Comercio y competencia en Argentina, Brasil y Chile: Algo más complejo que la a-b-c : Resumen

 

El desarrollo del sector transable ha sido, y continúa siendo, una preocupación constante para los políticos de Argentina, Brasil y Chile (A B C). El incremento de la competitividad internacional es clave para el permanente reto de la zona de generar un superávit de exportación neto que financie las obligaciones de pago de la deuda sin restringir el crecimiento de la demanda interior. El debate político sobre el sector transable se centra normalmente en los riesgos de la especialización en productos primarios, debido a su porcentaje cada vez menor en el comercio internacional y a la volatilidad de precios. Hasta principios de la década de los ochenta, las barreras comerciales y la baja elasticidad renta de los productos primarios se utilizaron como argumento para justificar las políticas de sustitución de las importaciones y los controles sobre las importaciones de bienes de capital. Tras la liberalización del comercio registrada a finales de la década de los ochenta y durante los noventa, se adoptó un enfoque más horizontal. Los principales temas políticos evolucionaron hacia el modo de diversificar las exportaciones y generar productos de mayor valor añadido. En dicho contexto, las barreras comerciales existentes en los países de la OCDE se consideran como un obstáculo que impide que dichas economías materialicen su potencial competitivo. Al restringir las exportaciones, esas barreras comerciales ponen en peligro el crecimiento sostenible, puesto que reducen la capacidad de importación y concretamente, los productos de inversión que respaldan la transformación y el crecimiento a largo plazo.

Las políticas nacionales no siempre han sido coherentes con el objetivo de desarrollo del sector transable. En Argentina, a pesar del impulso económico conseguido con las reformas orientadas al mercado de la década de los noventa, la economía fue incapaz de superar las restricciones impuestas por un tipo de cambio fijo mantenido de forma sagrada en una “currency board” (una caja de cambio que aseguraba el cambio fijo de un peso un dólar). A pesar de la aprobación de la Ley sobre competitividad en 2001, esta norma no fue suficiente para infundir un nuevo vigor a la economía. A principios de 2002, Argentina tuvo que abandonar el régimen cambiario de la “currency board” y entró en una grave crisis económica y de endeudamiento. Tras el impago de la deuda pública y una amplia corrección del tipo de cambio, en 2003 la economía argentina comenzó a recuperarse. En Chile, a pesar de las prontas y amplias reformas liberales, la disminución de la inversión y del crecimiento tras la crisis de los mercados emergentes de los años 1997-98 hizo que la perspectiva de que la tradicional estructura exportadora del país constituye un obstáculo, porque disminuye su resistencia a las crisis externas, cobrase relevancia. Brasil, donde a principios de la década de los noventa se llevaron a cabo reformas estructurales en una débil coyuntura macroeconómica, tuvo que abandonar su régimen de paridad gestionada en 1999. Desde entonces, la depreciación de su tipo de cambio y el satisfactorio control de la inflación han respaldado una reorientación progresiva de las empresas nacionales hacia los mercados extranjeros. Más recientemente, el país ha aumentado considerablemente su superávit comercial y ha diversificado las exportaciones, tanto en lo que a mercados como a productos se refiere.

El escaso rendimiento del crecimiento de América del Sur durante la década de los noventa se ha achacado, entre otras causas, al heterogéneo rendimiento del sector transable. Dicha opinión está respaldada por el hecho de que la mayoría de los episodios de crisis de América del Sur hayan estado asociados a un pronunciado desequilibrio de las contribuciones al crecimiento por parte de los sectores transable y no transable. En épocas de rápido crecimiento y aumento de las importaciones, el sector transable nacional fue incapaz de mantener dicho ritmo. En última instancia, los amplios déficits comerciales conllevaron un endurecimiento de las políticas macroeconómicas, un descenso de la demanda interior y una desaceleración del crecimiento económico.

Dada esta coyuntura, el presente estudio tiene por objeto contribuir al conocimiento de los mecanismos y las interacciones del mercado que apoyan el fortalecimiento y la diversificación del sector transable. Se sigue un enfoque “de arriba abajo”, que comienza tratando el impacto de las políticas cambiarias en el precio relativo de los bienes transables y no transables, puesto que ese ha sido uno de los principales canales de influencia en la asignación de factores a uno u otro de estos dos amplios sectores. En estas líneas, el primer capítulo se basa en un modelo econométrico para descifrar el papel de los regímenes de tipo de cambio fijo frente a otros factores, al explicar las tendencias de los precios relativos, tales como el tradicional efecto Balassa-Samuelson, las entradas de capital, los gastos estatales y las condiciones comerciales.

Dentro del sector transable, existen diversos tipos de mercados. En aquellos formados por productos relativamente homogéneos y pequeñas empresas, los costes laborales son el principal factor determinante del rendimiento del mercado, aunque las barreras comerciales exógenas pueden constituir un obstáculo para la aparición de productores más competitivos en los mercados internacionales. Por contra, en los mercados con productos enormemente diferenciados y con pocas pero grandes empresas, la competitividad de las mismas no sólo depende de los costes laborales, sino que exige además grandes inversiones en investigación y desarrollo (I+D) y en marketing. A su vez, estas inversiones crean barreras de entrada endógenas (a través de altos costes hundidos) que pueden restringir la habilidad de los nuevos partícipes de mercados emergentes para avanzar hacia productos diferenciados. El Capítulo 2 del presente texto elabora una taxonomía de las estructuras de mercado. Posteriormente, trata el modo en que influyen las imperfecciones del mercado, junto con las políticas, en la especialización y el rendimiento de las exportaciones. En ese sentido, se comparan las tendencias registradas en A-B-C con las de tres países de la OCDE (Corea, Irlanda y México).

En mercados caracterizados por una competencia imperfecta, el comercio y los flujos de capital internacional más que sustituirse, en realidad se complementan. La inversión extranjera directa también tiene consecuencias inmediatas positivas para la difusión del conocimiento, la adopción de las mejores prácticas y los avances en el entorno empresarial. Concretamente, para entrar en mercados con productos diferenciados, las empresas nacionales pueden beneficiarse de las redes de producción mundiales de las multinacionales y superar las barreras inducidas por el mercado. No obstante, las pruebas obtenidas de A-B-C en la década de los noventa, tal como se expone en el Capítulo 3, no constituyen un ejemplo completo de dichas proposiciones, sobre todo porque la inversión extranjera directa en esos países se ha dirigido principalmente a las industrias preliminares, en el contexto de programas de privatización masivos.

Entre las ventajas comparativas más importantes que se han descubierto de A-B-C se encuentran la agricultura y los productos alimentarios. En el Capítulo 4, se presenta un debate sobre su potencial y restricciones para un mayor desarrollo. Dicho capítulo muestra que debe contraponerse el gran potencial de expansión de este sector a las numerosas barreras arancelarias y no arancelarias que limitan el acceso al mercado, sobre todo en relación con los productos agroalimentarios de mayor valor añadido. Las estrategias de diferenciación de los productos que han tenido éxito han contribuido a contrarrestar parcialmente dichas barreras, pero su ámbito de aplicación podría ampliarse aún más.

Por último, el desarrollo del sector transable depende también de la existencia y el rendimiento de las políticas e instituciones del mercado. Concretamente, el rendimiento del sector transable depende del grado de competencia de los servicios no transables, que no están expuestos a la disciplina del mercado externo. En A-B-C, la política sobre competencia es especialmente importante puesto que hasta hace poco, estos países estaban dominados por características de concentración de mercado y empresas estatales. En el último capítulo, se hace una revisión de la bibliografía pertinente y de casos de estudio de Argentina que ofrece argumentos de referencia, además de conocimientos empíricos.

Los hallazgos más importantes del estudio se pueden resumir como sigue:

  • En Argentina y Brasil, los regímenes de tipo de cambio fijo o casi fijo contribuyeron en el pasado a la distorsión del precio relativo entre los sectores transable y no transable y alejaron el centro de gravedad de la economía del primer sector. La experiencia chilena, con un régimen cambiario más flexible, constituye un ejemplo opuesto de tales efectos. 
  • El sector transable de A-B-C se enfrenta a barreras de mercado generalizadas. Por lo que respecta a los productos homogéneos, en los que América del Sur posee sus principales ventajas comparativas, las exportaciones se ven sometidas a cotas arancelarias máximas y barreras no arancelarias existentes en los países de la OCDE. En cuanto a los productos diferenciados, América del Sur se enfrenta a barreras de mercado naturales creadas por la necesidad de incurrir en elevados gastos de I+D o publicidad. A pesar de que las barreras políticas al comercio se podrían reducir mediante acuerdos comerciales, las barreras endógenas de mercado sólo podrían superarse mediante la entrada en las redes de producción internacionales a través de joint ventures, de la subcontratación y, tal vez lo más importante, de la inversión extranjera directa. 
  • Los tres países han logrado atraer cantidades importantes de inversiones extranjeras directas, aunque hasta el momento éstas se hayan destinado principalmente a los sectores primarios en los que dichos países ya poseen ventajas competitivas, y a segmentos específicos del sector no transable (principalmente infraestructuras y banca). A la vista de dichas observaciones, la inversión extranjera directa no parece haber contribuido directamente a la diversificación del sector comercial de A-B-C. Salvo por algunos avances positivos en determinados nichos de mercado como la industria del automóvil, se podrían realizar más esfuerzos para atraer inversiones en sectores que generan productos diferenciados. En oposición a A-B-C, la inversión extranjera directa contribuyó a que se produjera un cambio radical en la estructura de especialización de México. Este caso es único en la zona, pero podría presentar también una gran debilidad dada la enorme dependencia del mercado estadounidense y los niveles considerablemente bajos de I+D nacional. Por tanto, México podría mantener una gran sensibilidad a la competencia de precios pura. 
  • Los productos alimentarios y agrícolas son el factor que más contribuye a las exportaciones en A-B-C y siguen teniendo enormes posibilidades de expansión. En primer lugar, en Argentina y Brasil sigue existiendo una gran cantidad de pastos permanentes que pueden convertirse en terrenos de cultivo. A B C tienen también posibilidades de aumentar la productividad de los terrenos y la mano de obra y las exportaciones de productos alimentarios procesados. En este sentido, Chile ha logrado crear, en cierto modo, productos diferenciados procedentes de grupos de empresas primarias, entre los que destaca el sector del vino, aunque no es el único ejemplo. Para aumentar la producción y las exportaciones de productos alimentarios, A B C deben reducir los costes de la logística, mejorar el acceso a créditos, y contar con una mayor coordinación de los distintos agentes de la cadena alimentaria. La estructura cada vez más concentrada del sector alimentario en todo el mundo sugiere que la inversión extranjera directa puede desempeñar un papel fundamental para fomentar el desarrollo de este importante segmento del sector transable. 
  • La promoción de la competencia no sólo es importante para el sector transable, sino también, e incluso en mayor medida, para el no transable, que se encuentra protegido frente a la competencia internacional. Un sector no transable que se acomoda sobre rentas elevadas distorsiona la asignación de recursos a expensas del sector comercial. La política sobre competencia de A-B-C ha pasado de aplicarse siguiendo las reclamaciones privadas, a la defensa de la competencia y su contribución al diseño de reformas reglamentarias. Sin embargo, A-B-C siguen necesitando fortalecer las políticas con las que cuentan en este ámbito, así como los marcos reglamentarios, sobre todo en infraestructuras. Hay que destacar que es necesaria una mayor inversión privada en los tres países, aunque ésta sólo se podrá materializar si los inversores consideran el entorno reglamentario lo suficientemente atractivo y legalmente estable.

 

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