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Angel Gurría, Secrétaire général de l'OCDE

Roundtable on Sustainable Business Conduct - ES

 

Discurso de Ángel Gurría

Secretario General de la OCDE

23 de noviembre de 2018 - Madrid, España

(Versión para su distribución)

 

 

 


Señoras y señores:


Me da mucho gusto participar en este evento tan importante sobre Conducta Empresarial Responsable. El tema que nos reúne es de especial relevancia para nuestras empresas, tanto como el que ya tratamos aquí el año pasado: el gobierno corporativo. Quisiera agradecer a los organizadores por su invitación y especialmente al Embajador Escudero, conocido campeón de esta agenda, por su iniciativa.

 

Estoy seguro de que este foro contribuirá a construir una base sólida de evidencia acerca de cómo la conducta empresarial responsable puede ayudar a las empresas españolas a crecer e internacionalizarse, al tiempo que contribuyen a una economía y una sociedad más prósperas, más inclusivas y más sustentables.

 

La conducta empresarial responsable ofrece oportunidades de negocio y de desarrollo sustentable

Si bien la conducta empresarial responsable es un deber de las empresas, también brinda importantes oportunidades de negocio. Numerosos estudios ponen de manifiesto que las empresas socialmente responsables obtienen mejores resultados económicos gracias a su mejor reputación, a su capacidad de atraer y retener personal más cualificado, y a contar con una “licencia social” más amplia para operar.

 

Además, la conducta empresarial responsable permite a las empresas contribuir activamente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que son nuestra guía de acción para poder dejar un planeta habitable y sustentable a las generaciones futuras. Y, también a este respecto, las oportunidades de negocio son enormes. Se estima que los ODS brindan nuevas oportunidades de mercado por un valor aproximado de 12 billones de dólares.

 

La OCDE contribuye al diálogo mediante las Líneas Directrices para Empresas Multinacionales

Para ayudar a las empresas a beneficiarse de la aplicación de la conducta empresarial responsable, la OCDE ha desarrollado la normativa internacional más completa hasta la fecha en la materia, a través de las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales.

 

Estas Directrices son recomendaciones que los gobiernos hacen a las empresas en nueve ámbitos, incluyendo derechos humanos, relaciones laborales, medio ambiente, divulgación y cohecho, entre otros. A su vez, guardan estrecha relación con la consecución de los ODS. Por ejemplo, una empresa que observe el Capítulo V, sobre relaciones laborales, de las Directrices de la OCDE estará contribuyendo también al ODS número 8 sobre Trabajo decente y crecimiento económico.

 

Las Directrices se han actualizado cinco veces desde 1976, la última en 2011, y a fecha de hoy 48 países se han adherido a ellas. Estos países representan el 80% de la inversión extranjera directa mundial. En cada uno de los ámbitos mencionados, la eficacia de las Directrices se garantiza a través de un mecanismo de implementación único: el Punto Nacional de Contacto (PNC) para la conducta empresarial responsable.

 

Los Puntos Nacionales de Contacto son organismos nacionales que se encargan de promover las Directrices y de gestionar las denuncias contra empresas que las incumplen. En España, el PNC está ubicado en el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, y será sometido a una revisión por pares en 2019, lo que le permitirá aprender de la experiencia de otros países. Porque, en el fondo, queda todavía mucho por hacer, y el éxito de los PNC depende de los recursos, autonomía, autoridad y margen de acción de la que disfrutan. Nuestro objetivo es seguir fortaleciéndolo.

 

Los estándares deben implementarse con debida diligencia

Las Directrices de la OCDE se aplican en tándem con otras iniciativas internacionales punteras, como los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos. Ambos estándares exigen, por ejemplo, que las empresas actúen con la debida diligencia teniendo en cuenta los riesgos de su actividad. Así, las empresas deben adoptar medidas para identificar, abordar y subsanar los impactos negativos de sus operaciones o cadenas de suministro.

 

Se trata de un proceso complejo. Por ejemplo, ¿cómo se asegura una empresa tecnológica de que los metales incorporados en sus teléfonos —procedentes en su mayoría de un país con bajo nivel de gobernanza— no financian conflictos armados? Una empresa agroalimentaria, ¿cómo certifica que el aceite de palma que suministra no ha contribuido a la deforestación? ¿Y una textil minorista, cómo se cerciora de que la ropa que vende no ha sido confeccionada por niños?

 

Para ayudar a afrontar este reto, la OCDE ha publicado una guía que responde de forma específica a los desafíos de diligencia debida en sectores particularmente sensibles: prendas de vestir y calzado, industrias extractivas, minerales, agricultura y el sector financiero. En mayo de 2018, tras una intensa labor de consulta en la que participó el sector privado, publicamos también una Guía “general” sobre conducta empresarial responsable para ayudar a empresas de todos los tamaños y sectores a desarrollar buenas prácticas de diligencia debida.

 

Los gobiernos pueden ayudar a incentivar una conducta positiva desde la empresa

Durante mucho tiempo, la conducta empresarial responsable fue estrictamente voluntaria y, de hecho, las Directrices de la OCDE para empresas multinacionales no imponen obligaciones a las empresas. Sin embargo, los gobiernos deben seguir alentando a las empresas a ser más responsables, como hace España, por ejemplo, a través de su Plan de Acción Nacional de Empresas y Derechos Humanos. Este Plan, aprobado en 2017, busca implementar las Directrices de la OCDE y los Principios Rectores de las Naciones Unidas en las empresas a través de medidas de sensibilización y formación, contando con el apoyo del Punto Nacional de Contacto español.

 

Pero, cada vez más, los gobiernos adoptan también normativas que “endurecen” algunos aspectos de esa conducta. Por ejemplo, hace casi un año, España transpuso la directiva de “Divulgación de Información no financiera” de la Unión Europea de 2014. La nueva ley exige que las empresas incluyan en su memoria anual información sobre sus impactos en los ámbitos ambiental, social y de derechos humanos.

 

Otro ejemplo al respecto es el reglamento que aprobó la Unión Europea en mayo de 2017, que impone a los importadores de ciertos minerales procedentes de zonas de conflicto o de alto riesgo obligaciones de diligencia debida en relación con las cadenas de suministro. Este reglamento, que está basado en la Guía de Debida Diligencia de la OCDE para cadenas de suministro responsables de minerales, será directamente aplicable en España a partir de 2021.

 

Para seguir impulsando acciones empresariales a favor de una responsabilidad social corporativa que contribuya a una economía más humana y sustentable, acabamos de lanzar en el Foro de la Paz de París junto a Jeffrey Sachs y el Director General de Danone, Emmanuel Faber, la Plataforma “Negocios por el Crecimiento Inclusivo” (Business for Inclusive Growth). Esta plataforma tiene tres objetivos: (i) identificar las políticas públicas y empresariales complementarias que promueven el crecimiento inclusivo; (ii) analizar los factores y herramientas que pueden impulsar la adopción práctica de estas políticas; (iii) alentar al resto de las empresas a adoptar dichas medidas por medio de la difusión de buenas prácticas empresariales y estudios de caso.

 

Invito a todas las empresas aquí presentes a que se unan a esta Plataforma. No es sólo una cuestión de responsabilidad y de buena ciudanía: pronto va a ser la única vía de operar en mercados globales que cada vez valoran más el compromiso de la empresa, no sólo con sus accionistas sino con el conjunto de la sociedad.

 

Señoras y señores:


En un mundo globalizado y crecientemente interconectado, las empresas son cada vez más conscientes de la relevancia de su papel en la sociedad. La conducta empresarial responsable no solo contribuye a su propia prosperidad, sino que es una pieza clave para lograr un desarrollo económico, social y humano más inclusivo y más sustentable. La OCDE seguirá trabajando con todos ustedes para lograr este importante objetivo: mejorando nuestros instrumentos y actualizándolos a nuevas realidades para que sean más efectivos. Contamos con todos ustedes. Muchas gracias.

 

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