un tercio se dirige de forma explícita a las mujeres y las niñas.
La mayoría de las fundaciones encuestadas colaboran con otros actores filantrópicos o de la sociedad civil. Más de la mitad cofinanció al menos un proyecto entre 2016 y 2022. Sin embargo, un tercio enfrenta dificultades para encontrar socios con objetivos comunes y cita los altos costos de transacción como una barrera.
La interacción con el gobierno sigue siendo limitada. Más de dos tercios informaron de poca o ninguna colaboración con las instituciones públicas. Los encuestados señalaron que reducir las barreras burocráticas y mejorar la transparencia fortalecería la cooperación. Una carta abierta reciente firmada por más de 1 500 fundaciones en octubre de 2024, que expresaba interés en trabajar con la administración federal entrante, señala un posible cambio hacia un compromiso más constructivo.
Las prácticas de transparencia varían mucho entre los encuestados. La mayoría de las fundaciones publican información general, como informes anuales, pocas divulgan datos financieros auditados y seis comunicaron que no comparten información con el público. Al mismo tiempo, dos tercios de los encuestados evalúan periódicamente sus programas, pero las evaluaciones de impacto o de rentabilidad son poco frecuentes, en especial en las organizaciones más pequeñas, que a menudo carecen de recursos para realizar evaluaciones sólidas. La mayoría de las fundaciones (50%) informaron de que se habían visto perjudicadas por las recientes reformas políticas. Los cambios en la legislación tributaria desde 2018 restringieron la elegibilidad para emitir recibos deducibles de impuestos y aumentaron los requisitos de cumplimiento. En 2023, menos de una cuarta parte de las organizaciones benéficas contaban con la condición de “donatario autorizado”, otorgada por el Servicio de Administración Tributaria (SAT). La eliminación de programas de financiamiento público, como el Programa de Coinversión Social y el INDESOL, también debilitó el apoyo institucional.
Si bien la pandemia de COVID-19 interrumpió las operaciones de muchas fundaciones, su impacto a largo plazo parece limitado. Alrededor del 30% redirigió temporalmente el financiamiento a programas de emergencia o redujo sus operaciones, pero desde entonces la mayoría ha reanudado las estrategias previas a la pandemia.
A partir de estos resultados, el presente informe hace las siguientes recomendaciones.
Para el gobierno:
Establecer un marco jurídico nacional claro para la filantropía. Una definición y una categoría jurídica unificadas simplificarían la supervisión y mejorarían la visibilidad y la trazabilidad de las contribuciones filantrópicas.
Reducir las cargas administrativas para obtener el estatus de exención de impuestos. Agilizar el proceso de solicitud para adquirir la condición de “donatario autorizado” podría alentar a más organizaciones a formalizar y ampliar su trabajo.
Colaborar con fundaciones nacionales y donantes públicos y privados internacionales para identificar y abordar las barreras estructurales que impiden que la filantropía llegue a las regiones más pobres.
Para la filantropía nacional:
Mejorar la transparencia y el intercambio de datos. Las fundaciones deberían reforzar la presentación de informes sobre las asignaciones de fondos y poner esta información a disposición del público con el fin de ajustar los recursos a las áreas de mayor necesidad. En lugar de crear nuevas estructuras, las redes existentes y las grandes fundaciones deberían liderar de manera activa el desarrollo y la promoción de normas comunes de presentación de informes y mecanismos de coordinación. Su liderazgo es esencial para garantizar la coherencia de los enfoques.
Aumentar la colaboración con las instituciones públicas. Las plataformas estructuradas de diálogo pueden ayudar a superar la desconfianza y garantizar un uso más estratégico de los recursos filantrópicos.
Fortalecer la evaluación y compartir las lecciones aprendidas. Las fundaciones nacionales de mayor tamaño pueden desempeñar un papel de marcado de tendencias al apoyar la adopción de marcos comunes de seguimiento y evaluación en todo el sector. A través de la creación de capacidades, el aprendizaje entre pares y herramientas compartidas, pueden ayudar a organizaciones más pequeñas o más jóvenes a evaluar el impacto de manera más efectiva y promover una cultura de la filantropía con base empírica. En última instancia, unas prácticas de evaluación más sólidas pueden ayudar a identificar puntos ciegos, como los sectores con financiamiento insuficiente, y orientar inversiones filantrópicas más estratégicas.
Para donantes internacionales:
Fortalecer la colaboración con las fundaciones nacionales. Los donantes transfronterizos podrían mejorar su eficacia al asociarse con organizaciones locales, en particular en sectores con la misma prioridad como la educación y la salud, lo que también podría contribuir a consolidar el desarrollo con liderazgo local.
Diversificar el apoyo sectorial. Los donantes internacionales deberían coordinarse más estrechamente con los actores filantrópicos nacionales y los gobiernos locales para identificar los sectores que reciben un apoyo interno limitado, como la protección del medio ambiente, la salud reproductiva y el agua y el saneamiento, y concentrar su financiamiento en esas áreas. Al complementar en lugar de duplicar los esfuerzos nacionales, la filantropía internacional puede ayudar a abordar las necesidades no satisfechas y garantizar una distribución más equilibrada de los recursos para el desarrollo en México.