El desarrollo de competencias en América del Sur es esencial para la productividad, la innovación y la inclusión social en un mundo en rápida transformación. Sin embargo, la región enfrenta desafíos persistentes, entre ellos desajustes y escasez de habilidades, importantes desigualdades en el acceso a una educación y formación de calidad, una baja participación en el aprendizaje a lo largo de la vida, una gran proporción de personas con bajos niveles de habilidades básicas y problemas persistentes en la gobernanza de los sistemas de competencias. Abordar estos desafíos requiere un enfoque estratégico y coordinado que trascienda políticas aisladas para fomentar el aprendizaje permanente y la resiliencia.
En este seminario web se lanzó oficialmente el proyecto “Hacia una Estrategia de Competencias para América del Sur”. Su objetivo es proporcionar una evaluación de alto nivel del desempeño de los sistemas de competencias en la región, con un énfasis en la educación y formación profesional (EFP), así como ofrecer recomendaciones de alto nivel, pertinentes para la región, que permitan mejorar dicho desempeño. El proyecto se estructura en torno a tres pilares clave: desarrollar competencias relevantes a lo largo de la vida, utilizar eficazmente las competencias en el lugar de trabajo y fortalecer la gobernanza de los sistemas de competencias.
El evento incluyó palabras de apertura, una presentación de la OCDE sobre el contexto regional y un panel de discusión con cuatro expertos de diversos ámbitos internacionales y regionales. Los parlantes compartieron perspectivas sobre cómo alinear los sistemas educativos con las cambiantes demandas del mercado laboral y con las realidades socioeconómicas específicas de América del Sur.
Entre las principales conclusiones del panel se destacan:
- Los sistemas de EFP dual, que combinan el aprendizaje en el aula con la experiencia práctica en el lugar de trabajo, constituyen una herramienta clave para aumentar la pertinencia de la formación profesional. Al conectar directamente a los estudiantes con las necesidades de la industria, estos sistemas facilitan transiciones más fluidas de la educación al empleo y mejoran la productividad general.
- El alto nivel de informalidad laboral en la región afecta a casi uno de cada dos trabajadores. Esto exige políticas de competencias proactivas. Los gobiernos y las partes interesadas deben ir más allde los formatos tradicionales para llegar a los grupos vulnerables, incluidos jóvenes, mujeres y migrantes, mediante programas adaptados territorialmente y apoyos financieros que consideren el costo de oportunidad de la formación.
- La flexibilidad educativa y la modularización son necesarias para seguir el ritmo de los rápidos cambios tecnológicos, como la inteligencia artificial y la transición ecológica. En lugar de programas estáticos y de largo plazo, los sistemas deberían ofrecer módulos adaptables que permitan a los trabajadores actualizar sus competencias de manera continua.
- Una gobernanza eficaz debe ser tripartita, involucrando a gobiernos, empleadores y trabajadores. Marcos institucionales sólidos e independientes proporcionan la continuidad necesaria para las políticas de competencias a lo largo de distintos ciclos políticos.
- Abordar las asimetrías de información mediante mejores datos es fundamental. Los organismos de gobernanza de competencias- como los consejos de competencias- pueden aportar los datos detallados necesarios, especificando dónde, cuándo y qué habilidades se demandan, para ayudar a los proveedores de formación y a los estudiantes a tomar decisiones informadas.
- Un enfoque territorial y con perspectiva de género es clave para reducir las brechas. Las políticas deben atender las necesidades específicas de las zonas rurales, al tiempo que promueven activamente la participación de las mujeres en sectores tradicionalmente dominados por hombres, como la minería y la tecnología.
El reconocimiento de aprendizajes previos (RAP) y los sistemas de certificación permiten visibilizar y validar las competencias adquiridas de manera informal. Promover un cambio cultural dentro de las empresas para reconocer y valorar estas habilidades es fundamental para empoderar a los trabajadores y responder a las necesidades de talento de la industria.
En los próximos meses, la OCDE llevará a cabo un análisis para evaluar el desempeño del modelo de competencias e identificar oportunidades de mejora. Luego, pondrá a prueba y refinará sus recomendaciones con funcionarios gubernamentales y partes interesadas, identificará buenas prácticas y concretará las orientaciones de política mediante consultas.