Migrations internationales

¿Cómo podemos promover la cohesión social a partir de políticas que favorezcan la integración de los inmigrantes?

 

Palabras de Angel Gurría, Secretario General de la OCDE, durante el seminario OCDE-Fundación Instituto Cultural del Sur (FICS) sobre Cohesión Social y Desarrollo Regional: “Ciudades e Inmigración”
 
Madrid, 4 de mayo de 2011

(Como fue preparado para su presentación)
 
Señoras y señores,
Es un placer estar con ustedes esta tarde para presentar esta publicación sobre Ciudades e Inmigración. Este estudio recoge los resultados de los dos seminarios sobre integración de los inmigrantes y cohesión social organizados por la OCDE y la Fundación Instituto de Cultura del Sur.

Estas jornadas han explorado el papel que las políticas de integración y cohesión social pueden desempeñar en el desarrollo local, en especial en el contexto de los seis municipios del sur de Madrid que participan en estos trabajos.

Estas políticas tienen una fuerte dimensión local y urbana, dado que la mayoría de los inmigrantes consideran que las ciudades son el destino final de su viaje. Por tanto, es en las ciudades donde la cohesión social y la construcción de identidades corren mayor peligro si las políticas de integración están mal concebidas y aplicadas.

Ciudades como Alcorcón, donde uno de cada 8 habitantes es de nacionalidad diferente a la española, reflejan el rápido cambio geográfico y poblacional que muchas localidades españolas han experimentado en los últimos años como consecuencia del boom migratorio. Estas profundas transformaciones han sacado a la luz importantes retos sociales, y el fomento de la cohesión social debe ser un elemento crucial de cualquier respuesta.

Porque una sociedad cohesionada crea un sentido de pertenencia pese a la diversidad, genera oportunidades de movilidad social, y permite construir espacios de diálogo efectivo.


Pese a la crisis, la inmigración sigue siendo un motor de desarrollo

Estos dos seminarios que clausuramos han subrayado la importante contribución de los inmigrantes al desarrollo y el crecimiento económico de las localidades de acogida. También han llamado la atención sobre la necesidad de apoyar este potencial a través de políticas que impliquen activamente a la población local pre-existente y a los inmigrantes en los procesos de construcción de nuevas identidades compartidas.

Desde el año 2000, el porcentaje de hijos de extranjeros nacidos en España se ha prácticamente triplicado, hasta superar el 12% de la población total. Este porcentaje es superior al de muchos países de la OCDE, algunos de ellos con mucha más tradición histórica de recepción de inmigrantes, como es el caso de Francia o el Reino Unido.

Pese a episodios aislados, España ha dado ejemplo de convivencia y ha puesto de manifiesto  el potencial de la migración para activar el crecimiento y la actividad económica. Según datos del gobierno, la inmigración contribuyó medio punto al crecimiento anual del PIB en los años previos a la crisis. Durante los años de expansión del ciclo económico, contribuyó también a elevar la tasa de empleo y supuso un motor para elevar la competitividad regional y local. Además fortaleció las finanzas de la seguridad social.

La inmigración abre nuevas fronteras a la actividad económica y acelera esa transmisión de conocimiento y nuevos procesos productivos que permiten innovar.

No obstante, la crisis se ha cebado precisamente con la mano de obra inmigrante. En el último trimestre de 2010, la tasa de desempleo entre la población inmigrante alcanzó el 30%, diez puntos por encima de la media nacional. Ello se debe a la sobrerrepresentación de la mano de obra inmigrante en los sectores más afectados por la desaceleración, como la construcción, así como a la menor estabilidad contractual de la que disfrutan los inmigrantes.

Aunque la menor oferta laboral ha traído consigo un descenso de los flujos migratorios, éstos no se han frenado por completo. Sería erróneo pensar que la llegada de inmigración va a detenerse como consecuencia de las dificultades que atraviesa el mercado laboral español. Las limitaciones de las políticas de retorno también se han puesto de manifiesto si los países de  origen siguen sin ofrecer oportunidades a sus habitantes.

De hecho, la experiencia de otros países de la OCDE demuestra que la migración de carácter familiar y la consolidación de fuertes redes de diáspora, rasgos propios del caso español, hacen que los flujos migratorios sean menos pro-cíclicos y menos dependientes de las condiciones económicas del momento.


Ahora, más que nunca, hay que promover políticas que favorezcan la cohesión social

Como subraya el volumen que hoy presentamos, es en el actual contexto cuando hay que hacer especial hincapié en políticas de integración social que ayuden a los inmigrantes a hacer frente a las dificultades planteadas por la crisis económica. Ante todo, hay que evitar su marginalización como consecuencia de mayores tasas de desempleo, así como un crecimiento de la economía informal entre estos grupos de población.

Lejos de recortar programas, hay que redoblarlos. Y en este terreno las administraciones central, autonómica y local tienen una responsabilidad compartida, como se ha venido señalando en estas jornadas.

La OCDE ha venido trabajando ampliamente en la identificación de las mejores políticas que pueden ayudar a la integración de los inmigrantes en las sociedades de acogida. Durante los últimos cinco años, hemos revisado sistemáticamente las políticas de varios de nuestros países miembros en este terreno.

Permítanme destacar tres conclusiones que son especialmente pertinentes para las poblaciones del sur de la Comunidad de Madrid.

En primer lugar, y por encima de todo, los hijos de los inmigrantes deben acceder a una educación de calidad y no segregada. La participación, desde una edad temprana, en el sistema educativo regular del país es la mejor política de integración que existe, y la mejor receta para lograr una mayor cohesión social.

Los resultados del último informe PISA de la OCDE, muestran que los inmigrantes de primera generación tienen peores resultados escolares que el resto de los estudiantes. Mejorar el rendimiento de los hijos de los inmigrantes es el primer paso para evitar que las diferencias acaben trasladándose del aula al mercado de trabajo, y la brecha de sueldos y calidad de vida se agrande.

En materia de educación superior, un reciente informe que acabamos de publicar sobre el caso catalán apunta a la asignatura pendiente de mejorar el acceso de los inmigrantes a los tramos finales del sistema educativo, así como el valor añadido que ello puede tener para el desarrollo regional y local. Este es un aspecto al que la reforma de la formación profesional en este país debería prestar especial atención.

En segundo lugar, hay que favorecer la integración de la población inmigrante en el mercado laboral como elemento fundamental de su integración más amplia en las localidades donde residen. Enlazando con el punto anterior, aquí será importante asegurar una adecuada transición entre el sistema educativo y la formación con el mercado de trabajo.

También resulta fundamental garantizar que la reinserción laboral no se ponga en peligro como consecuencia de períodos prolongados de desempleo, que en muchos países deriva en una progresiva pérdida de capacitación y habilidades que dificulta el retorno a la vida activa. Éste es un aspecto en el que los inmigrantes son especialmente vulnerables, pues ya de por sí las competencias adquiridas en el exterior no son necesariamente reconocida en todo su valor en el país anfitrión.

El reconocimiento de las cualificaciones obtenidas en los países de origen y su complementación con programas específicos de adaptación y actualización son ingredientes necesarios para integrar adecuadamente a los inmigrantes en el mercado laboral y garantizar que éstos aprovechen al máximo sus competencias. Y aquí España juega con ventaja: la mano de obra extranjera está, por lo general, bien capacitada, y buena parte de ella habla el mismo idioma. Esto debería allanar el camino para reducir el desempleo entre los inmigrantes una vez que la actividad económica vuelva a repuntar.

Por último, la integración debe ser adecuadamente monitoreada, de tal suerte que identifiquemos qué políticas funcionan y cuáles no, y en qué contextos concretos lo hacen. En este terreno, la OCDE está trabajando con Eurostat para desarrollar un nuevo conjunto de indicadores que permitan medir y evaluar la integración de los inmigrantes y sus hijos en las economías y sociedades de los países de la OCDE.

Señoras y señores,
Como dijo Carlos Fuentes: “Todos somos migrantes. Nadie es oriundo de ninguna parte”.
Si hay algo que estos seminarios han puesto de relevancia es que una política migratoria seria y adecuada puede contribuir a la cohesión social de las localidades aquí presentes. Además, una buena política de cohesión social puede aumentar la resistencia de las economías regionales ante impactos exógenos.

Lejos de retóricas populistas, el fenómeno migratorio debe ser un elemento clave en cualquier política de desarrollo local, tanto a nivel económico como en lo que respecta al bienestar social. La migración, como hemos visto, plantea retos, pero también extraordinarias oportunidades que hay que aprovechar al máximo.

La inmigración es nuestro presente y nuestro futuro. Ha llegado para quedarse, y por ello nuestras ciudades deben adoptar las políticas necesarias para beneficiarse de su enorme potencial. Espero que estas jornadas hayan contribuido a esclarecer cómo podemos trabajar de manera constructiva en este sentido.

La OCDE está a sus órdenes para apoyar estos esfuerzos. İCuenten con nosotros!

 

 

 

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