América Latina y el Caribe (ALC) es una región que se caracteriza por profundos desafíos relacionados con la movilidad social y la desigualdad. A pesar de haber sacado a millones de la pobreza en las últimas décadas, ALC sigue siendo una de las regiones más desiguales del mundo según comparaciones internacionales. La desigualdad económica actúa como catalizador de las disparidades sociales, ya que las brechas de ingresos obstaculizan el acceso a recursos y servicios esenciales, particularmente a una educación de alta calidad. Esta falta de acceso, determinada por el origen socioeconómico, perpetúa las desigualdades existentes e impide la movilidad social intergeneracional.
Movilidad social y desigualdad en América Latina y el Caribe
Resumen Ejecutivo
Copiar enlace a Resumen EjecutivoBrechas en Calidad y Logro Educativo
Copiar enlace a Brechas en Calidad y Logro EducativoSi bien ALC ha logrado un éxito sustancial en la ampliación del acceso a la educación, alcanzando una cobertura primaria casi universal (97,1%), persisten desafíos significativos en niveles superiores. El abandono escolar es un problema mayor en la región, que afecta desproporcionadamente a los estudiantes cercanos al final de su escolaridad y a aquellos en el extremo inferior de la distribución de ingresos. En promedio, el 35% de las personas jóvenes no ha completado la educación secundaria antes de los 23 años. Además, la tasa bruta de finalización terciaria se sitúa en solo 25,1%, lo que coloca a la región 15 puntos porcentuales por debajo del promedio de la OCDE (40%).
Más allá del logro educativo, la calidad de la educación sigue siendo una preocupación importante. Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) 2022 revelan niveles bajos de aprendizaje fundamental en toda la región. En matemáticas, tres de cada cuatro estudiantes (75%) en ALC tienen un desempeño insuficiente, sin alcanzar el Nivel 2 de competencia mínima. Más de la mitad de los jóvenes de 15 años en la región tampoco cumplen con competencias básicas en lectura y ciencias. Preocupantemente, los puntajes promedio de los estudiantes con ventajas socioeconómicas en ALC están por debajo de los de los estudiantes con desventajas socioeconómicas en los países de la OCDE. Este bajo rendimiento generalizado, independientemente del estatus socioeconómico, refleja un problema sistémico de insuficiente calidad en los sistemas educativos, lo que socava su potencial para impulsar la productividad y la movilidad social.
Competencias en Adultos y Disparidades Económicas
Copiar enlace a Competencias en Adultos y Disparidades EconómicasLas deficiencias de competencias observadas en la juventud persisten en la adultez. El Programa para la Evaluación Internacional de Competencias de Adultos (PIAAC) de la OCDE revela que en los países de ALC participantes, más de la mitad de los adultos obtuvieron los niveles más bajos de competencia (Nivel 1 o inferior) en alfabetización. Además, muchos adultos carecen de competencias digitales básicas; la proporción de adultos que no superaron la prueba básica de competencias digitales o carecían de experiencia con computadoras osciló entre el 25,2% en Chile y el 43,6% en Perú.
Esta brecha de competencias está estrechamente vinculada a los resultados económicos. La fuerte influencia de la educación parental en la adquisición de competencias de los niños indica una persistente transmisión intergeneracional del estatus, con diferencias en la competencia en alfabetización relacionadas con la educación de los padres mucho mayores en países como Chile (51 puntos) y Perú (55 puntos) que el promedio de la OCDE. El bajo logro educativo y las competencias restringen frecuentemente a las personas a empleos de baja calidad en el sector informal, una situación que incrementa su riesgo de pobreza y afecta a dos tercios de los hogares en la región.
Aspiraciones, Formación Profesional e Inversión
Copiar enlace a Aspiraciones, Formación Profesional e InversiónLos datos de PISA destacan un desajuste significativo entre las ambiciones de los estudiantes y las realidades del mercado laboral. Las expectativas de los estudiantes de trabajar como gerentes senior o profesionales (categorías 1 y 2 de la Clasificación Internacional Uniforme de Ocupaciones, CIUO o ISCO) son seis veces o más superiores a la demanda real en la fuerza laboral de la región. Este desajuste está fuertemente asociado al origen socioeconómico: el 21% de los estudiantes de bajo estatus socioeconómico (SES) se clasifican como desalineados, frente al 8% de los estudiantes de alto SES.
La formación profesional estratégica y el aprendizaje a lo largo de la vida son esenciales para cerrar estas brechas. Sin embargo, la matrícula en programas de Formación Profesional y Educación (FP) de educación media superior en los países de ALC de la OCDE sigue por debajo del promedio de la OCDE. Además, la participación en el aprendizaje de adultos es notablemente baja, con el 63% de los adultos "descomprometidos" de la formación en países como México y Ecuador.
Este desafío sistémico se agrava por una inversión relativamente baja; los gobiernos latinoamericanos destinaron en promedio un 3,8% de su PIB a la educación en 2021, frente al 5% en los países de la OCDE. Crucialmente, ninguno de los países de la región ha superado el umbral acumulativo de gasto de USD 75.000 por estudiante, más allá del cual el gasto tiende a correlacionarse menos fuertemente con un mejor rendimiento en PISA.
Recomendaciones de Política
Copiar enlace a Recomendaciones de PolíticaPara fomentar un crecimiento inclusivo y abordar las desigualdades sistémicas, los gobiernos deben comprometerse con reformas de políticas efectivas centradas en la calidad, la equidad y la formación de competencias.
1. Aumentar y Mejorar la Inversión: Los gobiernos deben incrementar y dirigir estratégicamente el gasto educativo, priorizando resultados de calidad y equitativos. La reasignación eficiente de los recursos educativos existentes también es crucial, especialmente considerando que otros países con niveles de gasto similares o PIB comparable suelen superar a las naciones de ALC.
2. Priorizar Equidad y Calidad en la Educación Formal: Las políticas deben abordar las altas tasas de abandono, particularmente para estudiantes en riesgo, mediante la implementación de medidas preventivas y de reintegración dirigidas. Las barreras financieras a la educación terciaria deben eliminarse o reducirse a través de mecanismos efectivos de becas y préstamos estudiantiles para aumentar la participación de los sectores de bajos y medianos ingresos.
3. Fortalecer Trayectorias de Competencias: Los sistemas de FP deben reforzarse, asegurando que sean una opción atractiva para todos los aprendices e incluyan componentes sustanciales de Aprendizaje Basado en el Trabajo para facilitar la transición a la fuerza laboral.
4. Implementar Orientación Profesional Equitativa: Los sistemas de orientación deben proporcionar una sólida base de apoyo para todos los estudiantes, pero ofrecer una provisión más intensiva a los estudiantes de bajo SES, compensando las deficiencias familiares en capital social y cultural. Esto debe incluir experiencias directas del mundo laboral para ampliar sus opciones profesionales.
Al abordar las necesidades inmediatas y a largo plazo de educación de alta calidad y formación de competencias, América Latina y el Caribe puede mejorar sus sistemas educativos, fomentar un crecimiento inclusivo y construir una fuerza laboral productiva que beneficie a todos los ciudadanos.