Discurso del Secretario general de la OCDE al foro "Cinco Días"

 

Discurso de Angel Gurría, Secretario General de la OCDE


22 de febrero de 2010, Madrid, España, 
 
Señoras y señores,

Es un placer para mí estar de nuevo en Madrid y participar en este evento organizado por Cinco Días, sin duda una referencia en la prensa económica española. Agradezco esta oportunidad de compartir con ustedes nuestra visión sobre la situación económica actual y los desafíos que tenemos ante nosotros.

 

La situación europea preocupa a los mercados

 

Hemos atravesado la peor crisis financiera y económica de nuestra existencia. Podemos decir que lo peor ha quedado atrás. Gran parte de las economías han comenzado a recuperar su crecimiento. Sin embargo, ahora enfrentamos desafíos muy delicados.

La recuperación económica comienza a extenderse por los países de la OCDE, pero es demasiado modesta para detener el alza continua del desempleo. Aunque el crecimiento medio en los países de la Unión Europea mantuvo un signo positivo, su ritmo disminuyó en el tramo final del pasado año. También preocupan seriamente el déficit presupuestario y la deuda pública, que han aumentan de modo significativo en varias economías de la zona euro. 

En semejante coyuntura, los países de la Unión han enviado un claro mensaje político de solidaridad y manifestado su voluntad de emprender acciones coordinadas. Pero hace falta más. Hay que adoptar estrategias claras y creíbles para recortar el déficit y reanudar el crecimiento, una estrategia que mande una señal fuerte a los mercados y contribuya a restaurar la confianza; todo en el momento oportuno (Referencia al buen timing estímulo: como decimos en México “más vale que sobre que falte”).

La economía española, por supuesto, también encara estos desafíos, al igual que otros derivados de su estructura y su modelo de crecimiento más reciente. Son, como digo, tiempos difíciles, pero los retos también traen consigo oportunidades para el cambio. La conocida aseveración de que “sería terrible desperdiciar una crisis” tiene más sentido que nunca hoy en día, y muy especialmente en el caso español. 

1. Primero las buenas noticias

Permítanme comenzar reconociendo el valor y la determinación del gobierno español, que desde el inicio de este año ha anunciado importantes medidas para atajar la situación. El plan de austeridad de 50 mil millones de Euros (en cuatro años) constituye un paso significativo para alcanzar el objetivo de un déficit presupuestario del 3% en 2013.

La OCDE valora positivamente las medidas destinadas a reestructurar la economía y apostar por la innovación y el desarrollo de la alta tecnología, el fomento de la inversión y la recuperación de la productividad. Los proyectos de reformas sociales y del mercado laboral que actualmente se discuten son más necesarios que nunca.

La economía española posee dos ventajas importantes que pueden y deben ayudarle a salir de la ralentización: 1) por un lado, un sector financiero que mantiene una buena salud en términos generales, a diferencia de otros países; y 2) por otra parte, una notable expansión de la educación superior en los últimos 25 años que ofrece un potencial extraordinario de cara a construir el bienestar económico del futuro.

2. Enfrentar los desafíos económicos clave

Sin embargo, hay desafíos importantes que requieren soluciones inmediatas. Buena parte de la situación que observamos se debe a tres problemas de fondo:

• Primero, la economía española  se ve amenazada por una pérdida de competitividad en los últimos 10 años. 

• Segundo, y paralelamente, la productividad de la mano de obra ha crecido muy modestamente en esta década.

• Y tercero, a todo esto hay que añadirle el acuciante problema del paro, con un nivel de  desempleo que alcanza ya al 19% de la población activa y pone a España a la cola de Europa en este frente.

El desempleo entre los jóvenes supera el 40%. Piensen que estamos hablando de que cerca de la mitad de las nuevas generaciones que intenta acceder al mercado laboral no encuentra trabajo.  El riesgo de la temida “generación perdida” es muy real en España y requiere una atención particular para contrarrestarlo.

Además, una tasa de desempleo elevada impone un coste tremendo a la seguridad social y una carga financiera enorme tanto para el presupuesto del estado como para la sociedad en general.

Por estas razones, la reforma del mercado laboral es y debe seguir siendo una de las prioridades fundamentales en la agenda de reforma de este país. Nuestros análisis sugieren que España podría beneficiarse considerablemente si enfrenta los siguientes desafíos:

En primer lugar, el mercado laboral español debe ser más dinámico. En el momento en que se consolide la recuperación, la relajación de las prestaciones excesivamente proteccionistas de las que disfrutan los trabajadores fijos podría generar el impulso necesario para  crear más empleo y reducir la dualidad que caracteriza al mercado laboral español. Hoy la excesiva protección de los empleos existentes conspira contra la contratación de nuevo personal.

La pérdida de puestos de trabajo en España tiene que ver también con el sistema de salarios, que se adaptan muy lentamente a los cambios en las condiciones de las empresas. La negociación salarial colectiva debería ser más sensible a las situaciones particulares de las empresas y permitir a que se ajusten a los cambios de la economía por la vía de los salarios, más que por medio de la reducción de empleos. Esto se podría conseguir mediante la facilitación de la no participación obligatoria de  empresas individuales en acuerdos salariales colectivos. En este sentido, los acuerdos recientes entre empresarios y sindicatos van en la buena dirección.

La otra área con amplio margen de mejora es el servicio público de empleo para el apoyo a los desempleados, sobre todo a los jóvenes. Por ejemplo, en vez de optar por las subvenciones a la contratación se podría considerar privilegiar una política integral de activación de empleo, incluyendo asesoría más personalizada y eficaz, y un seguimiento, para apoyar los esfuerzos de búsqueda de empleo.

Al mismo tiempo se requieren incentivos a los jóvenes para que continúen su formación escolar, lo cual retrasaría su entrada en el mercado laboral y les proporcionaría las aptitudes necesarias para competir por los puestos de trabajo. Hoy por hoy, el 30% de los estudiantes deja sus  estudios sin obtener el certificado de primer ciclo de educación secundaria.

Entre los esfuerzos actualmente en marcha, quisiéramos destacar el plan para hacer la educación profesional más atractiva y fomentar la iniciativa empresarial, incluido en el Proyecto de Ley para una Economía Sostenible. Para consolidarse como una economía del conocimiento, España debe invertir más en cerebros y menos en ladrillos. La OCDE está  a su disposición para cooperar y compartir experiencias en éste y otros ámbitos de la educación. Justo en unas horas, firmaremos un acuerdo con algunas de las principales universidades españolas para ofrecer programas de formación de estudiantes españoles en la OCDE.

3. Enfrentar la crisis del mercado inmobiliario

Además de las reformas del mercado laboral, España se beneficiaría mucho de un ajuste más rápido del mercado inmobiliario. Los sectores de la vivienda y la construcción fueron los más afectados por la crisis. Se calcula que las viviendas nuevas sin vender suman entre 600.000 y 1 millón de unidades, un número equivalente al que se construiría en 2 ó 3 años en un período normal de actividad.

La reducción planificada de los apoyos fiscales para las viviendas ocupadas por sus propietarios, por ejemplo, es un paso positivo. Estas medidas podrían dinamizar el mercado de alquiler y fomentar una mayor movilidad que, a su vez, contribuya al propio ajuste del mercado laboral.

Además, cabe determinar la mejor forma de prestar apoyo público a la vivienda social. Existe una gigantesca demanda acumulada de vivienda entre los jóvenes españoles, que a menudo viven con sus padres, así como entre gente de escasos recursos que vive en condiciones precarias. Actualmente, el gobierno financia la construcción de viviendas sociales y se construyen alrededor de 80.000 unidades al año, que se suman al excedente existente. En su lugar, se podría canalizar el apoyo público a financiar ayudas al pago del alquiler de las unidades ya existentes, en especial entre aquellas familias que necesitan una casa y no se la pueden permitir.

La financiación del acceso a la vivienda, también plantea otros desafíos. El Informe de Estabilidad Financiera más reciente del Banco de España confirma que el conjunto del sector bancario resistirá las presiones desencadenadas por la crisis del mercado inmobiliario. Pero en especial las cajas deberán obtener el capital suficiente para poder consolidar su buena salud financiera y reanudar los préstamos inmobiliarios. En este sentido, creemos que las actuales restricciones legales de las cajas para obtener financiación y en materia de fusiones deberían revisarse.

4. Reconstruir las finanzas públicas

Por último, quisiera abordar la salud de las finanzas públicas, que, junto a la vivienda y al desempleo, es otro de los principales retos al que se enfrenta España al iniciar 2010.

La pérdida de ingresos fiscales, el incremento de los subsidios de desempleo y los paquetes de estímulo económico han disparado el déficit presupuestario, que se calcula en un 11,4% para 2009. A esto se añade la deuda de las empresas y las familias, así como la caída de la construcción, constituyen un lastre para la recuperación. Algunos factores que contribuyeron en el pasado a tirar de la actividad económica e impulsaron buenos resultados fiscales, perderán vigor debido a la desaceleración actual: los flujos de inmigración disminuyen, el potencial para una mayor participación laboral de la mujer se ha reducido y el crecimiento del crédito ha llegado a su límite.

Estos son problemas importantes, pero no insuperables. En el caso de España no hay motivos para cuestionar la solvencia financiera del gobierno. En comparación con otros países de la OCDE y de la UE, el peso de la deuda es todavía moderado (un 55 % del PIB en 2009), la presión fiscal modesta y el sector financiero es solvente: el Estado español no tuvo que gastar dinero en ayudas a la banca. Dicho esto sí se deben adoptar medidas para detener el rápido incremento de la deuda pública y garantizar su sostenibilidad a largo plazo, combinando la consolidación de las finanzas públicas y las reformas estructurales. 

¿Cómo conseguir este objetivo sin frenar la necesaria restauración del crecimiento? Seamos claros: la consolidación fiscal requiere aumentar el ingreso y recortar el gasto. La cuestión estriba en qué impuestos subir y qué gastos recortar. Las subidas de impuestos serían menos perjudiciales para el crecimiento si se centrasen en los bienes y el consumo, en vez de en los ingresos. También se podría recurrir a los “ingresos verdes”, derivados de los “ecoimpuestos” y del comercio de carbono. En materia de gasto, se debería privilegiar aquellos programas que favorecen el crecimiento, en particular el desarrollo de capital humano, de la innovación y de la inversión.

El gobierno está en proceso de considerar reformas en el sistema público de pensiones. Dichas reformas, que la OCDE lleva recomendando desde hace tiempo, son muy positivas a largo plazo, sin afectar negativamente el crecimiento a corto plazo. Las reformas que refuerzan los incentivos para que los individuos trabajen más años producen un doble beneficio: contribuyen a una consolidación fiscal a largo plazo y, al mismo tiempo, elevan el potencial de crecimiento de la economía.

Señoras y señores,

España debe y puede superar estos importantes desafíos. Se requiere liderazgo y acción. Ya se han tomado medidas importantes y necesarias. Hay que mantener ese rumbo en el futuro. Cuenten con la OCDE. Aprovechemos la oportunidad que nos brinda esta crisis, y trabajemos juntos para desarrollar un nuevo modelo económico más fuerte, más limpio y más justo.

 

Muchas gracias.

 

 

 

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