Un mayor nivel de inversión es esencial para que los países del Caribe puedan aumentar su resiliencia, cerrar brechas en materia de infraestructura y lograr un crecimiento sostenible, según un nuevo informe1 del Centro de Desarrollo de la OCDE y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El informe Dinámicas de desarrollo del Caribe 2026 (Caribbean Development Dynamics 2026) señala que, si bien la región cuenta con abundantes recursos naturales, un importante capital humano y una buena integración en los mercados globales, enfrenta importantes limitaciones. El reducido tamaño de los mercados, la baja productividad y la creciente exposición a choques climáticos y externos debilitan las perspectivas de desarrollo a largo plazo.
Entre 2004 y 2024, los eventos extremos relacionados con el clima aumentaron un 84% en comparación con las dos décadas anteriores, lo que generó daños anuales promedio equivalentes al 2.13 % del PIB durante los últimos 40 años. El crecimiento potencial del PIB per cápita fue modesto, alcanzando un 1.4% en 2025, por debajo del de las economías avanzadas. La deuda pública sigue siendo relativamente alta a pesar de los esfuerzos de consolidación en distintos países, situándose en un promedio del 68.6% del PIB en 2024, es decir, 14.5 puntos porcentuales por encima del promedio de América Latina y 4 puntos por encima de los niveles de 2014.
En 2023, la inversión total en el Caribe promedió el 28% del PIB regional, por encima de los promedios de la OCDE (23%) y de América Latina (20.7%). Sin embargo, gran parte de esta inversión es de corto plazo o financiada externamente y no responde plenamente a las necesidades de desarrollo a largo plazo. El sector privado financia cerca del 80% de la inversión total regional, un nivel superior al promedio de América Latina, pero inferior al de la OCDE. La inversión pública en infraestructura estratégica es relativamente baja, con un promedio de poco más del 1% del PIB entre 2015 y 2021.
La inversión extranjera directa (IED) desempeña un papel fundamental en la región. Las entradas netas alcanzaron el 6.3% del PIB en 2024 (4.2% excluyendo Guyana), por encima del promedio de América Latina, concentrándose principalmente en servicios como el turismo, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y los servicios financieros. La IED puede ayudar a cerrar las brechas de inversión, apoyar áreas estratégicas como la transformación digital, las energías renovables y la diversificación de exportaciones, al tiempo que fomenta la creación de empleos de calidad.
Dinámicas de desarrollo del Caribe 2026 destaca tres prioridades para fortalecer la inversión en la región.
Enfocarse en la resiliencia y la sostenibilidad
Las inversiones en infraestructura resiliente y en sistemas de alerta temprana son esenciales para proteger los medios de vida y los logros del desarrollo regional. Las asociaciones público-privadas (APP) pueden ayudar a movilizar financiación privada, pero la inversión en APP se mantuvo por debajo del 1% del PIB entre 2010 y 2023. Fortalecer la preparación de proyectos y mejorar la evaluación de su desempeño es clave para ampliar el uso de APP en la región.
Las inversiones específicas en sectores donde la región muestra un alto potencial pueden desbloquear importantes oportunidades de desarrollo. Entre ellos se incluyen el turismo sostenible y las industrias creativas, las actividades que apoyan la transición energética, el transporte sostenible, la economía azul y circular, la agricultura sostenible y los sistemas alimentarios, así como la transformación digital y la inteligencia artificial.
Ampliar y diversificar las fuentes de financiación
Los ingresos fiscales en el Caribe promediaron el 20.7% del PIB en 2023, por debajo de los niveles de la OCDE y de América Latina. Mejorar la movilización de recursos internos y optimizar los incentivos fiscales puede fortalecer la sostenibilidad fiscal.
Al mismo tiempo, el informe presenta varios ejemplos exitosos del uso de instrumentos financieros innovadores en la región que pueden ser replicados por más países del Caribe: entre 2019 y 2024, el mercado internacional caribeño de bonos verdes, sociales, sostenibles, vinculados a la sostenibilidad y azules (GSSSB) alcanzó los 2.000 millones de dólares. Más allá de los bonos temáticos, los países del Caribe han sido pioneros en el desarrollo de herramientas innovadoras para acceder a financiación mientras fortalecen su resiliencia. Las Bahamas, Barbados y Belice han liderado los canjes de deuda por naturaleza, mientras que Granada y Barbados han encabezado el uso de cláusulas de deuda resilientes al clima. Además, Guyana y Las Bahamas han emitido créditos de carbono, y Jamaica activó un pago total bajo su bono para catástrofes tras el huracán Melissa en octubre de 2025.
Profundizar la integración regional y las asociaciones internacionales
Aprovechar el potencial de desarrollo del Caribe mediante más y mejores inversiones no es solo un desafío específico de cada país, sino también regional. La cooperación regional e internacional puede desempeñar un papel clave en la promoción de infraestructuras resilientes y la gestión del riesgo de desastres. También puede ayudar a movilizar inversiones mediante instrumentos de financiación innovadores compartidos y un mejor acceso a los fondos climáticos globales.
Las alianzas regionales e internacionales también pueden desempeñar un papel catalizador para atraer inversiones de calidad y ampliar el uso de APP, así como para fortalecer las instituciones y desarrollar capacidades estadísticas. La colaboración transfronteriza permite a los países compartir conocimientos, metodologías y beneficiarse de economías de escala en la producción de datos y la innovación. Por último, una mayor colaboración con bancos multilaterales, regionales y nacionales de desarrollo es esencial para ayudar a los países del Caribe a acceder a financiación y asistencia técnica para proyectos complejos.
1 El informe completo está disponible en inglés, o bien, puede consultar el resumen del informe en español.