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Mexico

Servir a la sociedad: Mejores políticas para una vida mejor - Ceremonia de entrega del Premio Isidro Fabela por la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales

 

Palabras de Angel Gurría

Secretario General, OCDE

17 de octubre de 2015

Cancún, México

(Versión para su distribución)

 

 

Distinguidos Miembros del Consejo de Honor de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales, Dr. Modesto Seara Vázquez, Rector de la Universidad Tecnológica de la Mixteca, Estimados Profesores y Estudiantes, Señoras y Señores:

 

Es un honor recibir el Premio Isidro Fabela, que lleva el nombre de aquel ilustre diplomático y pensador mexicano que, junto con Alfonso Reyes y otros colegas del Ateneo de la Juventud, contribuyó a dar forma al pensamiento y a la diplomacia de México.

 

Quiero agradecer a la Universidad Tecnológica de la Mixteca y a la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales por haberme honrado con este reconocimiento, en el marco de este Vigésimo Noveno Congreso Anual de la AMEI, donde se han abordado temas clave sobre la gobernabilidad internacional. Es además una gran satisfacción que venga justificado por mi contribución a las relaciones internacionales y a la cooperación internacional, dos ámbitos que han guiado mi vida profesional y mi vocación de servicio público.

 

 

La vocación de servicio público

 

Desde muy joven tuve claro que quería dedicarme al servicio público. Descubrí que la economía era uno de los mejores instrumentos para entender los retos a los que se enfrentan nuestras sociedades: cómo crear riqueza mediante el mejor uso de recursos escasos; cómo distribuirla de manera justa; cómo trascender los indicadores y garantizar que los números se traduzcan en una mejora de las condiciones de vida de nuestros ciudadanos; cómo combatir la pobreza y la desigualdad, asegurando que todo individuo tenga al alcance de su mano las oportunidades para desarrollar todo su potencial. Éstas son las cuestiones que verdaderamente importan y que he aprendido a valorar a lo largo de mi carrera.

 

Desde muy temprano también comprendí la enorme, y en aquellas épocas creciente, importancia de las relaciones internacionales. Entendí que el desarrollo de México inevitablemente pasaría por la apertura al mundo y la integración a la economía global. Y poco a poco mi carrera profesional fue gravitando hacia el escenario internacional, desde mis estudios de posgrado en la Universidad de Leeds, en el norte de Inglaterra, hasta mi designación, todavía muy joven, papel como representante de México ante la Organización Internacional del Café (OIC) y mis primeras incursiones en temas económicos y financieros internacionales en la Comisión Federal de Electricidad, Nacional Financiera y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

 

Durante los setentas y los ochentas, me tocó vivir en primera línea el tremendo reto de la crisis de deuda que enfrentó nuestro país. Esta experiencia me enseñó que no había desarrollo posible sin orden macroeconómico y un manejo adecuado y prudente de las finanzas públicas.

 

A lo largo de los años sucesivos —primero con el Plan Baker, y luego con el Plan Brady— logramos salir del atolladero después de interminables negociaciones. En ese tiempo aprendí a sentarme en una mesa sabiendo que la solución pasa por entender bien los límites, los riesgos y las sensibilidades de la contraparte, y que en una negociación se puede perder todo si uno quiere ganarlo todo. Los modelos y modalidades que creamos entonces sirvieron para aplicarles a todos los países sobre endeudados y hoy siguen siendo utilizados.

 

Más adelante, en los años 90, después de dirigir Bancomext y Nafinsa, tuve el enorme honor de servir a México como miembro del Gabinete del Secretario de Estado con el Presidente Zedillo, una etapa en la que América Latina y México vivieron un período extraordinario de consolidación democrática y apertura internacional. Como Secretario de Relaciones Exteriores primero, y de Hacienda y Crédito Público después, me alegra haber contribuido a esa apertura de la economía mexicana y a su proceso de modernización. Me tocó entregar la Secretaría de Hacienda al primer gobierno de la oposición en la historia moderna de México, con una economía creciendo al 7% y, por primera vez en una generación, sin crisis económica transexenal. El “blindaje” que montamos funcionó; y hoy el término que acuñamos entonces es sinónimo de prudencia y estabilidad.

 

Me tocó encabezar el equipo de transición del gobierno saliente. Fue fascinante ver la consolidación de la democracia mexicana en la primera alternancia en el poder presidencial entre diferentes partidos en más de 70 años. El papel del Presidente Zedillo fue crucial en esta transición.

 

 

Mi contribución a la cooperación multilateral al frente de la OCDE

 

El siguiente gran paso en mi desarrollo profesional fue mi llegada a la OCDE, a la que me incorporé como Secretario General en el año 2006. Esta experiencia me ha permitido vivir esa otra dimensión del servicio público que supone dirigir un organismo multilateral.

 

Como se ha discutido en las distintas sesiones de este Congreso, vivimos en un mundo cada vez más globalizado e interdependiente. En este contexto, el papel de la OCDE como foro multilateral en el que los países se reúnen para compartir las mejores prácticas y diseñar estándares internacionales es crucial. A diferencia de otras organizaciones internacionales, la OCDE no provee recursos financieros. Nuestra misión es: mejores políticas para una vida mejor. Se trata de fortalecer las políticas públicas para mejorar las oportunidades de miles de millones de personas, y lo hacemos a partir de la experiencia compartida: qué funciona y qué no, cómo, dónde y en qué circunstancias, siempre basados en la evidencia y el rigor científico. Somos un “do tank”, o como dijo la Presidente Bachelet “la casa de las mejores prácticas”.

 

La especialización de la OCDE en temas estructurales nos sitúa en un lugar privilegiado para aportar nuestra capacidad multidisciplinaria a enfrentar los grandes desafíos de nuestras sociedades en materia económica, social, medioambiental y de buen gobierno. Por ello trabajamos en áreas clave como la mejora de la educación, la salud, la creación de empleo, la ayuda al desarrollo, la gestión de los flujos migratorios, la lucha contra el cambio climático y el combate contra los paraísos fiscales, por dar sólo algunos ejemplos.  

 

La OCDE hoy juega un papel clave como apoyo a las presidencias sucesivas del G20, en donde estamos constantemente contribuyendo el debate y el diseño de soluciones para la reforma del sector financiero, el financiamiento a las inversiones, el comercio internacional, el crecimiento sustentable. Apoyamos sus trabajos en materia de empleo, equidad de género, anti-corrupción, impuestos. Precisamente, junto con el G20, diseñamos un paquete de medidas y políticas para hacer que las empresas transnacionales paguen impuestos, el llamado BEPS (Base Erosion and Profit Shifting) mismo que acabo de entregar a los Ministros de Finanzas del G20 en Lima. Este trabajo complementa nuestros esfuerzos en el Intercambio Automático de Información Financiera en Materia Fiscal, otra de las aportaciones de la OCDE a una economía global más transparente, más justa, más eficiente.

 

También hemos incrementado significativamente nuestro apoyo al G7 en un abanico muy amplio de temas, desde el gobierno corporativo hasta la cooperación con África, de la lucha contra la corrupción y el cohecho hasta el fortalecimiento del sistema bancario, del crecimiento verde a la reducción de la pobreza y el mejoramiento de la ayuda al desarrollo, por mencionar algunos ejemplos.

 

Nuestra participación en foros y esquemas de integración regional también ha crecido. Nuestra colaboración con APEC en temas como mejora regulatoria, financiamiento al riesgo de desastres naturales, o la internacionalización de las pequeñas y medianas empresas, nos ha ganado un lugar en sus reuniones ministeriales y ahora en la Cumbre de este mecanismo. También estamos apoyando cada vez más los trabajos de la Alianza del Pacífico en materia de integración comercial, inversión, PYMES, gobierno corporativo, aportando las mejores prácticas internacionales y asistencia técnica para avanzar en sus objetivos primordiales. Así como hemos jugado y estaremos jugando un papel clave en la promoción del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (el TPP).

 

El trabajo de la OCDE en materia de Cadenas de Valor Mundiales y Comercio en Valor Añadido está ayudando a los países a rediseñar sus políticas comerciales y de integración con base en una nueva métrica de los flujos mundiales de comercio e inversión.

 

Estas son iniciativas que estamos impulsando constantemente con un número creciente de países, a través de una colaboración cada vez más estrecha entre países desarrollados y economías emergentes y en vías de desarrollo. Este año ha sido y está siendo emblemático de esta cooperación. La OCDE ha sido un contribuyente activo en la construcción y aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y jugaremos un papel crucial en la implementación de los 17 Objetivos y las 169 Metas y cientos de medidas; fungiendo como el GPS que necesitaremos para hacer estos objetivos realidad y terminar con la pobreza extrema.

 

También estamos jugando un papel activo en la lucha contra el cambio climático, haciendo aportaciones concretas a los trabajos de la COP21, en particular en la ingeniería del financiamiento de los esfuerzos de mitigación y adaptación. En los pasados  dos años he impartido un sinnúmero de conferencia y cátedras magistrales proponiendo instrumentos y políticas para reducir nuestras emisiones a cero en la segunda mitad del siglo XXI. Estamos convencidos de que crecimiento y medio ambiente pueden ser objetivos paralelos, compatibles, que se fortalecen mutuamente.

 

Y por supuesto también estamos ayudando a los países a enfrentar la crisis migratoria internacional, un área en la que la OCDE ha estado trabajando durante décadas. Estamos aportando el análisis objetivo para comprender mejor y abordar mejor este desafío, documentando y comparando las aportaciones de los migrantes al crecimiento económico, la sostenibilidad fiscal y la innovación. En un artículo reciente que publique en diversos medios internacionales, titulado “No Debemos Tener Miedo”, expliqué como, de acuerdo a la evidencia de la OCDE, los inmigrantes tienden a pagar más en impuestos y contribuciones a la seguridad social de lo que reciben en beneficios individuales. La OCDE también está ayudando a los países receptores a mejorar sus políticas de integración. El trabajo en esta materia es y ha sido una de mis prioridades más altas como Secretario General de esta Organización. 

  

A lo largo de estos años,  he intentado promover una OCDE más abierta y adaptada a las necesidades de nuestro tiempo, con el impacto y la relevancia en las políticas públicas como principal motor y razón de ser. Estos casi 10 primeros años al frente de la OCDE me han hecho más consciente del enorme potencial del ser humano cuando trabajamos juntos en pro de un objetivo común, por encima de nuestras diferencias. También me han permitido constatar, de primera mano, que un multilateralismo efectivo y funcional requiere trascender nuestros intereses nacionales y reconocer nuestra responsabilidad hacia la sociedad y el planeta que compartimos.

 

En la OCDE, creemos firmemente en la necesidad de poner al ser humano en el centro de nuestras políticas. Por eso una de las principales iniciativas que he impulsado —bajo el nombre New Approaches to Economic Challenges (Nuevos Enfoques ante los Retos Económicos)— aspira a revisar y mejorar nuestro pensamiento económico y nuestro marco teórico-práctico. El objetivo es enriquecer nuestro análisis reconociendo que el propósito último de la actividad económica y de las políticas públicas es promover el bienestar y hacer posible una vida mejor. También buscamos que todas las herramientas analíticas de la OCDE sirvan para apoyar el monitoreo y evaluación de los recién adoptados Objetivos de Desarrollo Sostenible y de los compromisos para mitigar el cambio climático que se discutirán en la COP21 de París en diciembre.

 

Y esta revisión crítica de nuestros conocimientos y teorías, de nuestras políticas, resulta fundamental en este momento por el que están pasando la economía internacional y las relaciones internacionales.

 

 

Un momento definitorio

 

Es un momento único, peligroso, pero prometedor; difícil pero al mismo tiempo fascinante por las posibilidades que ofrece. Un momento de grandes riesgos y grandes oportunidades.

 

Aunque las perspectivas económicas internacionales han mejorado respecto de los últimos años, la recuperación de la economía mundial sigue siendo débil y dispareja: el mayor dinamismo de la economía de Estados Unidos contrasta con la situación en Europa y, hasta cierto punto, también en Japón. Los emergentes desaceleran. El problema de fondo es que la crisis nos ha dejado legados muy pesados:

 

  • Primero, un crecimiento débil. Y es que los cuatro cilindros del motor económico están funcionando a medio gas: débil inversión, débil crédito, débil comercio y desaceleración de las grandes economías emergentes —que venían tirando del carro de la economía global.
     
  • Segundo, una crisis laboral y social de gran magnitud: 42 millones de personas siguen desempleadas en la OCDE, 10 millones más que en 2008, cuando la crisis comenzó a destruir empleos.
     
  • Tercero, un aumento de las desigualdades, que ya estaban creciendo antes de la crisis pero que se dispararon en los últimos años: sólo entre 2007 y 2010 la desigualdad aumentó más que durante los 12 años previos. Yo vengo argumentando que las desigualdades son el cocktail molotov de nuestra era, y atentan directamente contra la cohesión de nuestras sociedades.
     
  • Y por último, y no menos importante, la crisis nos deja una dramática  erosión de la confianza de los ciudadanos en las instituciones – no sólo políticas y de gobierno, sino también en las empresas, sistemas judiciales, sindicatos, organismos internacionales y un largo etcétera. La gente ha dejado de confiar en el sistema y en la capacidad del mismo para solucionar “mis” problemas.

 

Cuando me preguntan si soy optimista al enfrentar estos mega-desafíos en mi trabajo cotidiano, yo les digo que entre el optimismo y el pesimismo, escojo el activismo. Creo firmemente que pese a los importantes retos que enfrentamos estamos en una posición única para demostrar que podemos enfrentarlos con éxito.

 

Con frecuencia somos críticos con los mecanismos de cooperación internacional: otra cumbre sin resultados; otra falta de acuerdos; otro comunicado de prensa lleno de palabras y vacío de contenido. Pero lo cierto es que el grado de colaboración entre los gobiernos y entre los gobiernos y las organizaciones internacionales hoy no tiene parangón. La intensa colaboración entre la OCDE y México es un ejemplo fehaciente.

 

 

La colaboración OCDE-México: más fuerte que nunca…y creciendo

 

México se ha convertido en uno de los miembros más activos de la OCDE. Hemos trabajado con México a un ritmo vertiginoso para ayudar a este país a mejorar sus políticas públicas. Desde el principio le entramos de lleno al diagnóstico del sistema educativo, a la mejora regulatoria de estados y municipios, al fomento a la innovación, al fortalecimiento de la competencia, los procesos de compras públicas, el combate a la obesidad, por mencionar algunos ejemplos.

 

La OCDE se ha involucrado directamente ante las demandas de apoyo del Gobierno de México, especialmente desde la llegada del Presidente Peña Nieto, quien desde que era Presidente electo realizó una visita de medio día a la OCDE para discutir sus proyectos de reformas y dar su primer mensaje internacional. La Directora de mi Gabinete, Gabriela Ramos, mexicana distinguida, ha coordinado una muy dinámica colaboración con prácticamente todas las Secretarías de Estado del país. Esto nos dio la oportunidad de apoyar a México en el diseño e implementación del paquete de reformas estructurales más importante de nuestra historia reciente. Y en ello estamos.

 

El desafío fundamental para México consiste en asegurar que su enorme potencial no se diluya en el proceso de reglamentación y de implementación. Para ello va a ser necesario seguir promoviendo el fortalecimiento del estado de derecho, la modernización de las instituciones de justicia, las mejoras en la capacidad administrativa y regulatoria de todos los niveles de gobierno, la reducción de la informalidad y las desigualdades y el combate a la corrupción. La OCDE está comprometida con estos objetivos y seguirá contribuyendo con recomendaciones y mejores prácticas que permitan alcanzarlos.

 

Señoras y Señores, Queridos Amigos,

 

Sí es posible cambiar el mundo. Sí es posible mejorarlo. Yo soy testigo. He tenido la suerte de contribuir modestamente a ello a lo largo de mi carrera, y lo sigo haciendo desde la OCDE. Las buenas políticas públicas y la cooperación internacional pueden hacer esta magia. Espero que estas palabras hayan podido servir de estímulo y motivación a algunos de los estudiantes que hoy nos acompañan. No siempre se tiene éxito, pero siempre hay que intentarlo.

 

Quiero agradecerles nuevamente a todos ustedes su presencia, su hospitalidad y su cariño. Este Premio Isidro Fabela con el que hoy me honran no es sólo un reconocimiento personal, sino también para todas las personas e instituciones con las que he tenido el privilegio de trabajar a lo largo de estos años. Todos ellos me han permitido hacer realidad el sueño de aquel joven que quería dedicar su vida a mejorar las vidas de los demás.

 

¡Muchas gracias!

 

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