La Economía Española en el Contexto Global y Europeo: Análisis y Recomendaciones desde la OCDE

 

Intervención de Angel Gurría, Secretario General OCDE

Madrid, 29 Noviembre 2012

(Versión para su distribución)


Estimado Ministro, Sr. Zaplana, Señoras y Señores:

Es un placer participar en este ciclo organizado por el Club Siglo XXI sobre cómo salir de la crisis, y compartir con ustedes nuestro análisis y recomendaciones desde la OCDE. Como saben, esta mañana tuvimos ocasión de presentar con el Ministro de Guindos nuestro informe económico sobre España que, además de analizar la situación económica, aborda en profundidad tres temas de especial relevancia para el país: el sistema bancario, la consolidación fiscal  y el desempleo, especialmente entre los jóvenes.

Antes de entrar de lleno en el caso español, estoy seguro de que encontrarán de interés que les presente algunas pinceladas sobre nuestro análisis de la situación económica global y de la eurozona en particular, dado que anteayer presentamos en París nuestras perspectivas actualizadas para los países OCDE y las principales economías emergentes.

Perspectivas Económicas Globales


Lamentablemente, las perspectivas económicas globales se han deteriorado desde nuestro anterior Outlook de finales de mayo. El crecimiento se ha desacelerado, sumiendo a la eurozona en recesión y afectando incluso a los emergentes. Proyectamos una débil recuperación para  la economía global en los próximos años, con ritmos desiguales:

 

  • Europa no saldrá de la recesión hasta bien entrado el 2013: estimamos una caída del PIB del -0.4% en 2012 y del -0.1% en 2013, y el retorno a un crecimiento moderado alrededor del 1.3% del PIB in 2014.
  • El dinamismo será mayor en Estados Unidos (por encima del 2% en 2012 y 2013, y cercano al 3% en 2014) y Japón, pero todavía por debajo del potencial.
  • Por último, las economías emergentes se recuperarán más rápidamente, pero sin alcanzar las tasas de la pasada década. Este mayor ritmo de recuperación se debe no sólo al dinamismo de esas economías, sino también al mayor margen de maniobra macroeconómica del que disponen.


No obstante, en nuestro Outlook destacamos que aún persisten importantes riesgos que podrían derivar en lo que llamamos “downside scenario”—esto es, un panorama incluso peor:

  • El principal de estos riesgos radica en la no resolución de los problemas de la eurozona, a la que me referiré en más detalle en un momento.
  • El llamado precipicio fiscal también podría sumir en recesión a la economía norteamericana, de no ser resuelto.
  • Los elevados niveles de desempleo en las economías avanzadas podrían minar aún más la confianza y redundar en una mayor desaceleración.
  • La transición de los emergentes hacia un modelo basado en la demanda interna tampoco estará exenta de obstáculos, que bien podrían frenar el ritmo de crecimiento de estas locomotoras de la economía global.
  • Y por último, la inestabilidad geopolítica que observamos entraña importantes riesgos para el comercio global y las cadenas de suministro. En especial, la situación en Oriente Medio puede tener un efecto al alza en el precio del crudo—ya de por sí elevado—que obstaculizaría la recuperación.


No obstante, permítanme decirles que vemos también margen de esperanza. Si la Casa Blanca y el Capitolio se ponen de acuerdo para evitar el precipicio fiscal—como parece probable—y lo hacen en el marco de un programa más amplio de sostenibilidad de las fianzas públicas, se generará confianza y la reactivación de la demanda podría ser mayor de lo esperado. De hecho, hay ya algunos signos de que el proceso de desapalancamiento de  los hogares norteamericanos podría estar más avanzado de lo que creíamos.

La euro zona, principal campo de batalla


Centrándome en la eurozona, desde la OCDE creemos que lo que ocurra en las próximas semanas y meses será fundamental no sólo para el futuro de la economía española—íntimamente ligada a Europa a través del euro y el mercado común—sino para la economía mundial. La desaceleración global podría prolongarse si en Europa no se alcanzan acuerdos y no se toman medidas firmes, en especial en materia de unión bancaria y resolución del problema de la deuda soberana.

Más allá de la rápida puesta en marcha de las medidas ya acordadas y del avance en las propuestas hechas por el Presidente del Consejo, la zona euro tiene que corregir sus desequilibrios internos. Pese a que el balance por cuenta corriente viene mostrando una cierta convergencia desde el inicio de la crisis, esta corrección podría ser más nominal que real, consecuencia del ajuste en la demanda en los países más golpeados.

La corrección estructural de estos desequilibrios pasa por la mejora de la competitividad, especialmente en aquellos países en los que ésta se ha estancado. Si bien el crecimiento medio de la productividad en la eurozona durante la última década ha sido inferior al 1% anual—por debajo del promedio de la OCDE, Japón y Estados Unidos—esta cifra enmascara importantes diferencias que se hallan en la raíz de los desequilibrios comerciales y de cuenta corriente acumulados en la eurozona desde su creación, y que son clave para entender la crisis actual.

Desde la OCDE estimamos que el crecimiento de la productividad laboral de la eurozona  será bajo, aumentando un 1.6%  anual de aquí a 2025—un desempeño próximo al promedio registrado en las dos últimas décadas. Esto tiene importantes implicaciones para el potencial de crecimiento de los países europeos, pues debido al envejecimiento de la población el incremento de productividad es primordial para compensar la disminución de la población en edad de trabajar.

A mediano plazo, esto conducirá a la desaceleración del crecimiento del PIB potencial en comparación con las décadas anteriores a menos que la productividad aumente más rápidamente. Y es así como llegamos a proyecciones a largo plazo como las que presentamos hace unas semanas, con el peso de la zona euro en el PIB mundial bajando del 17% actual al 12% en 2030, y al 9% en 2060.

Nuestra principal esperanza es que la respuesta a la crisis sea “Más Europa”, y se siga profundizando sin dilación en la integración comunitaria. También confiamos en que las importantes reformas estructurales que se están introduciendo ayuden a doblar la esquina antes de lo esperado y permitan restaurar la competitividad. Nuestro análisis estima que el efecto positivo de algunas medidas podría comenzar a manifestarse en el corto plazo.

Pero para mantener el impulso reformista, los gobierno europeos deben explicar adecuadamente a la opinión pública por qué se están introduciendo estas reformas y cuál será su beneficio a largo plazo. También es fundamental contener cualquier impacto social adverso en el corto plazo, y en especial un aumento de las desigualdades. En este sentido, medidas como el retraso en la edad de jubilación, la mejora de la eficiencia de los servicios públicos o ciertos ajustes tributarios—que mencionaré a continuación—permiten continuar el esfuerzo de consolidación fiscal al tiempo que se promueve la equidad y el crecimiento.

España: prioridades inmediatas


La economía española no es ajena a estas dinámicas. De hecho, España es uno de los principales exponentes de la necesidad de “renovarse o morir”. El impacto de la crisis aquí ha sido más pronunciado y persistente que en la mayoría de economías de la OCDE como consecuencia del colapso del sector inmobiliario, el elevado desempleo y el rápido deterioro del déficit público, que ha disparado la deuda en poco tiempo.

La perspectiva de una pronta recuperación es remota dado que el proceso de desapalancamiento continúa y sigue lastrando la creación de actividad y de empleo.  Esimamos que la contracción será del -1.3% en 2012 y del -1.4% en 2013, y sólo pasaremos a crecimiento positivo en 2014, con una tasa del 0.5%.

Esto quiere decir que muchas de las reformas que se están acometiendo—y las que quedan por hacer—no son una opción, sino una urgente necesidad. Esta mañana junto al Ministro Guindos, hemos presentado las principales recomendaciones de la OCDE para restaurar la confianza, generar crecimiento y crear empleo. Permítanme compartirlas con ustedes.

En primer lugar, estimamos urgente atajar lo antes posible las dudas que siguen rodeando a la solidez y solvencia del sistema financiero. Las incertidumbres que pesan sobre el sector bancario están encareciendo la financiación soberana y creando un círculo vicioso con la resolución del problema de la deuda pública. La estabilización del sistema financiero permitirá también que el crédito y la inversión vuelvan a fluir para generar actividad.

Nuestras recomendaciones en este terreno llaman a una rápida resolución ordenada de los bancos no viables y a la recapitalización de los bancos viables en situación de necesidad, dotando a la nueva Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) de todo el soporte necesario para sanear los balances de las entidades. También apoyamos que las potenciales pérdidas del sector inmobiliario no las soporte únicamente el contribuyente, así como una reforma de los procedimientos de quiebra.

Y por supuesto, creemos que la solución final del problema en Europa pasa por la introducción de una regulación bancaria a nivel comunitario y la recapitalización directa de los bancos.

El segundo aspecto que destacamos en nuestro informe es la restauración de la confianza en la sostenibilidad de las finanzas públicas. Hemos instado al gobierno a aplicar de manera decidida la reforma ya aprobada del marco fiscal, y creemos firmemente que el celo en el cumplimiento de los objetivos de déficit en todos los niveles de la administración manda una señal de confianza a los mercados.

No obstante, estimamos que el cumplimiento del objetivo de déficit debe adaptarse a la evolución de los indicadores. Si la actividad se desacelera más de lo esperado, vemos razonable revisar las metas y los tiempos, y permitir que los estabilizadores automáticos operen en el corto plazo.

Para evitar mayores recortes del gasto que podrían frenar la recuperación y para proteger el acceso a servicios de sanidad y educación, vemos margen de maniobra por el lado de los ingresos. Creemos que se podría reducir la carga fiscal de los impuestos al trabajo, compensando con subidas en los impuestos indirectos—en especial determinados tipos de IVA—a los bienes inmuebles—gravando la  propiedad más que las transacciones—y aumentando los impuestos medioambientales—cuya recaudación como porcentaje del PIB es todavía muy inferior a la media comunitaria. También se podría aumentar la imposición a los grupos de mayor ingreso.

El tercer aspecto que aborda nuestro informe es el déficit estructural del mercado laboral español. La destrucción y escasa creación de empleo es el gran drama social de esta crisis,  y sólo saldremos de ella cuando reduzcamos la alarmante tasa de paro, que como saben afecta ya a uno de cada cuatro españoles en edad de trabajar y a más de la mitad de los jóvenes económicamente activos.

Desde la OCDE apoyamos la última reforma laboral porque responde a algunas de las debilidades estructurales más importantes, pero creemos que todavía hay que hacer más hincapié en solucionar de una vez por toda los problemas de fondo del mercado laboral español: dualidad, rigidez y falta de acceso de los jóvenes.

Para atajar la dualidad y la temporalidad, proponemos una paulatina implantación de un modelo de contrato único, que preserve derechos y garantías al tiempo que flexibilice las condiciones de contratación y despido. También creemos necesario eliminar la extensión legal de los convenios sectoriales cuando no hay acuerdo con los sindicatos, pues inhibe la motivación para alcanzar acuerdos a nivel de empresa.

Estas medidas pueden ayudar a dinamizar el mercado laboral en general, pero beneficiarían en especial al empleo juvenil, que es el más afectado por la precariedad, temporalidad y la falta de oportunidades. En este sentido, es importante mejorar la calidad, gestión e incentivos de los servicios públicos de colocación, sobre todo de apoyo en la búsqueda de un primer empleo. También apostamos por mejorar el acceso a la educación post-obligatoria, así como la calidad de la formación profesional (FP) y sus vínculos con el mundo laboral y con la educación secundaria y superior.

España: prioridades a más largo plazo


Estas medidas que acabo de describir sólo suponen el primer paso. No se trata sólo de salir de la crisis, sino de aprovechar la oportunidad que ésta presenta para superar el modelo económico del pasado. Para ello, hay que implantar las reformas estructurales que permitan modernizar y diversificar el tejido productivo, elevando el potencial de crecimiento y responder a los retos y demandas de la economía global.

El gobierno está ejecutando un valiente programa de reformas estructurales que nos ponen en el buen camino, pero que sólo desplegarán todo su potencial de manera gradual. Junto con la profundización de la reforma del mercado laboral, hay que seguir eliminando trabas a la actividad emprendedora y aumentar la competencia en los mercados de productos.

Y por supuesto, apostar por la educación, la innovación y el crecimiento verde, que son los principales motores de la economía del mañana. Los estudiantes españoles de 15 años que evaluamos en el informe PISA, por ejemplo, puntúan por debajo de la media de los países de la OCDE, en especial en comprensión lectora. Y muchos investigadores y brillantes universitarios deben abandonar el país ante la falta de empleo y oportunidades.

La respuesta pasa por mejorar la calidad de la enseñanza, atrayendo a la docencia a parte de los mejores graduados y actualizando los currículos para formar en las competencias que demanda la realidad laboral. También hay que apostar por sectores que creen mayor valor agregado para el resto de la economía, como industrias verdes y energías renovables en las que España ya es puntera. La inversión en I+D+i y la mejora en la gestión y transferencia de tecnología a lo largo del tejido productivo, además de generar riqueza, permitiría aumentar el índice de  retención de titulados de calidad.

Señoras y señores,

Permítanme resumir el principal mensaje de esta intervención en una frase: sólo saldremos de la crisis si empezamos a aplicar desde ya las políticas que nos encaminan al modelo económico que queremos para la España del futuro. Desde la OCDE queremos lanzar un mensaje de confianza porque sabemos que que se está haciendo lo que había que hacer.

Finalmente, habría que poner en perspectiva y y valorar las enormes potencialidades de la economía española: multinacionales líderes; exportaciones en auge; jóvenes bien formados; uno de los principales idiomas del planeta; una marca-país con gran tirón; un sistema social solidario y cohesionado; y, en conjunto, una de las historias de desarrollo socio-económico y político más exitosas del último cuarto de siglo.

Ésa es nuestra plataforma de despegue. El futuro inmediato será difícil, pero si se persevera en el proceso de reformas estaremos avanzando hacia un crecimiento sostenido en el mediano y largo plazo.

La OCDE cree en España y está al servicio de España. Cuenten con nosotros.

Muchas gracias.

 

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Official visit to Spain (29 November 2012)

The Spanish Economy in the Global and European Context: Analysis and Recommendations from the OECD

 

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