Las perspectivas de crecimiento económico se ven amenazadas en todo el mundo por la incertidumbre a corto plazo asociada a las tensiones geopolíticas y por retos a más largo plazo como el bajo crecimiento de la productividad, la débil inversión empresarial, el escaso dinamismo, la falta de competencias y el envejecimiento de la población. Según un nuevo informe de la OCDE, resulta urgente reavivar el impulso de las reformas adoptando medidas que reactiven los motores estructurales del crecimiento y aseguren la competitividad y resiliencia de las economías en un contexto global de rápida transformación.
La primera edición de Fundamentos para el Crecimiento y la Competitividad, que se presenta hoy en París, ofrece a los países una herramienta basada en datos empíricos para ayudarles a poner en marcha reformas estructurales que mejoren la productividad.
La nueva iniciativa de la OCDE identifica tres ámbitos prioritarios en los que acometer reformas estructurales: factores habilitantes ―como el capital humano, la gobernanza, las infraestructuras y la política macroeconómica―, incentivos de mercado y asignación eficiente de recursos ―en ámbitos como la fiscalidad, la regulación de los mercados de productos y de trabajo, el comercio y la inversión extranjera directa― y medidas específicas y sectoriales ―que favorezcan la innovación y la seguridad energética―.
Fundamentos para el Crecimiento y la Competitividad aporta datos sobre el desempeño en estos ámbitos de un total de 48 países y se nutre de una nueva base de datos de la OCDE que abarca múltiples indicadores de marcos de políticas estructurales que favorecen el crecimiento. Asimismo, incluye notas específicas que ofrecen a los responsables políticos y demás partes interesadas un análisis detallado sobre la situación de sus países, facilitando la identificación de los principales obstáculos al crecimiento y el diseño de paquetes de reformas coherentes, respaldados por datos y adaptados a las circunstancias de cada país.
«Es fundamental revertir la trayectoria descendente del crecimiento económico registrada durante las últimas tres décadas para asegurar y mantener unos avances significativos en los ingresos de los hogares y en los niveles de vida», ha afirmado Mathias Cormann, Secretario General de la OCDE. «Las prioridades son claras: mejorar el entorno empresarial, impulsar la innovación e invertir en competencias y empleo. Una aplicación eficaz de estas medidas impulsará el crecimiento y la competitividad, ayudará a amortiguar las presiones fiscales derivadas del envejecimiento de la población y permitirá a los países aprovechar plenamente el potencial de la inteligencia artificial y otras tecnologías transformadoras».
Las reformas estructurales favorables al crecimiento funcionan mejor cuando son integrales y refuerzan distintos ámbitos de políticas públicas. Para ello, es necesario crear unas condiciones sólidas y favorables, entre otras, un capital humano de calidad, unas instituciones robustas, una gobernanza eficaz, infraestructuras seguras y estabilidad macroeconómica.
En un contexto en el que la digitalización y la inteligencia artificial están transformando los procesos productivos y laborales, es importante dar respuesta a una demanda de competencias en rápida evolución para aprovechar el potencial de estas tecnologías. Uno de los principales obstáculos para la adopción productiva de la IA es la escasez de trabajadores con las competencias adecuadas. El análisis de la OCDE sugiere que la IA podría aumentar el crecimiento anual de la productividad laboral en los países de la OCDE entre un 0.7% y un 1.2% anual durante la próxima década, dependiendo de la velocidad de su adopción. La agenda en materia de competencias debe centrarse en adaptar los planes de estudios de la educación académica y de la formación profesional, al tiempo que se amplía el acceso al aprendizaje permanente y se refuerzan los vínculos entre las universidades y el mercado laboral.
Los mercados deben funcionar de manera eficiente para garantizar que la mano de obra y el capital se destinen a sus usos más productivos. La eliminación de obstáculos excesivos a la creación de empresas y al crecimiento de las que prosperan, junto con la reforma de regulaciones restrictivas en los mercados de productos y de los sistemas de insolvencia ineficientes, reforzaría el dinamismo empresarial y aceleraría la reasignación del capital y la mano de obra.
Para mejorar la movilidad laboral y el empleo, y hacer frente a los impactos económicos, sociales y fiscales del envejecimiento de la población, es fundamental reducir las barreras a la participación —sobre todo para las mujeres, los trabajadores de más edad y otros colectivos infrarrepresentados—, reforzando los incentivos para trabajar más horas y ampliando el acceso a servicios asequibles de cuidado infantil. La adopción de unas políticas de vivienda que faciliten la movilidad y unos sistemas tributarios que amplíen la base impositiva al tiempo que limiten las distorsiones podrá mejorar aún más la eficiencia en la asignación de recursos.
Con las condiciones adecuadas, los gobiernos pueden implantar con mayor eficacia sus estrategias económicas. La aplicación de intervenciones bien diseñadas —en ámbitos como las políticas de innovación, la seguridad energética y la transición hacia energías verdes— puede abordar las deficiencias del mercado y alinear el crecimiento con los objetivos sociales a largo plazo. Al combinar las ayudas públicas a la investigación y el desarrollo con un capital humano sólido y unos mercados competitivos se podrían impulsar aún más las mejoras en la productividad. Por último, la adopción de reformas en el mercado energético que reduzcan las barreras de entrada y fomenten la inversión en energías renovables y la eficiencia reforzarían tanto la resiliencia como la competitividad.
«No se trata de promover la desregulación sin más», ha afirmado Stefano Scarpetta, Economista Jefe de la OCDE. «El objetivo de las reformas regulatorias debe ser garantizar que la competencia, la apertura y la movilidad impulsen la innovación y el espíritu emprendedor. La transformación digital y la inteligencia artificial ofrecen nuevas oportunidades pero, para aprovechar su pleno potencial, se requieren reformas coherentes, basadas en datos y bien secuenciadas. Los países pueden reactivar el crecimiento de la productividad, mejorar su competitividad y garantizar una mejora sostenida de los niveles de vida de las generaciones futuras».
Haga clic aquí para obtener más información sobre la iniciativa Fundamentos para el Crecimiento y la Competitividad, incluidas las Notas País y la nueva base de datos (este enlace puede utilizarse en artículos de prensa).
Las consultas de los medios de comunicación deben dirigirse a Lawrence Speer de la Oficina de Medios de la OCDE (+33 1 45 24 97 00).
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