Secrétaire général

Perspectivas de la OCDE sobre la Competitividad de la Economía Europea

 

Palabras de Angel Gurría, Secretario General OCDE

Barcelona, España. 22 de noviembre de 2012

(As prepared for delivery)

Señores Académicos, Presidente Gil Aluja, Doctor Granell, Embajador Díez-Hochleitner, Señoras y Señores:

Es un honor estar con ustedes esta noche en la ocasión de mi ingreso en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Me siento muy honrado por esta distinción. No sólo por pasar a formar parte de una institución con más de 250 años de historia, que cuenta entre sus miembros con los más prestigiados economistas ; sino también porque se me ha invitado a que me incorpore como Académico Correspondiente de mi querido país, México. ¡Muchas gracias!

Quiero aprovechar esta oportunidad para abordar un tema de creciente importancia para España, para Europa y para el mundo entero. Me refiero a los desafíos que las economías europeas están enfrentando en materia de competitividad; una cuestión considerada por muchos como la clave para que Europa supere esta crisis y retome la senda del crecimiento y la creación de empleo.

Mi discurso se basará en el documento más extenso que tienen con ustedes en su versión en inglés, en el que también pueden encontrar diversas gráficas y el análisis en el que se basan estas reflexiones.

Desempeño económico y competitividad en Europa: evolución reciente

Como decimos los hispano-parlantes, tomemos el tema por los cuernos. Después de una larga crisis de cerca de cinco años, Europa, y en especial la eurozona, se enfrentan a una doble desaceleración del crecimiento y de la productividad. Esto ha tenido un impacto muy fuerte en el empleo. En septiembre, la tasa de desempleo en la eurozona se incrementó por 16º mes consecutivo, ubicándose en un 11.6%.

Esta desaceleración doble también está afectando la capacidad exportadora europea. Los productos y servicios europeos han comenzado a perder terreno en los mercados internacionales.  Mientras tanto, las economías emergentes han ido ganando presencia en nuevos mercados y han avanzado en la cadena de valor de sus exportaciones. Esto no es sólo producto de la crisis. Incluso desde antes de la crisis, el desempeño económico de la mayoría de los países de la Unión Europea (UE) era ya inferior al de los países de la OCDE mejor clasificados y su crecimiento subyacente era bastante débil.

Uno de los elementos clave en la erosión de la competitividad y el dinamismo económico en Europa es la ausencia de un crecimiento fuerte, sostenido y homogéneo de la productividad. La evolución reciente de la productividad en la UE refleja contradicciones importantes. Francia, por ejemplo, se ubica muy por encima del promedio de la eurozona en términos de productividad por hora trabajada. No obstante, los franceses trabajan menos horas que sus homólogos. En contraste, la productividad por trabajador en Alemania es más baja, pero se trabaja un mayor número de horas.

A pesar de que algunos países han avanzado a mayor velocidad, el crecimiento de la productividad en la eurozona durante la última década ha sido inferior al 1% anual. Esto está por debajo del aumento promedio de la OCDE, Japón y Estados Unidos. Si bien la productividad es por lo general menor en los países del sur de la eurozona y en Europa Central y Oriental, durante la última década estos países han registrado una rápida convergencia.

Otro factor crucial ha sido las marcadas diferencias entre los costos laborales unitarios de los países de la eurozona. Esto refleja patrones de compensación salarial esencialmente diferentes. Mientras en Alemania la compensación ha aumentado moderadamente, lo que ha resultado en un crecimiento plano de los costos laborales unitarios, en los países periféricos —Grecia, Italia, Portugal y España—, la compensación salarial ha aumentado a pesar del crecimiento moderado o incluso estancamiento de la productividad. Esta diferencia ha sido un factor importante de los desequilibrios comerciales y de cuenta corriente acumulados en la eurozona desde su creación, que están en la raíz de la crisis actual.

La divergencia de los patrones de costos laborales unitarios ha afectado el tipo de cambio efectivo real de los países de la eurozona, penalizando a países como  Grecia, Italia, Portugal y España, donde han aumentado más rápidamente. Al margen de otros factores, un tipo de cambio real efectivo en aumento tiene repercusiones negativas sobre la competitividad externa de un país y sobre su capacidad de mantener (o aumentar) las exportaciones.

En comparación con otros países de la OCDE, la pérdida de participación en el mercado de las exportaciones ha sido particularmente importante para algunos países de la eurozona. El Reino Unido también ha disminuido considerablemente su participación en este mercado, si bien registra alguna ganancia de competitividad de los precios gracias a la depreciación de la libra.

La OCDE estima que la productividad laboral de la eurozona aumentará en un 1.6%  por año de aquí a 2025. Este sería un desempeño cercano al promedio registrado entre 1990 y 2010. El bajo crecimiento de la productividad tiene importantes implicaciones para el potencial de crecimiento de los países europeos, pues debido al envejecimiento de su población, el incremento de productividad es primordial para compensar la disminución de la población en edad de trabajar. A mediano plazo, esto conducirá a la desaceleración del crecimiento del PIB potencial en comparación con las décadas anteriores a menos que la productividad aumente más rápidamente.

Reformas para la competitividad

Para promover un crecimiento más dinámico de la productividad y elevar la competitividad, con miras a lograr  un crecimiento más fuerte, más limpio y más justo, los países europeos tienen que establecer un ambicioso programa de reformas estructurales. Según nuestro análisis en la OCDE, la implementación de reformas para reactivar el crecimiento a largo plazo puede traducirse en muchos países europeos en un aumento de varios puntos porcentuales del PIB durante la próxima década, especialmente  en algunos de los países con mayores problemas de competitividad. Muchas de estas reformas pueden producir efectos positivos en tan sólo un par de años.

Quisiera destacar algunas de las reformas que en la OCDE consideramos más importantes:

1.      Perfeccionar el mercado único

Entre las herramientas más poderosas con que cuenta la UE para estimular el crecimiento y la competitividad se encuentra la profundización y perfeccionamiento del Mercado Único Europeo (MUE). El funcionamiento del MUE define en gran medida la capacidad de fomentar la competencia y el comercio interno de productos, servicios y capitales, así como de favorecer la integración y la movilidad de los trabajadores. Si bien en términos de integración económica los progresos han sido sustanciales, muchas actividades todavía se organizan en torno a mercados nacionales pequeños, en particular en el sector servicios.

Una mayor integración de los mercados aporta el beneficio de la ventaja comparativa a través de la especialización. También estimula la competencia, premia la calidad y favorece el avance de la innovación. Los consumidores se benefician de una mayor variedad de productos a menor precio, pues se reducen los costos de producción y se premia la eficiencia. Según evaluaciones recientes durante sus dos primeras décadas de funcionamiento el MUE contribuyó a aumentar el PIB de la UE un 2% y el empleo en un 1.5%.

2.      Aumentar la competencia en los mercados nacionales de productos

Si bien un mercado único mejor integrado aumentaría la competencia entre empresas, también será necesario introducir políticas nacionales para flexibilizar la excesiva regulación del mercado de productos en muchos países. Una mayor competencia en el mercado de productos es esencial para apoyar la innovación y la productividad. Por ejemplo, mientras el nivel de restricción general de regulación se encuentra por debajo del promedio de la OCDE en Alemania, Italia y España, el sector minorista en estos países y el sector de servicios profesionales en Alemania e Italia presentan una regulación restrictiva.

3.      Apoyar la innovación

La innovación juega un papel fundamental para mejorar la productividad. Dada la creciente participación de algunas de las economías que no pertenecen a la OCDE en las actividades de investigación y desarrollo (I+D) a nivel mundial, es crucial intensificar la innovación europea para impulsar la competitividad y lograr un crecimiento sostenible a más largo plazo. El objetivo que marca la Estrategia Europa 2020 de invertir un 3% del PIB en I+D debe ser prioritario.

Alemania, con un gasto del 2.8% de su PIB en I+D, representa cercal del 30% del total de I+D de los 27 miembros de la UE. El reto de la innovación es particularmente urgente en los países del sur de Europa, en especial en lo referente a la promoción de la economía del conocimiento y los llamados Knowledge Based Assets.

4.      Invertir en capital humano

La educación de calidad es la piedra angular de la competitividad. La apuesta por una mano de obra altamente calificada es clave para impulsar la productividad y el crecimiento a largo plazo. Además de capacitar y preparar a las nuevas generaciones en las habilidades que requerirá la economía del mañana, la educación desempeña una función esencial en la reducción de las desigualdades sociales.

A pesar de los avances, mejorar la calidad de la educación secundaria y superior continúa siendo una asignatura pendiente en numerosos países europeos. En muchos de ellos, el rendimiento en lectura, matemáticas y ciencias de los estudiantes de 15 años que evalúa nuestro informe PISA está todavía por debajo del promedio de la OCDE. Además, aunque el impacto del envejecimiento demográfico varía entre países, el grupo de alumnos que termina la escuela y que constituye tradicionalmente el alumnado de la educación superior está disminuyendo a lo largo del continente.

5.      Mejorar el funcionamiento del mercado laboral

La adaptación del mercado laboral a una economía en cambio permanente es fundamental para seguir garantizando la creación de más y mejores empleos. Un mercado laboral eficiente, incluyente y bien aprovechado es una plataforma clave para fortalecer el crecimiento económico y de la productividad, mediante la canalización de la inversión en capital humano hacia su uso más eficaz.

Las políticas que rigen el mercado de trabajo son igualmente relevantes para hacer que el crecimiento sea más incluyente y genere oportunidades para todos. Muchos países europeos deben superar la dualidad excesiva de sus mercados laborales, donde una estricta protección del empleo fijo contrasta con la situación del empleo temporal, que muy a menudo carga con el peso de la reestructuración en tiempos de crisis.

En este sentido, los mecanismos de fijación salarial deberían reflejar la propia evolución de la productividad, algo que sería crucial para restaurar la competitividad. La experiencia de los países de la OCDE parece indicar que la negociación salarial descentralizada puede contribuir a que los salarios reflejen mejor el ritmo de incremento de la productividad. Varios países de la eurozona – como España, Grecia e Irlanda - han tomado ya medidas importantes en este sentido.

6.      Reformar los sistemas tributarios para promover el crecimiento

En el ámbito fiscal también hay espacio para promover mejoras. Por ejemplo, en muchos países europeos se ejerce una presión fiscal relativamente elevada sobre las rentas del trabajo. Reducir esa carga es otra forma de impulsar el crecimiento al incentivar el trabajo y la inversión. En el contexto actual de consolidación fiscal, es necesario aplicar estas medidas de una forma neutra, sin mermar la capacidad recaudatoria del Estado. Esto puede lograrse trasladando la presión fiscal de las rentas del trabajo hacia impuestos indirectos, impuestos a la propiedad o impuestos medioambientales.

Estas son sólo algunas de las reformas estructurales que consideramos estratégicas para impulsar la competitividad en Europa. Es crucial identificar estas y otras líneas de acción. Pero el desafío más grande no está en saber “qué” se tiene que hacer sino en saber “como” hacerlo.

La importancia de la economía política: el truco está en el “como”

Las consideraciones de economía política son fundamentales para llevar a cabo con éxito las reformas. Es muy importante que los gobiernos las tomen en cuenta en el diseño de las transformaciones estructurales. Las políticas para estimular la competitividad deben ir acompañadas también de un programa más global para mejorar el nivel de vida y el bienestar de la población, fomentar la integración y la justicia sociales y conservar el medio ambiente.

En la OCDE hemos identificado una serie de elementos claves en la capacidad de los gobiernos para acometer reformas de alto calibre. Permítanme destacar siete de las más importantes:

  1. Un mandato electoral claro;
  2. Un nivel importante de cohesión en torno a la necesidad de cambio;
  3. Un fuerte liderazgo por parte del gobierno;
  4. Un análisis sólido de las deficiencias existentes y del efecto positivo de las medidas a implementar;
  5. Una comunicación efectiva a la población del impacto positivo a largo plazo de las reformas;
  6. Firmeza y perseverancia, pese a las presiones internas y externas;
  7. Paciencia y visión a largo plazo, ya que el efecto de las reformas no se evidencia de un día para otro.

Las crisis económicas, como la que seguimos padeciendo, crean oportunidades excepcionales para promover y aprobar reformas de fondo. Principalmente porque exponen la insostenibilidad del statu quo, disminuyen la aversión al riesgo y facilitan la aceptación del cambio. No obstante, las reformas deben estar bien diseñadas para lograr el mejor compromiso entre sus efectos a corto plazo y sus beneficios a largo. De otra forma, se corre el riesgo de perder “momentum” y apoyo a lo largo del camino.

En este sentido, resulta conveniente otorgar prioridad a la reforma de aquellos sectores cuyos efectos se sienten de manera más inmediata, como por ejemplo las medidas que redundan en la creación de empleo. Las reformas con mayor riesgo de producir efectos negativos a corto plazo deberían adoptarse gradualmente para atenuar esos efectos y garantizar el beneficio neto a largo plazo.

La OCDE está trabajando intensamente para apoyar los esfuerzos de los gobiernos europeos para impulsar reformas estructurales de gran alcance. Esto lo hacemos a través del análisis riguroso, con base nuestra experiencia acumulada en el ámbito de la identificación de mejores prácticas. Mediante el intercambio de conocimientos, la creación de estándares y el llamado peer review, favorecemos un enfoque que reconoce la naturaleza multidimensional de los desafíos.

Por ello nuestro asesoramiento se orienta también a identificar complementariedades entre las diferentes políticas públicas, de tal forma que el efecto y el beneficio de las distintas reformas se refuerce mutuamente, los posibles efectos adversos se minimicen y las sinergias se exploten al máximo.

Para mejorar esta capacidad de análisis y asesoramiento hemos lanzado una iniciativa llamada New Approaches to Economic Challenges, que pretende revisitar nuestros modelos y fundamentos a la luz de lo aprendido en esta crisis. Desde el mismo espíritu que inspira la razón de ser de esta Academia, esta nueva iniciativa es una respuesta a la necesidad de revisar lo qué ha fallado y cómo podemos contribuir al avance y mejora de la ciencia económica, exponiendo nuestra actividad a nuevos planteamientos, evidencias y fuentes de inspiración.

Señoras y señores:

“Renovarse o morir”, he ahí la disyuntiva a la que se enfrenta no sólo nuestra disciplina, sino también nuestras economías. Como he intentado exponerles a lo largo de mi plática, reformar para ser competitivos en Europa no es una opción, sino una necesidad. No es sólo una cuestión de incentivar el crecimiento y generar más y mejores empleos, sino de asegurar la continuidad del proceso de integración económica regional más exitoso de la historia y de recobrar la confianza de las sociedades en los gobiernos y sus instituciones, en las empresas y los bancos, y en general en las economías de mercado y la democracia como sistemas de progreso económico y social.

Muchas gracias por su atención y, por supuesto, gracias infinitas por abrirme las puertas de esta noble institución.

 

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An OECD Perspective on the Competitiveness of the European Economy

OECD Secretary-General inducted as a Member of the Real Academia Española de Ciencias Económicas y Financieras (Spanish Royal Academy of Economic and Financial Sciences)

 

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