Mexico

Conferencia Magistral sobre ¨El Futuro de la Productividad¨ - Una Productividad de Todos y Para Todos

 

Palabras de Ángel Gurría, Secretario General, OCDE

Ciudad de México, México

6 de junio de 2015

(As prepared for delivery)

 

Amigos:

 

Bienvenidos a este primer Diálogo Global sobre el Futuro de la Productividad. Me da mucho gusto poder lanzar esta iniciativa, en colaboración con el Gobierno de México y con la participación del Secretario de Hacienda de nuestro país, Luis Videgaray, así como de Enrique Iglesias, una de las personas que más ha luchado por mejorar la productividad de América Latina.

 

Ya llevamos siete años de crisis: la peor crisis económica de nuestras vidas. Muchas de nuestras economías siguen padeciendo los legados de esta crisis: crecimiento mediocre, altos niveles de desempleo, bajos niveles de comercio e inversión, difícil acceso al crédito, crecientes desigualdades y una drástica erosión de la confianza.

 

Durante estos años difíciles, el crecimiento de la productividad se ha desacelerado, avivando los temores de que estamos  entrando en una era de crecimiento mediocre y con baja creación de empleo. Uno de los desafíos más importantes al que se enfrentan nuestros países es qué y cómo hacer para reactivar la productividad,  principal factor de crecimiento en el largo plazo. Ese es precisamente el enfoque del trabajo que hoy estamos lanzando, titulado El Futuro de la Productividad.

 

Una nueva productividad

 

Pero, ¿de qué productividad estamos hablando? Hoy queremos proponer una productividad que signifique “trabajar de forma más inteligente”, no necesariamente “de manera más intensa”. Estamos hablando de cómo producir mejor, y no solamente de cómo producir más.

 

Productividad como motor del crecimiento pero también como instrumento de inclusión, que permita seguir prosperando y reduciendo significativamente el desempleo, la pobreza y las desigualdades. Se trata de elevar la producción invirtiendo en el conocimiento y en las habilidades y destrezas, mejorando la organización de los factores de producción gracias a nuevas ideas, a innovaciones tecnológicas y a nuevos modelos de negocio.

 

Innovaciones históricas como la imprenta, la máquina de vapor, la electricidad, el teléfono, el sistema de producción industrial y ahora el Internet han ocasionado cambios radicales en el modo de producir y comerciar bienes y servicios, e incluso en la forma de consumir. Estas innovaciones han transformado el mundo, mejorando nuestras economías y los niveles de vida. Sin embargo, no todas las naciones han seguido el mismo camino y no todas las personas se han beneficiado de estos adelantos. Es por eso que hoy existen diferencias importantes en los ingresos per cápita entre países; es por eso que hoy tenemos niveles tan altos de desigualdad, que en buena medida reflejan diferencias en materia de productividad.

 

El aumento de la productividad “amplía el tamaño del pastel” y mejora su calidad. Pero este incremento de la productividad no siempre se traduce en una distribución más equitativa de las porciones. Una mayor productividad es una condición necesaria, pero no suficiente, para elevar el nivel de vida de nuestras sociedades.Si bien durante gran parte del siglo XX las ganancias en productividad y empleo fueron de la mano, esta relación fundamental se ha roto en años recientes.

 

Para que la productividad y la innovación puedan generar beneficios compartidos, será fundamental invertir en competencias que complementen el cambio tecnológico. Será también crucial ofrecer una red de seguridad que permita la participación de todos en estos sistemas.

 

Contribuir a un desarrollo que ofrezca oportunidades para todos y cuyos beneficios se repartan de manera más homogénea entre la sociedad es precisamente el objetivo de la iniciativa de Crecimiento Incluyente de la OCDE, la cual busca ir más allá del crecimiento económico y de la distribución del ingreso para buscar avances en todos los aspectos de la vida que influyen en el bienestar, como la educación, la salud y el trabajo. El aumento de la productividad es esencial para lograr este Crecimiento Incluyente.

 

En las próximas décadas, a pesar del dinamismo de las economías emergentes, el crecimiento mundial se verá afectado por el envejecimiento demográfico y, en muchas economías, por el estancamiento tanto de los logros educativos como de la tasa de participación laboral. La productividad será entonces el principal motor del crecimiento futuro.

 

El futuro de la productividad

 

Las políticas para aumentar y democratizar la productividad son ahora más necesarias que nunca para aspirar a una nueva etapa de prosperidad. Potenciar aún más la productividad es esencial para compensar el efecto de las presiones demográficas sobre los presupuestos públicos, para superar la trampa de los ingresos medios que padecen muchas economías emergentes y para iniciar una nueva era de eficiencia que disminuya drásticamente nuestro impacto sobre el medio ambiente. Las sociedades más productivas no sólo registran un mayor crecimiento y crean más empleo, sino que también disfrutan de un mejor nivel de vida.

 

Las perspectivas sobre el futuro de la productividad son muy diversas y objeto de intenso debate. La inversión, que es el fundamento de la innovación y la adopción de tecnologías, ha dado muestras de debilidad desde el inicio de la crisis. De hecho, los flujos globales de inversión extranjera directa en 2014 estuvieron 40% por debajo de los niveles de 2007.

 

Hay quienes sostienen –los más pesimistas– que todos los ¨frutos maduros¨ ya han sido recogidos, que la revolución de las tecnologías de la información ya ha aportado todos sus beneficios, y que las ventajas de otros desarrollos tecnológicos, tales como la biotecnología y los procesos de fabricación altamente automatizados, envuelven grandes incertidumbres. Otros –más optimistas– aseguran que esta revolución continúa a buen ritmo, acompañada de cambios drásticos en la forma de producir que harán posible una nueva oleada de ganancias de productividad.

 

Nuestro trabajo aborda estos asuntos desde un punto de vista novedoso. El nuevo informe de la OCDE sobre “El Futuro de la Productividad, que hoy presentamos, muestra que las empresas más productivas a nivel mundial han seguido registrando un sólido desempeño en el siglo XXI. La fortaleza de las empresas de vanguardia proviene de su capacidad de ¨innovación¨, revelando la importancia de invertir en I+D e introducir innovaciones tecnológicas. Pero también es crucial desarrollar nuevas formas de integrar el capital humano, tecnológico y organizacional en procesos productivos, a lo largo de las cadenas mundiales de valor, aprovechando el potencial que ofrece la digitalización para divulgar y reproducir las ideas de forma inmediata.

 

La clave está en la difusión

 

Como sugiere nuestro estudio,la fuente principal de desaceleración de la productividad no es tanto una disminución en el ritmo de innovación, sino una desaceleración del ritmo al cual las innovaciones se difunden por toda la economía. Si bien no nos estamos quedando sin tecnologías o sin ideas, la brecha entre las empresas de más alta productividad y las demás ha ido ampliándose.

 

El reciente estudio de la OCDE sobre “El Futuro de la Productividad” muestra que en lo que ha transcurrido del siglo XXI la productividad de las empresas industriales de vanguardia aumentó un 3% anual más que la productividad de las otras empresas del mismo sector. Esta brecha  la aumenta al 5% en el sector servicios, donde las empresas registran niveles más bajos de competencia y productividad, así como regulaciones mas estrictas. El crecimiento futuro dependerá en gran medida de que se reactive la máquina de difusión en cada uno de los  ámbitos nacionales, un factor que estimuló la convergencia de la productividad entre países durante gran parte del siglo XX.

 

Esto es fundamental para países como México, considerando que su proceso de convergencia con Estados Unidos en materia de productividad laboral se ha detenido en las últimas décadas. Este es otro de los motivos por los que las recientes reformas estructurales que la administración del Presidente Peña Nieto ha venido impulsando son tan importantes.

 

Reactivar la maquinaria de difusión de la innovación fomentará asimismo un crecimiento más incluyente. La ampliación de la desigualdad salarial refleja una creciente dispersión de los salarios medios en las empresas. Elevar la productividad de las empresas más rezagadas, a través de una mejor difusión de la tecnología y del conocimiento, contribuirá a contener el aumento de la desigualdad salarial. Esta difusión disminuiría también los costos de producción, y potenciaría la calidad y variedad de los insumos y servicios necesarios, elevando con ello los ingresos reales y facilitando el acceso a una mejor educación y a mejorar los servicios de salud.

 

Avanzar en este sentido requerirá de grandes esfuerzos y reformas. Para promover la difusión de la productividad vamos a tener que enfrentar estructuras, inercias, culturas fuertemente establecidas. Se trata de un desafío enorme, especialmente en el sector servicios. Esta cuestión deberá cobrar más importancia conforme se incremente el peso de los servicios en la economía.

 

De lo contrario, la eficiencia de  las cadenas de valor mundiales podría verse obstaculizada, ya que algunos servicios como logística, finanzas, servicios a empresas y comunicaciones son parte esencial de los engranes de la globalización.

 

¿Qué tenemos que hacer para promover la innovación y la difusión del conocimiento, y  lograr un crecimiento más incluyente?

 

  1. En primer lugar, tenemos que continuar ensanchando las fronteras de la innovación mundial. Esto requiere reforzar significativamente la inversión pública en investigación a fin de respaldar la aparición continua de innovaciones de punta –tales como el Internet y el GPS – que tuvieron su origen en la investigación pública. Los gobiernos desempeñan una función crucial para llevar a cabo la investigación básica, que sirva como fundamento para la actividad innovadora de las empresas.
      
  2. En segundo lugar, hay que crear las condiciones para aumentar la inversión en I+D. En los países de la OCDE se observa una tendencia inquietante que consiste en que gobiernos, universidades y empresas están invirtiendo menos en investigación básica (que es la «I» de la I+D). Hay que revertir esta tendencia si pretendemos mantener en marcha el motor de la innovación. Tomando en cuenta las restricciones en el entorno fiscal, será más fácil conseguirlo si los países comparten algunos de los costos y riesgos de la investigación básica a través de una colaboración más estrecha, como la que se ha concretado en la Estación Espacial Internacional o en el acelerador de partículas del CERN.
      
  3. Tercero, promover la experimentación con nuevos modelos de negocio y tecnologías transformadoras. Puesto que la innovación opera con un mecanismo de prueba y error, los fracasos son una oportunidad de aprendizaje y relanzamiento, y no el final del juego. En consecuencia, el marco normativo debe permitir que las empresas prosperen y tengan éxito y, al mismo tiempo, hacer posible que salgan del mercado en caso de dificultad, a fin de que puedan liberarse los recursos escasos que sustentarán el crecimiento de las primeras.

 

Y cuarto, diseñar e implementar un toolkit, una caja de herramientas,de políticas específicas para la difusión del conocimiento y la productividad, que incluya regulaciones y medidas eficaces para:
 

  • Fomentar la competencia en los mercados de bienes y servicios, en especial en el sector servicios, ofreciendo incentivos a las empresas para invertir y adoptar nuevas tecnologías y prácticas empresariales.
     
  • Facilitar una colaboración más estrecha entre empresas y universidades, que haga posible que el conocimiento fluya hacia las empresas rezagadas.
     
  • Promover  inversiones en infraestructuras públicas, educación y competencias que complementen las nuevas tecnologías. Esto implica reconocer que las infraestructuras no consisten tan sólo en carreteras, puertos, aeropuertos, puentes y ferrocarriles, sino también, y cada vez más, en infraestructuras de carácter digital y basadas en el conocimiento.

 

Esto me lleva a uno de los puntos fundamentales que quisiera destacar en mi presentación: la importancia de invertir en el talento humano.

 

Mejorar el capital humano

 

Nuestro estudio resalta la importancia de impulsar políticas que refuercen las competencias y mejoren la asignación del talento humano. En concreto, se percibe un enorme potencial para reforzar la productividad y reducir la desigualdad simplemente promoviendo mejor asignación de las destrezas y habilidades de la fuerza de trabajo. En algunas economías, más del 25% de los trabajadores señalan un desfase entre sus competencias y las que requieren para desarrollar su trabajo. Un mejor aprovechamiento de las destrezas en los países en donde dicho desfase es muy elevado –como España– podría elevar la productividad laboral hasta en un 10%.

 

Resulta también fundamental invertir en educación y en formación continua con miras a garantizar que los trabajadores estén capacitados para adquirir nuevas competencias, aprovechar al máximo la digitalización y adaptarse a los cambios tecnológicos y de condiciones de trabajo. Como siempre decimos en la OCDE: habilidades y destrezas, habilidades y destrezas, habilidades y destrezas. Esta es la clave en la economía del conocimiento en la que vivimos.

 

Con estas consideraciones en mente, cabe preguntarse, ¿qué papel desempeñan las organizaciones internacionales, como la OCDE, en todo esto?

 

El papel de la OCDE

 

La OCDE lleva muchos años a la vanguardia de los estudios sobre productividad. En efecto, una de las primeras decisiones de la OECE, que gestionó el Plan Marshall, consistió en establecer un Comité para la Productividad y la Investigación Aplicada. Desempeñamos un liderazgo intelectual asesorando a gobiernos sobre las políticas destinadas a fomentar la innovación de vanguardia y a promover la difusión de la productividad para asegurar un crecimiento inclusivo.

 

Asimismo, hemos estado en primera línea en la medición de la productividad, que siempre fue una tarea compleja en el caso de los servicios, pero que ahora resulta más complicada por la aparición de nuevas tecnologías digitales, del big data y del auge de las economías del intercambio y del trabajo por cuenta propia.

 

Por todas estas razones, la OCDE puede apoyarlos a todos ustedes a lograr un crecimiento de la productividad sólido y más incluyente. Este Diálogo Global sobre Productividad es el primer paso para constituir un Foro Mundial sobre Productividad que aglutine y respalde a los responsables de formular políticas en la materia. Dicho Foro permitirá una mayor colaboración en el análisis de la productividad y un intercambio más efectivo de buenas prácticas entre países.

 

También permitirá no solo aprovechar las experiencias existentes en beneficio de todas las naciones sino también ayudará a mejorar el diseño de las instituciones que buscan promover una mayor productividad.

 

Señor Secretario, Señoras y Señores:

 

El futuro de la productividad va a definir el futuro del mundo. Es hora de lanzar una nueva ola de productividad, basada en un nuevo concepto de productividad incluyente, compartida, responsable del medio ambiente. Una productividad impulsada por tecnologías y conocimientos que alcancen a las pequeñas y medianas empresas, y por habilidades y destrezas que doten a la fuerza de trabajo de herramientas para hacer frente y beneficiarse de la era digital; impulsada por sistemas nacionales de innovación abierta en la que los gobiernos sean motores, difusores y también beneficiarios de la investigación y desarrollo.

 

La única manera de impulsar estos cambios es a través del aprendizaje mutuo y la cooperación internacional, y es justo esto lo que hoy estamos construyendo, con el lanzamiento de este Foro Mundial sobre Productividad. Esperamos sus mejores ideas, sus propuestas más innovadoras, para acceder, juntos, a un futuro en el que la productividad, se convierta en el motor del crecimiento vigoroso, incluyente y sustentable que merecen nuestros pueblos.

 

Muchas gracias.