Los programas de promoción de la salud en el trabajo pueden reducir el gasto en salud, disminuir las bajas por enfermedad y el absentismo, y aumentar la productividad laboral, generando beneficios tanto para los empleadores como para los trabajadores. Las iniciativas públicas para promover la salud y el bienestar en el trabajo pueden potenciarse atrayendo inversiones en materia medioambiental, social y de gobernanza (factores ESG) hacia aquellas empresas que den prioridad a la salud y el bienestar de sus empleados.
Salud y trabajo
Las personas sanas tienen más probabilidades de estar empleadas, tener un buen trabajo y jubilarse más tarde, mientras que quienes tienen problemas de salud o alguna discapacidad tienen más probabilidades de perder su empleo y de tener dificultades para encontrar uno nuevo. Por lo tanto, los países deben tratar de potenciar las competencias y la empleabilidad de las personas de todas las edades que se enfrentan a problemas de salud, y ayudarles a encontrar y conservar buenos puestos de trabajo.
Mensajes clave
La salud mental no es solo una cuestión sanitaria, por lo que no se puede abordar con éxito solo a través del sistema de salud. Padecer estas afecciones dificulta seguir estudiando y tener un buen rendimiento escolar, hacer la transición a la educación superior o al mercado laboral, trabajar de manera eficaz y productiva, y conservar el empleo. Para cambiar esta situación es necesario adoptar políticas integradas que involucren conjuntamente a los distintos ámbitos relacionados, en particular las políticas de juventud, de empleo, de bienestar social y de salud.
El principal problema en materia de políticas de discapacidad es que las intervenciones llegan demasiado tarde, cuando el empleo deja de ser una opción o cuando ya se han desaprovechado las oportunidades de garantizar la igualdad de trato, el desarrollo equitativo de competencias y una transición equitativa al mercado laboral. La adopción de un enfoque que integre la perspectiva de la discapacidad y asuma la responsabilidad en este ámbito en todos los servicios e instituciones pertinentes —conocido como «integración de la perspectiva de la discapacidad»— contribuirá a impulsar unas intervenciones tempranas en todos los ámbitos.
Contexto
Índices de pobreza de las personas con discapacidad
A pesar de haber invertido durante años en políticas de discapacidad, la tasa de pobreza de las personas con discapacidad sigue siendo persistentemente elevada, e incluso ha aumentado, en la mayoría de los países de la OCDE. En 2019, en los países de la OCDE, el 24 % de las personas con discapacidad vivía en un hogar con ingresos muy bajos (por debajo del 60 % de la renta mediana), frente al 14 % de las personas sin discapacidad.
Esta gran brecha de pobreza se explica por las grandes diferencias en las tasas de empleo entre las personas con y sin discapacidad y por la insuficiente protección social de quienes no tienen trabajo. Las diferencias entre países en las tasas de pobreza son importantes, y muchos de los países con elevadas tasas generales de pobreza, como Corea y Estados Unidos, también presentan una gran brecha de pobreza entre las personas con discapacidad.
Tasas de desempleo de las personas con problemas de salud mental
En cada uno de los países de la OCDE, quienes declaran tener algún problema de salud mental tienen más probabilidades de estar desempleados que quienes no presentan dicha afección. En el conjunto de los países de la OCDE, la tasa de desempleo era, en promedio, un 85 % (o 7,7 puntos porcentuales) superior entre las personas que declaraban tener un problema de salud mental. Esta brecha presenta diferencias considerables entre los distintos países, con independencia del nivel general de desempleo. Pese a que el desempleo puede ser una situación muy difícil, esta brecha en las tasas de desempleo apunta a que las personas con peor salud mental buscan trabajo pero no lo encuentran, atraviesan con mayor frecuencia períodos de entrada y salida del mercado laboral, o experimentan ambas situaciones a la vez.
El efecto del entorno laboral
La calidad del empleo es un factor clave que influye en la salud y el bienestar de los trabajadores. Si bien tener un empleo de buena calidad suele proteger contra los problemas de salud, un entorno laboral agotador (en el que las exigencias laborales superen los recursos disponibles) puede tener un impacto negativo en la salud.
Alrededor del 40 % de los trabajadores que declararon tener un entorno laboral deficiente afirmaron que su trabajo tenía un impacto negativo en su salud. Esta cifra es más del doble de la proporción de trabajadores (15 %) que disfrutan de un buen entorno laboral.
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