Para que los países alcancen los ODS y hagan frente a los retos globales —como las desigualdades y el cambio climático, que afectan a los medios de vida— es fundamental que cuenten con la inversión privada, tanto nacional como extranjera. Las políticas públicas pueden ayudar a los países, incluidos los miembros de la OCDE, a movilizar más inversión para abordar los importantes déficits de financiamiento que existen en muchos países de cara a alcanzar los ODS.
La captación de inversión extranjera directa (IED) aporta a menudo el capital que tanto se necesita. Más allá de la cantidad de inversión, también importa su calidad, por ejemplo la contribución positiva que determinadas inversiones pueden tener sobre el bienestar, el empleo, la igualdad de género, la mitigación y adaptación al cambio climático, la innovación y las infraestructuras. Para reforzar esta contribución, es esencial un enfoque integrado que involucre al conjunto del gobierno y combine políticas e instituciones.
También es necesario tener en cuenta la resiliencia de las economías y los efectos de determinadas inversiones extranjeras en la seguridad nacional. Estas consideraciones a menudo se pasan por alto y pueden derivar en una excesiva dependencia de determinadas economías o empresas como fuentes de abastecimiento, por ejemplo, en sectores como la alimentación o la energía. La OCDE ayuda a los países a promover la inversión, incluida la IED, así como a gestionar los riesgos relacionados.