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OECD Secretary-General

Seminario ITAM: Perspectivas Económicas 2016 - México en el Entorno Internacional: Desafíos y Oportunidades

 

Palabras de Angel Gurría,

Secretario General, OCDE

Ciudad de México, 8 de enero de 2016

(Versión para su distribución)

 

 

Señoras y Señores,

 

Me da mucho gusto participar en el Seminario del ITAM Perspectivas Económicas 2016. Agradezco a Arturo Fernández Pérez, a Lorenzo Meade, y a Benito Solís, por la amable invitación.

 

Permítanme compartir con ustedes algunas reflexiones sobre cómo vemos desde la OCDE el contexto económico internacional y la situación y evolución de México.

 

 

Un difícil contexto económico internacional

 

Después de siete años de crisis, la economía mundial sigue enfrentando serios problemas de recuperación. De acuerdo con nuestro estudio “Perspectivas Económicas 2015”, que acabamos de presentar en noviembre pasado, la recuperación de la economía mundial sigue siendo titubeante y dispareja, complicada por crecientes tensiones geopolíticas.

 

Las economías emergentes, que hasta hace poco eran el motor principal de la economía mundial, se han desacelerado ante la caída de los precios internacionales de las materias primas, el cambio hacia tasas más moderadas de crecimiento de China (6.8% en 2015, 6.5% en 2016 y 6.2% en 2017) y la recesión en Brasil y Rusia.

 

Si bien el crecimiento en Estados Unidos ha recobrado fuerza (2.4% en 2015) Europa todavía no despega (Zona Euro 1.5%), mientras que Japón sigue en terreno complejo, con un crecimiento de solo 0.6%. Este panorama, aunado a la desaceleración de las economías emergentes y al muy pobre crecimiento del comercio internacional, de las inversiones y del crédito, explican el bajo crecimiento de la economía mundial en 2015, 2.9% (la tasa más baja desde 2009), así como nuestras previsiones de un incremento moderado en 2016 (a un 3.3%) y un poco mejor en 2017 (3.6%). Todas las previsiones inferiores a la tasa de crecimiento pre-crisis, de 4%.

 

En este contexto económico internacional, complicado e incierto, México está impulsando los cambios estructurales más importantes de su historia reciente.

 

 

México está haciendo bien las cosas

 

México está dando pasos importantes para mejorar su desempeño económico. Con base en una política macroeconómica responsable y una política monetaria prudente, la implementación de la batería de reformas que ha venido impulsando el Gobierno del Presidente Peña Nieto está ya dando algunos primeros frutos.

 

La reforma laboral ha permitido más que duplicar la creación de nuevos puestos de trabajo durante los primeros 25 meses de su aplicación (en comparación con los 25 meses previos). La reforma educativa ya está evaluando, capacitando e incentivando a nuestros maestros. La reforma de las telecomunicaciones ha abierto el sector a la inversión extranjera en un 100% y la radiodifusión a un 49% y ha fortalecido la regulación y al regulador. La reforma financiera ha flexibilizado otros sectores a la inversión extranjera, como los seguros y las casas de cambio. La reforma energética ha reducido los precios de la electricidad industrial en alrededor de 30% (comparando diciembre de 2014 con diciembre de 2015), y ya se están logrando resultados muy favorables en la atracción de inversión extranjera al sector, a pesar de los actuales bajos precios del petróleo. Los inversionistas piensan en el mediano y largo plazos.

 

Gracias a este tipo de medidas y señales, los flujos de inversión extranjera directa (IED) hacia México durante los primeros nueve meses de 2015 superaron en un 41% a los del mismo período de 2014, alcanzando los 21,500 millones de dólares. Por estas y otras razones, prevemos que México crecerá por arriba del 3% en 2016 y 2017.

 

Por supuesto, falta mucho por hacer para garantizar la implementación cabal de estas reformas y asegurar además que produzcan beneficios para los más vulnerables. Pero lo importante es que las reformas ya están propiciando cambios de fondo en el sistema económico y político mexicano. Esto es crucial, porque nos urge mejorar, venimos de muy atrás y los desafíos que enfrentamos son enormes.

 

 

Grandes desafíos por delante

 

Permítanme destacar cuatro desafíos que consideramos cruciales para el desarrollo de México:

 

Primero, los bajos niveles de productividad. México sigue teniendo los niveles de productividad más bajos de la OCDE, 60% por debajo del promedio. Esta brecha se acentuó a lo largo de las dos últimas décadas. La productividad total de los factores incluso se redujo en México en 1.4% anual en promedio entre 2000 y 2014. Vamos para atrás.

 

Este es el reflejo de los rezagos que tenemos en materia de inversiones; en nuestro sistema educativo; en los bajos niveles de competencias y habilidades; pero también los bajos niveles de I+D, tanto en nuestro sector empresarial como en el sector público.

 

Segundo, los altos niveles de desigualdad. México tiene uno de los niveles de desigualdad más altos de la OCDE. El ingreso promedio del 10% más rico de los mexicanos es 30 veces mayor que el ingreso promedio del 10% más pobre (el promedio en la OCDE es de 10 veces). El sistema de pensiones actual cubre a una reducida proporción de la fuerza laboral y resulta en tasas de sustitución (o remplazo) tan bajas que amenazan a los trabajadores pensionados con la pobreza y al fisco con una gran presión fiscal. Estos niveles de desigualdad son una fuente de tensión social y política y un obstáculo para el crecimiento.

 

Tercero, los altos niveles de informalidad. México tiene el nivel más alto de informalidad laboral de la OCDE, con una tasa cercana al 58%. La informalidad limita la productividad, debilita la capacidad recaudatoria del estado mexicano, y reproduce y enquista las desigualdades. También conspira contra un sistema de pensiones funcional, efectivo y justo.

 

Y cuarto, la corrupción. Nuestro país tiene niveles muy altos de percepción de corrupción y muy bajos de percepción de apego al estado de derecho. Esto tiene un impacto político y social, pero también económico. Un sistema judicial de baja calidad dificulta el cumplimiento de los contratos y los procedimientos de insolvencia lo cual tiende a reducir el tamaño de las empresas y su intensidad de capital.

 

Para enfrentar con éxito estos desafíos, México tiene que intensificar la implementación de las reformas impulsadas en 2012-2014. Pero también tiene que lanzar una nueva ola de reformas y políticas enfocadas particularmente a fortalecer el estado de derecho y combatir las desigualdades y la informalidad. Es muy positivo ver que se está avanzando para fortalecer la integridad, la transparencia y el combate a la corrupción, así como en la mejora del sistema procesal.

 

La implementación de la reforma del sistema judicial es crucial. La reforma de los programas Prospera y Seguro Popular, la creación de las Zonas Económicas Especiales (en Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Veracruz), la unificación y redefinición del salario mínimo, son todos pasos importantes hacia un crecimiento más incluyente. El desarrollo de una Estrategia Nacional de Competencias, Destrezas y Habilidades, de toda la fuerza de trabajo del país, sería otro gran impulso. La OCDE puede ayudar a México en este terreno, como ya lo hace con España, Corea, Portugal, Noruega, Italia y otros países. Es un elemento clave de la productividad.

 

Pero hay otro elemento clave para poder fomentar un crecimiento más sólido, más incluyente y más sustentable, que quisiera mencionar, especialmente en una universidad, en un centro del saber: me refiero a un cambio en la mentalidad económica de México. Me refiero a la necesidad de revisar y modernizar el pensamiento económico de nuestras instituciones, de nuestras universidades, de nuestros tomadores de decisiones.

 

 

Nuevos enfoques para los desafíos económicos (el NAEC en México)

 

Esta crisis ha puesto de manifiesto las grandes debilidades de la economía como ciencia social y de muchas políticas basadas en el pensamiento económico tradicional. Sentíamos que todo lo sabíamos o que todo lo podíamos proyectar, simular, modelar y anticipar acertadamente.  Hoy sabemos que no es así. Pero la crisis también ha abierto la oportunidad para actualizar nuestros conceptos y teorías. Nuestras universidades no pueden seguir enseñando la misma economía de hace 30, 20, e incluso 10 años. Nuestras instituciones y las propias organizaciones internacionales tienen el deber de mirarse en el espejo y cuestionarse, y cambiar los enfoques que no han funcionado.

 

Por ello la OCDE lanzó hace tres años la iniciativa Nuevos Enfoques para los Desafíos Económicos (NAEC) para cuestionar, revisar y replantear nuestros análisis y nuestras recomendaciones de políticas económicas, sociales, medioambientales y de buen gobierno, para poder promover ese crecimiento más sólido, incluyente y sustentable al que hacía referencia anteriormente.

 

Este esfuerzo, del cual México forma parte, está replanteando los preceptos de la política económica ortodoxa, aumentando el enfoque en el bienestar social; fomentando la integración del sistema financiero a la economía productiva; tomando más en cuenta la incertidumbre y la complejidad, los efectos indirectos y no deseados, los riesgos sistémicos y los efectos de red; promoviendo una perspectiva de más largo plazo y una nueva Productividad Incluyente. De hecho, ese es precisamente el tema de nuestra reunión Ministerial Anual de 2016, a celebrarse en junio próximo, bajo la presidencia de Chile. Invito al ITAM a contribuir a esta iniciativa.

 

 

Señoras y Señoras, Estimados amigos:

 

México está haciendo ajustes indispensables para mejorar su desempeño económico. Las reformas que ha impulsado el Gobierno del Presidente Peña Nieto ya están dando resultados. Es fundamental mantener el esfuerzo de implementación enfocado en la generación de beneficios para los 55 millones de mexicanos que todavía viven en condiciones de pobreza.

 

Para ello es crucial trabajar con las autoridades nacionales, estatales y municipales, ayudarlas a mejorar sus capacidades, sus regulaciones, sus instituciones y sus formas de gobierno. La OCDE está trabajando intensamente con muchos de estos gobiernos subnacionales con el apoyo del Gobierno Federal, en áreas como educación, habilidades y destrezas, desarrollo territorial, mejora regulatoria, igualdad de género, combate a la pobreza, medio ambiente, entre otros. Los estados, los municipios, las comunidades, las ciudades, las delegaciones, están al frente de la batalla para lograr más crecimiento, más incluyente, más sustentable. Son el “núcleo duro” de nuestra sociedad. Debemos trabajar juntos para fortalecerlos. Los dejo con una idea: cuenten con la OCDE, siéntanse cómodos con la OCDE. La OCDE está lista para seguir ayudando en el diseño, promoción y puesta en práctica de mejores políticas para una vida mejor.

 

¡Muchas gracias!