Presentación de Angel Gurría, Secretario General de la OCDE durante la reunión de Encuentro Empresarial
Hotel Marriot, Santiago de Chile
8 Noviembre 2007
Estimados amigos,
Es un placer estar con ustedes en Santiago de Chile para hablarles de un tema de creciente importancia para la economía global: la relación entre China, India y América Latina.
Ayer estuvimos presentando en la CEPAL, junto al Secretario Ejecutivo José Luis Machinea y otras destacadas figuras latinoamericanas, nuestro informe sobre las Perspectivas Económicas de América Latina 2008. Esta nueva publicación anual del Centro de Desarrollo de la OCDE analiza aspectos cruciales para el desempeño económico y social de América Latina; entre ellos, el impacto del crecimiento de China e India en el desarrollo de los países latinoamericanos.
Las relaciones económicas de América Latina con China e India han crecido de manera sorprendente. Principalmente en el caso de China. El comercio de América Latina con este país pasó de 200 millones de dólares en 1975 a 40 mil millones en 2004. En dicho año, cerca del 50% de la inversión extranjera directa de China se destino a la región latinoamericana. Si bien el comercio latinoamericano con India sigue siendo modesto (3 mil millones de dólares en 2005) es un flujo que está creciendo consistentemente y su potencial es enorme.
El caso Chileno es un ejemplo de esta creciente interacción. Las exportaciones chilenas a China se han triplicado desde inicios del 2000. Hoy representan cerca del 15% del total. Al mismo tiempo, las importaciones provenientes desde China constituyen el 10% del total de las importaciones chilenas. De hecho, Asia en su conjunto es el destino de más de la tercera parte del total de las exportaciones de Chile.
Los países de América Latina deben de ver en la expansión económica de China e India una gran oportunidad. Como lo afirmamos en este primer estudio de la OCDE sobre las Perspectivas Económicas de América Latina, una parte importante del comercio exterior de la región latinoamericana muestra un alto grado de complementariedad con el comercio exterior de China e India. Esto abre grandes oportunidades de asociación. De hecho los efectos ya comienzan a sentirse: gran parte del crecimiento de las exportaciones de América Latina desde 2003 se debe al aumento de la demanda china de recursos naturales.
Esta complementación sectorial reduce la presión de China e India como fuente de competencia comercial. Chile, Venezuela y Bolivia figuran entre los países latinoamericanos que están menos expuestos a esta competencia comercial. Esto no es sorprendente debido a que los recursos naturales (productos agrícolas, petróleo y metales) constituyen gran parte de sus exportaciones. China e India no sólo no compiten en este terreno, sino que son importadores masivos de estas materias primas.
Sin embargo hay que señalar que dicha complementariedad no significa que China no sea un severo desafío de competencia para la mayor parte de las exportaciones de la región.
No debemos olvidar que México produce cerca del 40% de las exportaciones de toda América Latina (250 mil millones de dólares en 2006); y la mayor parte de estas exportaciones sí entran en competencia directa con China y en algunos casos con India. Los países latinoamericanos que concentran su oferta exportadora en recursos naturales y bienes primarios, representan un porcentaje menor de las exportaciones totales latinoamericanas: 9% en el caso de Venezuela; 7% en el caso de Chile y 0.4% en el de Bolivia.
Es claro que conforme los países de Centro y Sudamérica vayan avanzando en la diversificación de sus economías deberían buscar exportar cada vez más manufacturas y bienes con mayor valor agregado. Así, los exportadores latinoamericanos podrían competir mejor con los productores de China e India; tanto por mercados como por inversiones. El sector automotriz de Brasil y el de desarrollo de software en Argentina son ejemplos evidentes.
La expansión comercial de China e India en los mercados tradicionales de América Latina -Estados Unidos, Europa, Japón y por supuesto la misma América Latina- puede inclusive desincentivar la diversificación sectorial de la región, lo que resulta peligroso. América Latina no debe limitar sus oportunidades en Asia a su capacidad para proveer recursos naturales.
China e India también son grandes mercados para bienes de capital, intermedios y manufacturas terminadas. América Latina puede y debe competir en esos mercados. Un efecto adicional de la inversión latinoamericana en conjunto con empresas de China e India, puede ser la modernización tecnológica, fortaleciendo así la cooperación académica para la investigación y el desarrollo conjunto. Es el momento para crear condiciones y sembrar iniciativas. Además, no hay alternativas.
Aprovechar las oportunidades de asociación con China e India, y enfrentar la competencia por mercados e inversiones con estos países, implica para América Latina: 1) aumentar el crecimiento y la recaudación fiscal; 2) invertir en la modernización de sus redes de infraestructura, en particular en comunicaciones y transportes; y 3) ampliar su capacidad de innovación, fortaleciendo sus instituciones e invirtiendo en su más valioso bien, el capital humano.
Señoras y señores,
El ascenso económico de China e India es al mismo tiempo oportunidad y desafío para América Latina. Qué tanta oportunidad o que tanto desafío dependerá en gran medida de la capacidad de los gobiernos de la región para crear un entorno propicio para fortalecer la productividad y con ello la competitividad. Este es uno de los mensajes principales del estudio que presentamos ayer en la CEPAL.
El ascenso de la llamada Chindia en la economía mundial es impresionante. Desde 2001, el crecimiento combinado de estos dos gigantes asiáticos aportó el 30% del crecimiento del PIB mundial. Se espera que esta contribución siga incrementándose en los próximos años. Los países de América Latina que mejor se vinculen a esta fuerza económica podrán afrontar mejor sus desafíos socio-económicos; fortalecer sus sectores empresariales y competir en otros mercados de Europa y América del Norte.
La asociación con China e India puede ser un triángulo virtuoso. Es una oportunidad histórica. La calidad de las políticas será clave en este propósito. La OCDE y el Centro de Desarrollo estamos aquí para apoyarlos.
Muchas gracias.
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