Economy

Perspectivas de la Economía Mundial: Transformar la Incertidumbre en una Globalización que Funcione para Todos

 

Palabras de Ángel Gurría,

Secretario General, OCDE

Madrid, España

13 de marzo de 2017

 

 


Señor Presidente de CaixaBank, Señoras y Señores:



Qué gusto estar en Madrid de nuevo para participar como conferencista en la Cátedra La Caixa Economía y Sociedad. Agradezco a CaixaBank y a su Presidente, Jordi Gual, por esta invitación.


El día de mañana presentaremos el Estudio Económico de España 2017 de la OCDE, y me parece muy apropiado preparar el terreno un día antes en este recinto, presentándoles algunas de las perspectivas de la OCDE sobre la economía mundial. Esa máxima Orteguiana de “yo soy yo y mi circunstancia” aplica cabalmente al quehacer económico de una nación abierta e integrada al mundo como es España. Es difícil acelerar la recuperación en las circunstancias actuales de Europa y de la economía mundial. España está haciendo su trabajo, pero los vientos no ayudan. Permítanme explicarme.


El panorama económico mundial


La economía mundial sigue atrapada en una dinámica de bajo crecimiento. De acuerdo con nuestras estimaciones, el crecimiento del PIB mundial repuntará solo modestamente en 2017, pasando de poco menos de 3% en 2016 a un 3.3%. Para 2018, también prevemos una ligera mejora a un 3.6%. La zona euro estará creciendo un 1.6% en 2017 y 2018. En este contexto complicado, la recuperación de la economía española comenzará a desacelerarse, pasando de un crecimiento anual de 3.2% en 2016 a un 2.5% en 2017 y un 2.2% en 2018. Esto resalta la importancia de continuar con las reformas, con el apoyo a las PYMES españolas, el emprendimiento, y el sector bancario, que si bien está bien capitalizado, enfrenta un descenso de la rentabilidad y un nivel de actividad bancaria aun reducido.


El crecimiento en España, en muchos otros países de la OCDE, y en un número importante de economías emergentes, sigue siendo decepcionante. Y es que es muy difícil salir de este ciclo, porque las expectativas de bajo crecimiento tienden a limitar las decisiones de gasto y el crecimiento del potencial de producción de nuestras economías. Y esto sigue frenando el comercio internacional y la inversión, al tiempo que la productividad se desacelera y la brecha de productividad entre las empresas más avanzadas y el resto de las empresas se sigue ampliando.


Esto tiene un alto costo social, reflejado en el bajo crecimiento de los ingresos de numerosos hogares y los altos niveles de desempleo y desigualdades que persisten en muchos países, incluyendo España. Y lo grave es que el deterioro de la calidad de vida de la clase media y la fuerza laboral se convierte en un obstáculo para mejorar el crecimiento económico. Pero también en un obstáculo para implementar reformas y políticas nuevas, ya que la gente tiene una enorme desconfianza en la capacidad de sus gobiernos, en sus instituciones, en sus políticos y políticas.


Desde luego que hay avances y signos positivos, que ya se perciben en el aumento de la confianza de los empresarios y consumidores. Sin embargo, el crecimiento mundial sigue estando por debajo del 4% promedio de las dos décadas previas a la crisis. Y esta débil recuperación se ve afectada por una serie de riesgos y una nueva y constante incertidumbre.


Riesgos considerables


El Informe Interino del Panorama Económico de la OCDE (enlace en inglés) que acabamos de presentar la semana pasada destaca una serie de factores y riesgos que podrían nublar estas perspectivas de crecimiento ya de por sí moderado. Subraya por ejemplo la desconexión que existe entre los mercados financieros y la economía real, así como la volatilidad potencial de los mercados financieros ante las divergencias entre las tasas de interés de las economías sistémicas.


Pero más allá de los riesgos en los mercados financieros, nos preocupan las propuestas políticas que favorecen el proteccionismo. Un aumento en las barreras al comercio internacional en las principales potencias exportadoras e importadoras – Estados Unidos, China y la Unión Europea – puede tener un impacto muy grande en el comercio y el PIB, especialmente en las economías en las que se originan dichas barreras. El discurso del nacionalismo económico es una fuente de incertidumbre muy difícil de valorar o controlar, principalmente porque los actores y los mercados no saben cómo este lenguaje se va a traducir en políticas. Y entonces las decisiones de inversión se siguen difiriendo.


Los riesgos de retroceder en la liberalización del comercio internacional son importantes: millones de puestos de trabajo en todo el mundo, también aquí en España, dependen directa o indirectamente de los intercambios comerciales. Hemos calculado que un incremento en las barreras comerciales en las economías líderes en materia comercial – Europa, Estados Unidos y China – que los regresara a los niveles arancelarios de 2001 - reduciría el PIB mundial en un punto porcentual y tendría un impacto particularmente marcado en las economías que impongan esas restricciones. La aplicación de nuevos aranceles o border taxes desataría una guerra comercial internacional que le daría un golpe muy fuerte a la ya de por sí débil recuperación de la economía mundial. No nos podemos dar este lujo. No es momento para muros y aranceles, es el momento para construir juntos una globalización que funcione para todos.


Hacia una globalización más incluyente


Hoy las políticas y las reformas tienen que enfocarse en fortalecer la resiliencia de las economías, pero también en construir el ambiente necesario para mejorar la productividad, al mismo tiempo que se mejora la inclusión social y la calidad de vida de los grandes segmentos de nuestras poblaciones.


Es fundamental que las reformas que estamos promoviendo se traduzcan en políticas que multipliquen las oportunidades para los que menos tienen, que promuevan una redistribución del ingreso efectiva, que faculten a las sociedades para sacar el mejor provecho de la globalización.


Si bien la globalización ha permitido incrementar el tamaño del “pastel” y sacar a cerca de mil millones de personas de la pobreza extrema, los grandes beneficios de este proceso no han sido para las mayorías trabajadoras. Hay un sentimiento de decepción y frustración frente a los procesos de liberalización económica e integración regional o internacional. Y no es de extrañarse. Las desigualdades han alcanzado niveles preocupantes: en la OCDE, el ingreso promedio del 10% más rico es casi 10 veces mayor al del 10% más pobre. Un informe de 2016 de Credit Suisse estima que el 10% de las personas más ricas tiene el 89% de la riqueza mundial, mientras que el top 1% tiene el 50% de la riqueza global. Y como saben Oxfam ha documentado que las 8 personas más ricas del planeta poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir 3 mil 600 millones de personas.


No nos sorprendamos entonces de que las propuestas populistas, proteccionistas o de nacionalismo excluyente, parafraseando a Paul Collier, encuentren resonancia política y electoral en las mayorías de nuestros países.


La globalización tiene que ser un instrumento de inclusión, un sistema que garantice y promueva la creación de oportunidades para las mayorías, no solo para unos cuantos. Ya no será suficiente explicar mejor los grandes beneficios de la globalización a la población. Ahora necesitamos nuevas políticas para empoderar a la gente con las competencias, destrezas y habilidades que demanda el mercado de trabajo de la economía del conocimiento. Políticas para hacer que nuestros sistemas educativos sean más eficientes, equitativos y “globalizadores”. Necesitamos políticas que se enfoquen en el 40% de abajo, para romper las barreras que les impiden acceder a las tecnologías digitales, la innovación, el financiamiento, y el emprendimiento. Políticas que se enfoquen en nuestros jóvenes, que son quienes más han sufrido en esta última crisis. Y políticas que contribuyan a tejer lo que en la OCDE hemos llamado el NEXO Productividad-Inclusión, el cual tiene una relevancia especial para España.


Pero también necesitamos políticas más fuertes y eficaces para la redistribución del ingreso y el fortalecimiento del estado de bienestar. Medidas para potenciar el papel de los sistemas fiscales como instrumentos de empoderamiento de los vulnerables y reducción de desigualdades. Y políticas que faciliten la activación, la capacitación y la movilidad laboral. Y por supuesto políticas para fortalecer la integración de los migrantes, un componente crucial de una globalización incluyente.


Señoras y señores:


En una economía mundial globalizada, pensar que podemos construir el progreso solos, en aislamiento, es una ilusión. Pensar que el progreso de unos pocos es viable en medio de la frustración de muchos es un espejismo. Pensar que el nacionalismo excluyente, el proteccionismo y la desintegración son instrumentos de progreso es un grave error.


Construyamos juntos una globalización más humana, más incluyente, más respetuosa del medio ambiente. La economía se debe a la sociedad, debe trabajar con la sociedad, debe beneficiar a la sociedad. La OCDE cuenta con España para seguir impulsando un crecimiento más humano, más incluyente y más sustentable. Muchas gracias.