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Mexico

Ceremonia de Entrega del Doctorado Honoris Causa por la Universidad del Valle de México - Impulsando un crecimiento más incluyente en México

 

Palabras de Ángel Gurría,

Secretario General, OCDE

7 de enero de 2016

Ciudad de México, México

(Versión para su distribución)

 

 

Don Luis Durán, Don Bernardo González Aréchiga, Miembros del Consejo de Evaluación Académica de la UVM, distinguidos profesores y estudiantes, señoras y señores:

 

Es un alto honor recibir este Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Valle de México, una institución que ha contribuido a formar a jóvenes profesionistas mexicanos durante más de cinco décadas. Agradezco a toda la comunidad UVM por haberse interesado en mi trayectoria y por haberme honrado con este importante reconocimiento.

 

Quisiera aprovechar esta oportunidad para compartir con ustedes lo que para mí ha significado la vocación de servicio público, así como algunas de las experiencias que han marcado mi trayectoria profesional. Espero que en estas palabras ustedes perciban el entusiasmo, la convicción y la fe que necesitamos para cambiar y mejorar a México.

 

 

La vocación de servicio público

 

Desde muy joven tuve claro que quería dedicarme al servicio público. Desde la preparatoria y mis primeros modestos empleos, a través de mis estudios universitarios en la UNAM y el posgrado en la Universidad de Leeds, descubrí que la economía era uno de los mejores instrumentos para entender los retos que enfrentan nuestras sociedades: cómo crear riqueza mediante el mejor uso de recursos escasos; cómo distribuirla de manera justa; cómo combatir la pobreza y la desigualdad, asegurando que todo individuo tenga a su alcance las oportunidades para desarrollar todo su potencial.

 

Me fui abriendo camino en el gobierno de México, pasando por PEMEX, CFE, el D.F., Nafinsa, el Fonafe, el Inmecafe, hasta llegar a mi alma mater profesional, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

 

Ahí experimenté en primera línea el tremendo reto de la crisis de deuda que enfrentó nuestro país durante los setentas y los ochentas. Esto me enseñó que no había desarrollo posible sin orden macroeconómico y un manejo prudente de las finanzas públicas. A  lo largo de los años sucesivos —primero con el Plan Baker, y luego con el Plan Brady— logramos que México saliera del atolladero después de interminables negociaciones y dolorosos ajustes. Los modelos y modalidades que creamos entonces sirvieron para otros países sobreendeudados y hoy siguen siendo utilizados.  

 

Después dirigí tanto el Bancomext como la propia Nafinsa, lo que me permitió familiarizarme todavía más con la estructura productiva y financiera del país y sus enormes desafíos u carencias.

 

Más adelante, en los años 90, tuve el honor de servir a México como Secretario de Relaciones Exteriores y como Secretario de Hacienda y Crédito Público en el Gobierno del Presidente Zedillo. Fueron años en los que América Latina y México vivieron un período extraordinario de consolidación democrática y apertura internacional.

 

En la Cancillería, entre discursos sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares en la ONU y nuestros recurrentes conflictos con los Estados Unidos sobre comercio, migración y drogas, logramos promover el cambio constitucional que consagra la no pérdida de la nacionalidad mexicana en caso de adoptar otra ciudadanía, en beneficio de millones de mexicanos que hoy viven vidas más dignas y con plenos derechos, sobre todo en los Estados Unidos.

 

Recuerdo que entregué la Secretaría de Hacienda al primer gobierno de la oposición en la historia moderna de México, con una economía creciendo al 7% y, por primera vez en una generación, sin crisis económica transexenal. Fue fascinante ver la consolidación de la democracia mexicana en la primera alternancia en el poder presidencial entre diferentes partidos en más de 70 años. La historia deberá reconocer el enorme mérito de Ernesto Zedillo en esta transición fundamental de nuestro país hacia la modernidad.

 

Después de cinco anios de activa participación en varias instituciones internacionales no lucrativas (CGD, Population Council, CIGI, Interamerican Dialogue, etc.) y de algunas actividades remuneradas en el sector privado (Cita Samper), sobre todo en el exterior, volví a lo mío, volví a lo público.

 

El siguiente gran paso en mi desarrollo profesional fue mi llegada a la OCDE, a la que me incorporé como Secretario General en 2006. A diferencia de otras organizaciones internacionales, la OCDE no provee recursos financieros. Nuestra misión consiste en fortalecer las políticas públicas para mejorar las oportunidades de miles de millones de personas, y lo hacemos a partir de la experiencia compartida: qué funciona y qué no, cómo, dónde y en qué circunstancias, siempre basados en la evidencia.

 

A lo largo de estos años, he trabajado intensamente para transformar a la OCDE en una organización internacional más relevante, más incluyente, de mayor impacto e influencia. Logramos acelerar la capacidad de reacción de la OCDE para apoyar a sus países miembros en sus esfuerzos para enfrentar la crisis. Al mismo tiempo, hemos desarrollado nuestra capacidad de análisis y asistencia técnica para ayudar a los gobiernos a enfrentar desafíos estructurales de largo plazo. Una de mis prioridades más altas ha sido incrementar la sensibilidad de la OCDE a los retos de los países en desarrollo.

 

También he tenido la oportunidad de lanzar iniciativas para modernizar el pensamiento económico de la OCDE, como la iniciativa de Nuevos Enfoques frente a los Desafíos Económicos (NAEC) y la Estrategia de Crecimiento Incluyente.

 

Hemos logrado incrementar la presencia de la OCDE en los principales esquemas de gobernabilidad internacional, como el G7 y el G20, y la colaboración con otros organismos internacionales. Y hemos incrementado la relevancia política de la OCDE como el lugar donde docenas de líderes acuden para compartir experiencias y recibir apoyo en sus esfuerzos de reformas estructurales. Menciono solo algunos de los más recientes: los Presidentes Santos de Colombia, Hollande de Francia, Obama de Estados Unidos, Boubacar Keïta de Mali, la Canciller Merkel de Alemania, y los Primeros Ministros Tsipras de Grecia, Gunnlaugsson de Islandia, Abe de Japón y otros más. La creciente colaboración entre la OCDE y México es un ejemplo fehaciente de ello.

 

 

La colaboración OCDE-México: más fuerte que nunca…y creciendo

 

México se ha convertido en uno de los miembros más activos de la OCDE. Desde el principio, con el Gobierno del Presidente Calderón, entramos de lleno al diagnóstico del sistema educativo, a la mejora regulatoria de estados y municipios, al fomento a la innovación, al fortalecimiento de la competencia, los procesos de compras públicas, el combate a la obesidad, por mencionar algunos ejemplos.

 

Esto nos dio el conocimiento, las experiencias y la oportunidad de apoyar a México, en esta nueva fase, en el diseño e implementación del paquete de reformas estructurales más importante de su historia reciente.

 

El Presidente Peña Nieto entendió muy bien la naturaleza y capacidad de la OCDE y lanzó una alianza estratégica con nuestra Organización para diseñar las reformas que México tanto necesitaba. El proceso se inició después de ser declarado Presidente Electo, en septiembre de 2012. De inmediato nos pusimos a trabajar para apoyar a México con las reformas laboral, educativa, fiscal, energética, financiera, de telecomunicaciones y de competencia. En paralelo seguimos trabajando con México en mejora regulatoria, compras públicas, salud, gobierno abierto, crecimiento verde, desarrollo territorial, y la medición del nivel de bienestar, por mencionar algunas áreas claves.

 

Ha sido una experiencia formidable poder ayudar a México con base en las mejores prácticas internacionales, con los mejores expertos del mundo, en un momento crucial. Ahora estamos apoyando con la implementación de algunas de estas reformas y estamos trabajando cada vez más con las autoridades estatales y municipales, que están al frente de la batalla por promover un crecimiento más sólido, incluyente y sustentable.

 

Y estamos apoyando al gobierno en una segunda ola de reformas para aumentar la productividad, fortalecer el estado de derecho, promover la integridad y la transparencia en los actos de gobierno, combatir la corrupción, reducir la informalidad y atenuar las enormes desigualdades, uno de los desafíos más grandes de nuestro país.

 

México sigue siendo el país con las desigualdades más grandes de la OCDE, y uno de los países más desiguales del mundo. En México el ingreso promedio del 10% más rico de la población es 30 veces mayor que el del 10% más pobre, en comparación con un promedio de 10 veces en el resto de los países OCDE. Lo grave es que en nuestro estudio anterior (del año 2011) la diferencia era de 27 veces, así que las desigualdades están aumentando.

 

Esta es una situación insostenible. Las desigualdades se han convertido en un obstáculo para el crecimiento mismo y sin crecimiento robusto no las podemos resolver. Es un círculo vicioso. México tiene que alinear todas sus políticas con el objetivo de combatir las desigualdades. La OCDE está comprometida a apoyar este esfuerzo. Pero ustedes, la comunidad académica y los estudiantes, tendrán mucho que aportar.

 

Señoras y Señores, Queridos Amigos,

 

Sí es posible cambiar el mundo. Sí es posible mejorar nuestra realidad. Yo soy testigo. He tenido la suerte de contribuir modestamente a ello a lo largo de mi carrera, y lo sigo haciendo desde la OCDE. Las buenas políticas públicas y la cooperación internacional pueden hacer esta magia. Espero que estas palabras hayan podido servir de estímulo y motivación a algunos de los estudiantes que hoy nos acompañan. No siempre se tiene éxito, pero siempre hay que intentarlo otra vez. Hay que perseverar.

 

Quiero agradecerles nuevamente a todos ustedes su presencia, su hospitalidad y su cariño. Este Doctorado Honoris Causa con el que hoy me honran no es sólo un reconocimiento personal, sino también a todas las personas e instituciones con las que he tenido el privilegio de trabajar a lo largo de estos años. Todos ellos me han permitido hacer realidad el sueño de aquel joven que quería dedicar su vida a mejorar las vidas de los demás. ¡Muchas gracias!