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Hacia una nueva asociación América Latina y China

 

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Por Mario Pezzini, Director del Centro de Desarrollo de la OCDE y Angel Melguizo, jefe de la Unidad de América Latina y el Caribe del Centro de Desarrollo de la OCDE


América Latina y China han protagonizado un auge comercial impresionante en los últimos 15 años. Los flujos comerciales entre ellos se han multiplicado 22 veces, mucho más que con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) - dos veces - la Unión Europea -tres veces- ó Estados Unidos -dos veces. China es hoy el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú. China ha aumentado su participación en cadenas globales de valor de América Latina. Está más integrada en las cadenas de valor con China que a nivel regional. Sin embargo, hoy los vínculos entre América Latina y China están tomando un nuevo rumbo, planteando nuevos desafíos y abriendo oportunidades.

En 2015 América Latina registrará un crecimiento negativo por primera vez desde 2009. Así, volverá a crecer por debajo del promedio de economías de la OCDE. Y, según todos los pronósticos, también sucederá en 2016 y 2017, después de una década de convergencia económica. Es evidente que este promedio esconde notables diferencias entre países, con países manufactureros de América Central y Mexico liderando la recuperación, un grupo de países andinos luchando por mantener tasas de crecimiento sólidas, y cuatro países clave de la región – Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela - en el límite o claramente en recesión. Pero la mayoría de países de la región comparte que el crecimiento tendencial es inferior al que se pensaba, y está más próximo al 3% que al 5% que caracterizo los años 2000.

Esta debilidad estructural explica el diferente nivel de papel que América Latina y China están desempeñando en el fenómeno de desplazamiento de la riqueza mundial hacia países emergentes. Mientras que en los años 1990 ambos explicaban en torno al 10% del crecimiento mundial, en el último quinquenio china explica un tercio del mismo, cinco veces más que América Latina. China tiene una clara estrategia de transformación estructural, para superar la trampa del ingreso medio. La nueva normalidad de china, implicará en las próximas dos décadas tasas de crecimiento menos espectaculares pero más sostenibles, basadas en un mayor consumo, la consolidación de la clase media urbana y el auge de industrias intensivas en conocimiento y tecnología.


¿Qué significa todo esto para América Latina? Grandes oportunidades y notables desafíos. 

 América Latina necesita una estrategia proactiva con políticas decididas de diversificación productiva

América Latina puede afrontar algunos de sus retos de desarrollo de la mano de esta transformación, pero ello exige una estrategia proactiva con políticas decididas de diversificación productiva, mejora de calidad de bienes y servicios e integración regional.

En primer lugar, las exportaciones latinoamericanas a China experimentarán cambios importantes. Proyectamos que entre 2015 y 2030 el crecimiento promedio anual de las exportaciones de metales, minerales, y combustibles fósiles a China podrían caer al 4%, desde el 16% en la pasada década. Pero al mismo tiempo, la nueva demanda China abrirá puertas para las exportaciones de alimentos demandados por su nueva clase media (como pescados, carnes y fruta) y de servicios, como turismo. La región debe modernizar su sector agrícola y apostar por servicios con mayor proyección internacional. La relación deber ir más allá del comercio, pero, desmontemos mitos, tampoco debe renunciar a él.

En segundo lugar, América Latina ha de proseguir sus esfuerzos en formar capital humano. A modo de ejemplo, hoy en día, sólo uno de cada cinco estudiantes en América Latina de educación terciaria se matricula en ciencia y la tecnología, frente a la mitad en China. La competencia en el siglo XXI se va dar en el campo de la innovación, y para ello la región debe diseñar una estrategia de educación y de competencias realmente efectiva.

En tercer lugar, América Latina debería profundizar y optimizar las relaciones financieras con China. De nuevo, desmontemos mitos, no es que la relación deba ir más allá de comercio. Ya lo ha hecho. Los datos del Dialogo Interamericano  muestran que China es ya hoy el principal prestamista de la región, por delante del Banco Mundial, el BID o la CAF. Además, China ha invertido en sectores telecomunicaciones, energía eléctrica, tecnologías verdes y tierras, y se prevé que se extienda a manufacturas e innovación. Pero lo realmente importante es que el anuncio de que estas inversiones alcanzarán 250 mil millones de dólares en 2025, tendría que acompañarse de una mayor transparencia y una mejor regulación. Incumbe a los gobiernos de la región ser más proactivos y exigir una mejor calidad de la inversión, en particular en el área medioambiental. Y China tiene que seguir haciendo esfuerzos por entender los retos específicos de la región y las prioridades de desarrollo de América Latina.

Los tres desafíos – diversificación, capital humano y financiamiento – se afrontarían mejor con mayor coordinación, por ejemplo sobre la base de plataformas existentes, como Mercosur y la Alianza del Pacífico.

Nuestro informe regional, Perspectivas Económicas de América Latina, elaborado junto con la CEPAL y la CAF se concentra este año en la relación, presente y futura, entre América Latina y China.

Es el momento de avanzar hacia una nueva asociación con China, en la que todos ganen. China podrá seguir contando con América Latina como un socio comercial fiable y un destino atractivo para sus inversiones. Y América Latina podrá mantener a China un inversionista fiable y un destino para sus productos y servicios. En palabras de Confucio, el gran arquitecto del pensamiento chino de hoy, y que recupera el espíritu de nuestro informe: “La armonía es algo para atesorar”.

 

This article first appeared in EL PAÍS on December 25, 2015. Read it anew here: http://elpais.com/elpais/2015/12/24/opinion/1450957195_510126.html

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