En los siete países de América Latina objeto de este Estudio, las mujeres ocupan puestos relacionados con el comercio en menor medida que los hombres, tanto de forma directa como indirecta, y la brecha de género se ha mantenido sorprendentemente estática a lo largo del tiempo. En comparación con los hombres, las mujeres tienen hasta un 40% menos de probabilidades de ser contratadas para puestos que guardan relación con las exportaciones. Trabajan menos en puestos que producen bienes y servicios destinados a la exportación (empleo directo en el comercio) y también en puestos que producen bienes y servicios que se utilizan como insumos en las exportaciones (empleo indirecto en el comercio). Esto se debe en gran medida a la segregación ocupacional, pues las mujeres trabajan más en sectores menos relacionados con el comercio, como la sanidad, la educación, la Administración pública y «otros servicios», en su mayoría servicios personales de cara al público, como salones de belleza y cuidado de niños y ancianos. Dado que los puestos de trabajo relacionados con el comercio están mejor remunerados, son más productivos y tienen más probabilidades de pertenecer al sector formal que los empleos que producen bienes y servicios para el mercado nacional, la segregación ocupacional implica que las mujeres no se benefician de las ventajas y la mayor remuneración que ofrecen los empleos relacionados con el comercio. En particular, las mujeres con alta cualificación suelen trabajar en sectores menos relacionadas con el comercio.
Participar en el comercio internacional mejora los resultados de las empresas. Las mujeres tienen muchas menos probabilidades que los hombres de dirigir empresas y, cuando las dirigen, esas empresas tienen muchas menos probabilidades de participar en el comercio internacional. El 10% de las empresas dirigidas por mujeres participan en el comercio internacional de media en los siete países de América Latina examinados, frente al 14% de las empresas dirigidas por hombres. Tanto las empresas dirigidas por mujeres como aquellas lideradas por hombres en América Latina exportan menos que sus homólogas de la OCDE. Sin embargo, la brecha de género en la exportación en los países de América Latina es menor que en la OCDE, lo que indica que los menores niveles de exportación no solo afectan a las empresas encabezadas por mujeres.
Algunos de los retos a los que dicen enfrentarse las directivas de empresas ilustran la brecha de género en la exportación. El acceso a financiamiento es un reto bien conocido para las directivas de empresas: en particular, manifestaron que les resultaba más difícil obtener financiamiento para las actividades cotidianas que a sus homólogos masculinos. Al ser consultadas sobre los desafíos a los que se enfrentan en el contexto del comercio internacional, las mujeres empresarias tienden a mencionar con mayor frecuencia la falta de comprensión de los mercados extranjeros y la falta de acceso a Internet. Esta realidad podría representar una oportunidad para la implementación de políticas públicas orientadas a reducir la brecha de género en el acceso a la información, así como a promover la disponibilidad de servicios de banda ancha fija para hogares con todos los niveles de ingresos.
Utilizando un indicador indirecto de la economía informal creado para este Estudio, se constató que las empresas dirigidas por mujeres tienen más probabilidades de formar parte de la economía informal que las encabezadas por hombres. Además, las diferencias de género persisten en este contexto: las empresas dirigidas por hombres, ya sean formales o informales, muestran una mayor inclinación hacia la exportación que las lideradas por mujeres. Dado que los potenciales beneficios del comercio pueden constituir un incentivo para que las empresas se formalicen, podrían combinarse los programas que fomentan la formalización con iniciativas para promover la exportación y ayudar a las empresas en su inserción al mercado formal.
Las mujeres trabajan y dirigen empresas mayoritariamente en el sector servicios. Los obstáculos al comercio de servicios pueden incrementar el costo de esos servicios, repercutiendo así en la competitividad de las empresas ―dirigidas tanto por mujeres como por hombres― que se encuentran en la parte más baja de la cadena de valor.
Las empresas lideradas por mujeres tienden a ser más pequeñas que las dirigidas por hombres, lo que las hace más vulnerables a los procesos administrativos en la frontera, que a menudo resultan complicados, poco transparentes y prolongados. Aunque sus resultados en materia de facilitación del comercio siguen estando por debajo del promedio de las economías de la OCDE, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Perú superan los resultados promedio de la región de América Latina y el Caribe y también están a la par o por encima del promedio de otras regiones como Asia-Pacífico y Europa y Asia Central. El ámbito de las políticas de facilitación del comercio ha mejorado constantemente durante la última década en los siete países. Este progreso se refleja en una mayor eficiencia en los procesos fronterizos en muchos de los países examinados, con mejoras experimentadas por el sector privado en el despacho de aduanas que oscilan entre el 3% y el 20% desde 2017, cuando entró en vigor el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio de la OMC.
El comercio afecta a los consumidores al reducir los precios y aumentar la variedad de productos disponibles. En América Latina, como en el resto del mundo, los hogares con ingresos más bajos se benefician de forma desproporcionada de la reducción de los aranceles a la importación; de hecho, los hogares del decil de ingresos más bajo pierden el doble de poder adquisitivo que los hogares del decil de ingresos más alto debido a los aumentos de precios inducidos por los aranceles. En Costa Rica, el único país respecto del que se dispone de datos desglosados por género sobre gasto y renta de los hogares, existen algunas diferencias en los patrones de gasto de los hogares encabezados por mujeres y por hombres en bienes como el cuidado personal, artículos para el automóvil y suministro de agua. Sin embargo, estas diferencias son insignificantes en comparación con la influencia general de la renta.
Los países de América Latina se han adelantado a otras regiones en la incorporación de capítulos y disposiciones en materia el género en sus acuerdos comerciales desde 2016, año en el que el acuerdo comercial entre Chile y Uruguay se convirtió en el primero en incluir un capítulo sobre género. De los 87 acuerdos comerciales firmados por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Perú, 40 contienen disposiciones que aluden de manera explícitaal género. Todos los países incluidos en este Estudio se han adherido al Acuerdo Global sobre Comercio y Género (GTAGA), un acuerdo de cooperación que pretende promover un enfoque inclusivo del comercio internacional, eliminar los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres para acceder a las oportunidades comerciales y aumentar el número de mujeres empresarias en el sector comercio. El GTAGA es una iniciativa histórica, a la vez innovadora y exhaustiva en cuanto a su alcance, fuertemente orientada a mejorar el acceso de las mujeres a las oportunidades comerciales.
En la última sección de este Estudio presenta propuestas de reforma en materia de políticas públicas orientadas a promover una mayor igualdad de género en el ámbito del comercio. Estas propuestas incluyen una mayor inclusión de la perspectiva de género enlos acuerdos comerciales, mejoras de acceso a los mercados, apoyo a la formulación de políticas con enfoque de género, reformas para la facilitación del comercio, recomendaciones para las agencias de promoción del comercio y las redes profesionales, así como elfortalecimiento de la disponibilidad y uso de datos desagregados por género. Además, las políticas internas refuerzan la capacidad de las mujeres para participar en el comercio. Entre ellas figuran cambios en la legislación y políticas para reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres, proteger a los trabajadores del acoso sexual, incentivar la presentación de informes sobre el equilibrio de género en los consejos de administración y la alta dirección de las empresas, garantizar el acceso al financiamiento y reducir los costos de acceso a las redes y servicios digitales. También se incluye garantizar la posibilidad de conciliar la vida laboral y familiar, lo cual es menos accesible para las mujeres en un contexto de largas jornadas laborales y grandes diferencias de género en el trabajo no remunerado. Además, será necesario abordar el grave problema de la violencia de género para garantizar un entorno en el que las mujeres puedan prosperar en América Latina y aprovechar las oportunidades económicas, incluidas las que brinda el comercio.