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OECD Secretary-General

X Encuentro Empresarial Iberoamericano: Promoviendo la Innovación y la Competitividad en Iberoamérica

 

Palabras de Apertura de Angel Gurría, OCDE Secretario General, X Encuentro Empresarial Iberoamericano: Promoviendo la Innovación y la Competitividad en Iberoamérica

Veracruz, 7 de diciembre de 2014 
(As prepared for delivery)

Señor Director General de ProMéxico, distinguidas Empresarias y Empresarios, Señoras y Señores:

Es un placer participar en este décimo Encuentro Empresarial Iberoamericano, no sólo porque tiene lugar en mi país, en el bello Puerto de Veracruz, sino también porque el tema que vamos a abordar es de enorme relevancia para Iberoamérica: la innovación como motor de desarrollo.



A los países de América Latina y el Caribe, pero también a España y Portugal, les urge mejorar su competitividad.


Y esto en gran parte depende de los esfuerzos para insertar a la región en la economía del conocimiento, en los flujos globales de innovación y en las cadenas de valor agregado. Es un tema neurálgico para el desarrollo de nuestros pueblos. 

 

Permítanme comenzar con algunas palabras sobre el contexto económico en el que América Latina enfrenta este desafío.

Angel Gurría, Secretary-General of the OECD and Michelle Bachelet, President of Chile at the XXIV Ibero-American Summit. Veracruz, Mexico. Photo: Ministerio de Relaciones Exteriores de Mexico.

El Panorama Económico de América Latina

Después de una fase de impresionante expansión, América Latina se encuentra ahora en un periodo de desaceleración. Durante 2014, el crecimiento promedio de la región rondará el 1.4%; el nivel de crecimiento más bajo en los últimos 5 años. De hecho, si este pronóstico se concreta, va a ser la primera vez, en los últimos 10 años, que América Latina crezca menos que el promedio de la OCDE.

Pero más allá de la coyuntura, la pregunta clave es si estamos ante un ajuste permanente en la capacidad de crecimiento potencial de la región. Y aquí nuestro análisis demuestra que sí, en efecto, el crecimiento potencial de América Latina es hoy más bajo, ubicándose más cerca del 3% que del 5% que se llegó a calcular hace algunos años.

Y es que, una vez pasados los vientos favorables provenientes del exterior ─ principalmente vinculados al crecimiento de la demanda y a los precios de las materias primas ─, ahora hay que remar desde adentro y resulta que la capacidad de crecimiento endógeno de la región, sigue siendo limitada.

América Latina sigue enfrentando una serie de desafíos estructurales y cuellos de botella que afectan su competitividad y su capacidad de desarrollo:  baja productividad, alta informalidad, frágil estado de derecho, logística ineficiente y débil competencia, por poner algunos ejemplos.

Abordar estos desafíos requiere una nueva ola de reformas en materia fiscal, judicial, laboral, financiera, educativa, de competencia y regulatoria, entre otras. Varios países latinoamericanos siguen promoviendo reformas importantes en algunas de estas áreas y la OCDE sigue apoyando muchos de estos esfuerzos. ¡Pero falta mucho camino por recorrer!

Uno de los campos cruciales en los que América Latina, y en algunos casos también España y Portugal, requieren cambios estructurales para aumentar su competitividad es precisamente en innovación, el tema que hoy nos concierne.

La innovación: el motor económico más resistente

La innovación es la ventaja comparativa de la economía del conocimiento, el motor más resistente a las crisis. También es el reflejo de un sistema de educación y competencias bien integrado, funcional y eficiente. Desde luego que no es la panacea, pero sí es un indicador muy fiel del potencial de desarrollo de un país, de la fortaleza de una economía, de la visión de sus líderes y empresarios.

América Latina es uno de los lugares con más ingenio y creatividad del mundo, pero la capacidad de innovación de nuestros países sigue siendo muy limitada. De acuerdo con estimaciones del Centro de Desarrollo de la OCDE, el capital de innovación de América Latina asciende a tan solo un 13% del PIB, en comparación con un 30% en la OCDE. 

El gasto bruto nacional de Chile y México en Investigación y Desarrollo es de apenas 0.4%, comparado con un 2.4% promedio en la OCDE; el de Corea es de 4.4% y el de Israel 3.9%.

Otro de los factores que explica la baja capacidad de innovación de la región son los bajos niveles de participación del sector privado latinoamericano en la innovación y en actividades conducentes a la innovación. El gasto de las empresas en investigación y desarrollo (I+D) en Argentina, Colombia, Costa Rica y México representa menos del 0.2% del PIB, en contraste con 3.4% en Corea o cerca del 2.3% en Finlandia y Suecia.

Con estos niveles tan bajos de innovación no vamos a llegar muy lejos. Los gobiernos de América Latina tienen que promover la creación de sistemas nacionales de innovación, integrando a los diferentes Ministerios, al sector privado, al sector financiero, al sector académico, a la sociedad civil, y a las organizaciones internacionales.

La construcción de dichos sistemas requiere crear una serie de condiciones e incentivos fundamentales: un marco regulatorio que fomente la participación de las empresas en la innovación; infraestructura física y de TICs que facilite el desarrollo de plataformas de inversión en conocimiento e innovación; programas de apoyo a la innovación entre las PYMES; una estrategia para vincular la promoción de inversiones con las políticas de innovación; y una fuerza de trabajo bien educada y apoyada para desarrollar sus capacidades.

También resulta esencial fortalecer los programas para la creación de start-ups. Las start-ups contribuyen de manera determinante al cambio estructural. Cuentan con un grado mayor de flexibilidad que les permite “romper esquemas”, introducir nuevos productos y servicios intensivos en conocimiento y dinamizar la productividad en varios sectores.

Recordemos, sin embargo, un principio básico para que este esfuerzo arroje buenos resultados: Toda estrategia de innovación para la competitividad debe estar fincada en un sistema educativo de alta calidad.

Educación de calidad: la base de la innovación y la competitividad

Desafortunadamente, la educación es el tendón de Aquiles de América Latina. Si bien algunos países en la región han tenido avances importantes en materia de cobertura y gasto en educación, en muchos países los niveles de deserción escolar siguen siendo elevados; los estudiantes latinoamericanos de 15-16 años siguen quedando en los últimos lugares de la prueba PISA; e inclusive los alumnos con las mejores calificaciones tienen un retraso de más de 2 años de escolaridad con respecto a los países de la OCDE.

El desempeño de los estudiantes también se ve afectado por la desigualdad. Una tercera parte de las diferencias en desempeño entre estudiantes latinoamericanos se explica por su estatus socioeconómico. De hecho, sólo el 9% de los estudiantes en el quintil más bajo logra acceder a la universidad, mientras que casi el 50% de los jóvenes en el quintil de ingresos más alto lo logran. 

Pero aún si estos estudiantes acceden a una universidad latinoamericana y logran la excelencia, quedan en desventaja, pues no hay ninguna universidad latinoamericana entre las “top 100” del mundo.

Finalmente, los esfuerzos por mejorar la educación deben compaginarse con una mejor sintonía de la oferta educativa con las competencias, destrezas y habilidades requeridas por el mercado laboral. Este es un campo en el que también hay mucho que hacer. América Latina es una de las regiones con mayores problemas para satisfacer la demanda de competencias de sus empresas. 

La OCDE está trabajando con algunos países latinoamericanos, así como con España y Portugal, para identificar y desarrollar  las competencias necesarias. Tenemos planeado ampliar la cooperación en este rubro.

Señor Director General, Señoras y Señores:

Educación, innovación, y competencias, son los tres vértices para insertar a nuestros países en el carril de la alta competitividad, en la economía del conocimiento, en las cadenas globales de valor, en la era digital.

Pero, como lo señala el estudio Perspectivas Económicas de América Latina 2015, que presentamos cada año en el marco de la Cumbre Iberoamericana, es crucial que las políticas en estos tres campos estén integradas y orientadas hacia la creación de economías más incluyentes y más sustentables.

Armados con los mejores prácticas en educación, innovación y competencias –que la OCDE aporta- y agregando los necesarios recursos humanos y financieros y la indispensable voluntad de cambio y superación - que deben aportar los gobiernos- y añadiendo finalmente la visión y la ambición de una clase empresarial moderna y competitiva, podemos, juntos, diseñar, promover y poner en práctica mejores políticas de innovación para una vida mejor.

Muchas gracias.

 

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