Lanzamiento del informe perspectivas económicas de América Latina 2014

 

Palabras de Angel Gurría, Secretario General de la OCDE, durante el XXIII Cumbre Iberoamericana


18 Octubre 2013, 17h00, Ciudad de Panamá, Panamá



Secretario General Iberoamericano, Ministros y Cancilleres, representantes de Organismos Internacionales, Señoras y Señores:

 

Es un honor estar con ustedes compartiendo los principales resultados de nuestro informe Perspectivas Económicas de América Latina 2014 (LEO), que un año más — y ya van siete! — presentamos en el marco de la Cumbre Iberoamericana.

 

Quiero empezar agradeciendo a los Gobiernos presentes por su apoyo continuo a este trabajo, en especial al Gobierno Español que apoya el LEO desde sus inicios. Y por supuesto, quiero agradecer a Alicia Bárcena y a Enrique García por la fructífera colaboración entre nuestras instituciones. Este es el primer año en el que la CAF se ha incorporado al equipo de autores, enriqueciendo nuestro trabajo de monitoreo y análisis.

 

Para ofrecer una buena panorámica del informe, hemos decidido con Alicia y Enrique dividirnos el trabajo de esta presentación. Yo centraré mi intervención en la parte macroeconómica, tendiendo un puente hacia el comentario de Alicia sobre el cambio estructural que América Latina requiere, y que Enrique vinculará con las necesidades de infraestructura y logística de la región.

 

Situación macroeconómica: un entorno internacional menos favorable

El primer mensaje del LEO es que el entorno internacional menos propicio plantea nuevos desafíos a la región. La desaceleración de la demanda externa y reducción en el volumen comercial, la moderación en los precios de las materias primas que la región exporta, y la incertidumbre generada por un eventual endurecimiento en las condiciones financieras y monetarias globales dificultan el contexto para que las economías latinoamericanas puedan crecer como en la década pasada.

 

Esto encamina a América Latina y el Caribe hacia un crecimiento más moderado. De hecho, las últimas previsiones de crecimiento para la región en 2013  ubican la tasa de crecimiento algo por debajo del 2,9% registrado en 2012.  Si bien estas tasas son superiores a la media de la OCDE, distan del ritmo que observamos en muchas economías asiáticas y se encuentra por debajo del potencial regional, así como del 4% de media de los últimos diez años (2003-2012).

 

El espacio de maniobra para las políticas macroeconómicas también es algo más limitado. Si hace cinco años cabía hablar de superávit gemelos en buena parte de los países latinoamericanos – tanto por cuenta corriente como fiscal –muchas de estas economías se han movido hacia déficits gemelos.

 

Esta situación muy probablemente se mantendrá en el corto plazo. El saldo de la cuenta corriente para el conjunto de la región alcanzará un déficit del 2% del PIB en 2013. Si bien mucho de país a país y en nivel agregado es mucho menor que en las crisis de los años 80 y 90, es importante monitorear las cuentas externas y la necesidad y las modalidades de su financiación.

 

Al mismo tiempo que las condiciones financieras globales se han endurecido, los saldos fiscales se han deteriorado en 2.3 puntos porcentuales del PIB  en promedio, pasando de un saldo positivo del 0.7% en 2007 al -1.6% en 2012.  

 

Esta perspectiva acentúa los retos estructurales que América Latina enfrenta y da lugar a la siguiente pregunta: ¿cuáles deben ser las prioridades de la política económica en este escenario?



La prioridad: reformas estructurales que mejoren la competitividad

Los gobiernos de la región tienen que concentrar sus esfuerzos en la implementación de reformas estructurales que permitan elevar el crecimiento potencial y la productividad. Si bien las prioridades específicas varían según cada país, las economías latinoamericanas enfrentan algunos retos comunes.

 

En primer lugar, resulta indispensable impulsar reformas que reduzcan la brecha de productividad laboral entre la gran mayoría de los países de la región y los países desarrollados, la cual no ha disminuido en las últimas tres décadas. De hecho, los dos países latinoamericanos de la OCDE – México y Chile – tienen la productividad más baja entre los países miembros de nuestra Organización, por debajo también de países no miembros como Rusia y Estonia.

 

Ante esta baja productividad, es necesario impulsar políticas que permitan aprovechar las actuales dinámicas y oportunidades que ofrece la economía global, mejorando la competitividad de las economías latinoamericanas. El ascenso de las grandes economías emergentes asiáticas ha favorecido el rol de la región como proveedor de recursos naturales al mundo entero. Sin dejar de lado esta oportunidad, es indispensable aprender de los errores del pasado y diversificar la estructura productiva hacia actividades sostenibles e intensivas en conocimiento y  tecnología, que generen empleos de calidad.

 

Nuestro informe sugiere algunas de las vías que la región puede explorar para lograrlo. Desde incentivar más decididamente el comercio intrarregional – el “gran olvidado” de la inserción comercial de la región — hasta fomentar estrategias que favorezcan una mayor generación y captura de valor agregado en las cadenas globales de valor.

 

Subir en la escala de las cadenas globales de valor

En la OCDE venimos trabajando estrechamente con la OMC en el estudio de estas cadenas globales de valor. Hemos elaborado una nueva base de datos sobre flujos comerciales expresados en términos de valor agregado (TiVA), en lugar de en términos nominales. Las cifras nos enseñan que los productos intermedios representan el 56% del total del comercio global de productos, y hasta el 73% del total del comercio global de servicios.

 

Por cierto, una de las oportunidades para generar mayor valor agregado en la región son los servicios. El análisis TiVA muestra la importancia de los servicios como generadores de valor, incluso en industrias de manufacturas. Por ejemplo, en varios países latinoamericanos, los servicios generan entre el 25% y el 30% del valor agregado total en un gran número de industrias manufactureras. La región cuenta también con algunas ventajas que la hacen especialmente atractiva, por ejemplo la proximidad a grandes mercados como el norteamericano.

 

Estas ventajas deben aprovecharse mejor. ¿Y cómo se logra esto? Nuestro estudio de este año se enfoca en una herramienta clave para elevar la competitividad y aprovechar al máximo las ventajas comparativas de las economías latinoamericanas en las cadenas globales de valor: la logística. El informe señala que una mejora en el desempeño logístico podría generar un aumento de la productividad laboral de hasta el 35%.

 

Al mismo tiempo, la reducción de los costos logísticos fomentaría el comercio intrarregional, en especial entre PYMES. Ello podría lograrse no sólo mediante la inversión en infraestructura de transporte, sino también por medio de la adopción de medidas “blandas” como la mejora institucional, la simplificación aduanera, la competencia en el sector transporte, y la incorporación de las nuevas tecnologías de información y comunicación a los sistemas y procesos logísticos.

 

Señoras y Señores,

 

Erich Fromm alguna vez escribió que “no progresas mejorando lo que ya está hecho, sino esforzándote por lograr lo que aún queda por hacer.” En los últimos años nos hemos estado dando palmadas en la espalda por el progreso en materia de crecimiento, de reducción de la pobreza y de aumento de las clases medias.

 

Y aunque ciertamente han sido logros importantes, el actual contexto nos ofrece un “reality check” que nos recuerda lo vulnerables que siguen siendo las economías y sociedades latinoamericanas, en especial esas llamada “clases medias” de las que tanto se habla. Todavía queda mucho por mejorar en materia de crecimiento y competitividad, de pobreza y desigualdad, de servicios públicos y oportunidades para desarrollar una vida digna.

 

Nos urge elevar nuestra productividad, la generación de empleos formales, el nivel educativo y la calidad de los servicios públicos, entre otros, para que los beneficios del crecimiento se repartan con justicia. El impulso reformista de la región debe aspirar a un crecimiento incluyente y sostenible. Cuenten con el apoyo de la OCDE para lograrlo.

 

 

 

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