La posición fiscal de Perú se deterioró en 2024, con un déficit que aumentó a 3,5% del PIB. Este fue el segundo incumplimiento consecutivo de las metas de déficit bajo la regla fiscal (Gráfico 2). El marco fiscal de mediano plazo establece un techo de déficit de 1% del PIB, que no se ha cumplido desde 2014, con objetivos transitorios para orientar la convergencia que se revisan con frecuencia. Tras el fuerte aumento del déficit en 2020 por la pandemia, se produjo una consolidación gradual en 2021-2022, pero el desempeño fiscal volvió a deteriorarse en 2023, cuando los ingresos cayeron con la contracción económica y el gasto aumentó para enfrentar choques climáticos y conflictos sociales. En 2024, presiones salariales, apoyos repetidos a Petroperú y nuevas medidas de gasto sin ingresos adecuados debilitaron aún más la postura fiscal.
El gobierno prevé una consolidación gradual a mediano plazo para realinear el déficit con las reglas fiscales, pero las nuevas medidas de gasto y la erosión de la base tributaria sin medidas compensatorias afectan la credibilidad y viabilidad de la estrategia, y amenazan la sostenibilidad fiscal. Cumplir las metas fiscales en 2025 y 2026 requerirá medidas adicionales por alrededor de 0,4% del PIB, pese a mayores ingresos derivados de altos precios de metales. Esto podría lograrse mediante un mayor control de la planilla pública y la eliminación gradual de subsidios ineficientes al diésel y de gastos tributarios. Un compromiso más firme con la disciplina fiscal es necesario para proteger la reputación de Perú en la gestión macroeconómica, garantizar la sostenibilidad fiscal y evitar mayores costos de financiamiento y la pérdida del grado de inversión.
El sistema tributario peruano requiere una reforma profunda para recaudar más ingresos que financien las necesidades sociales, de infraestructura y de adaptación y mitigación climática, y a la vez asegurar la sostenibilidad fiscal. La recaudación tributaria fue de 17% del PIB en 2024, según la OCDE, muy por debajo de los promedios regionales y de la OCDE, debido a alta evasión, informalidad, excesiva dependencia de impuestos indirectos y una base estrecha. A corto plazo, los esfuerzos deben centrarse en fortalecer la administración tributaria y reducir gastos tributarios ineficientes. Simplificar el sistema del impuesto corporativo, unificando los regímenes de pequeñas y medianas empresas, también reduciría la evasión, fomentaría la formalización y elevaría la productividad. A mediano plazo, ampliar la base del impuesto a la renta de las personas y a la vez reducir las contribuciones sociales de los trabajadores de bajos ingresos mejoraría la recaudación y fortalecería los incentivos a la formalización. El incremento de la recaudación a través de los impuestos a la propiedad, selectivos y ambientales diversificaría la recaudación y haría el sistema más eficiente y equitativo. Esto debe acompañarse de reformas que impulsen el crecimiento de largo plazo, reforzando la sostenibilidad fiscal en el tiempo.
Debilidades en la planificación presupuestaria, la gestión de la inversión y contratación públicas y la gobernanza subnacional reducen la eficiencia del gasto público. Reducir las modificaciones presupuestarias durante el año y fortalecer la planificación multianual mejoraría la calidad del gasto. Priorizar la inversión sustentada en análisis costo-beneficio estandarizados es fundamental para aumentar el impacto de la inversión pública. La corrupción sigue siendo un obstáculo mayor para el progreso económico y social del país, al debilitar la eficacia del gobierno, distorsionar el gasto público y fomentar la criminalidad organizada. Es necesario reforzar la aplicación de las medidas anticorrupción y establecer un Sistema Nacional de Integridad y Transparencia para aplicar plenamente las políticas de integridad y reforzar la coordinación entre las instituciones encargadas de velar por su cumplimiento. Implementar la reforma del servicio civil y fortalecer la independencia del sistema judicial también son pasos necesarios para combatir la corrupción