Las tasas de suicidio se refieren a las muertes autoinducidas por una persona con pleno conocimiento o expectativa de su resultado fatal.
Las tasas se han estandarizado directamente por edad tomando como referencia la población de la OCDE de 2010, con el fin de eliminar las variaciones derivadas de las diferencias en la estructura por edad entre países y a lo largo del tiempo.
La comparabilidad de los datos entre países se ve afectada por diversos criterios de registro, entre ellos la forma en que se determina la intención de una persona de suicidarse, quién es responsable de emitir el certificado de defunción, si se realiza una investigación forense y las disposiciones sobre la confidencialidad de la causa de muerte. Por consiguiente, es necesario interpretar con cautela las variaciones entre países.
Este indicador se mide como muertes por cada 100 000 habitantes (total, hombres, mujeres).