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OECD Secretary-General

Presentación del libro : “Can Finance Save the World?” de Bertrand Badré

 

Palabras de Ángel Gurría

Secretario General, OCDE

9 de enero de 2019 - Ciudad de México, México 

 

 

 

 

Estimado Bertrand Badré, Sr. Presidente del Consejo del Grupo Marhnos Nicolás Mariscal, miembros del panel, Señoras y Señores,


Me da mucho gusto que me hayan invitado a hacer un comentario en la presentación del libro de Bertrand Badré, “¿Pueden las Finanzas Salvar al Mundo?”. Quiero antes que nada agradecer a Nicolás Mariscal y al mismo Bertrand por incluirme en este ejercicio tan interesante.


Es importante subrayar que estamos presentando una obra que puede, y me atrevo a decir también que debe, tener un efecto considerable en la construcción de una economía mundial más equilibrada, más confiable, más incluyente y más sustentable. 

Es un libro que se propone realizar uno de los actos de acrobacia intelectual más osados y más necesarios de los últimos tiempos: interpretar y explicar el papel tan destructivo que jugó el sector financiero en la crisis más grande de nuestras vidas, para después proponer cómo convertir a las finanzas en una fuerza positiva de cambio, inclusión y prosperidad compartida.


El mismo Bertrand Badré nos lo dice al principio de la obra: “Este libro habla de las finanzas y de cómo las utilizamos, y la dirección que tomemos de aquí en adelante puede o bien salvar el mundo o llevarnos por el camino de la ruina.” Esa es la trascendencia del tema que estamos abordando. Ese es el peso y la responsabilidad del sistema financiero, de sus reguladores y supervisores, de sus operadores, de sus bancos, sus bancos centrales, sus agencias calificadoras de riesgo.


Ya lo vivimos. Una crisis crediticia en Estados Unidos se convirtió, en pocas semanas, en una crisis financiera global, luego en una crisis económica mundial, después en una severa crisis social y finalmente en una enorme crisis de confianza. ¿Una crisis de confianza en qué? Pues en el sistema financiero, por supuesto, pero también en muchas de las grandes instituciones que hemos creado en los últimos 100 años. Lo más grave es que, como afirma Badré en el libro, esta erosión de la confianza ya está contaminando también nuestra confianza en el futuro, en nuestros colegas, en nosotros mismos.


Y es que el impacto ha sido brutal. En 2014, estimamos que en las 19 economías de la OCDE más directamente afectadas por la crisis bancaria entre 2007 y 2011, la pérdida promedio de su potencial de producción fue cercana al 5%. Hoy muchos países siguen padeciendo los pesados legados de la crisis: bajo crecimiento; bajos niveles de comercio e inversión; altos niveles de endeudamiento; altos niveles de desempleo; y altos niveles de desigualdad.


En varios países de la OCDE, esto ha contribuido al resurgimiento de los cuatro “ismos”: el proteccionismo, el nacionalismo, el aislacionismo y el populismo. Las decisiones y políticas provenientes de algunas de estas corrientes ya están afectando las perspectivas de crecimiento de la economía mundial, desatando una guerra comercial y complicando significativamente la cooperación multilateral.


Y, como argumenta el libro, lo peor de todo es que, a pesar de los esfuerzos de reforma de los gobiernos para construir un sector financiero más transparente, más confiable y controlable, gran parte del sector ha vuelto a las mismas prácticas que desataron la crisis. Los derivados y productos sintéticos de alto riesgo siguen ahí. Los niveles superlativos de remuneración siguen ahí. Los escándalos por fraudes financieros siguen ahí. El too big to fail, si acaso, se ha vuelto un problema aún mayor. Todo esto sigue contribuyendo a la erosión de la confianza pública.


De hecho, la plena restitución de la confianza pública ─ y este es uno de los argumentos más interesantes de esta obra ─ no se producirá hasta que la sociedad perciba que el sector financiero es capaz de contribuir al bien de todos, y no solo al de unos pocos; y que se puede constatar que lo hace de una manera incluyente y sustentable.


Para ello, el sector debe aumentar su contribución positiva a las prioridades de la sociedad, a los proyectos de la sociedad. Para lograrlo, se requiere de una reforma profunda del sector financiero. Habría que “resetear” el sector financiero para que beneficie a las grandes mayorías, como argumenta la segunda parte de este libro.


Primero, resulta fundamental devolverle a las finanzas y a las instituciones financieras su esencia original como instrumento para el progreso humano y no como un fin en sí mismo. Segundo, hay que restablecer una cultura de responsabilidad social, de ética, de honestidad, en las filas de los dirigentes bancarios y, sobre todo, de los jóvenes que entran a trabajar a estas instituciones con tanta ambición y entusiasmo. Hay que enseñarles que “la ética es la nueva plusvalía”. Y tercero, hay que potenciar y reorientar la capacidad de innovación del sistema financiero para enfocarlo en el bien común.


Esta transformación, afortunadamente, ya se ha iniciado en muchos países. Estamos viendo una interesante proliferación de proyectos de finanzas éticas, bancos éticos. Conceptos como economía de la mutualidad, economía circular, inversión de impacto social, bonos verdes. Todas estas modalidades están floreciendo en los mercados. Pero hay que acelerar, hay que hacer más, hay que comunicar más y mejor esta necesidad y conectarla con las políticas públicas y las preocupaciones y sueños de la sociedad.


Un área con enormes oportunidades es el financiamiento verde. El sector financiero puede hacer mucho más para “ecologizar” la economía global y hacerla más resistente al cambio climático. Según una encuesta reciente, de los 100 mayores fondos de pensiones del mundo, más de 60 tienen poco o ningún enfoque hacia el cambio climático. Otra encuesta revela que el 72% de las mayores empresas del mundo aún no reconocen en sus informes anuales los riesgos financieros asociados al cambio climático. ¡Esto tiene que cambiar!


En la OCDE estamos trabajando intensamente en este campo. Es necesario asegurar la canalización de fondos hacia inversiones que contribuyan a combatir el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Nuestro estudio “Financiar los Futuros del Clima”, que publicamos en noviembre junto con la ONU y el Banco Mundial, al igual que este libro, argumenta que hacerlo requiere un mayor enfoque del sector en la infraestructura, un área en el que existe un enorme déficit de financiamiento, cercano a los 6.3 billones de dólares al año (6.3 trillion dollars per year).


El sector financiero también contribuiría al bien común garantizando que los servicios que comercializa sean más fácilmente comprensibles para el público. La crisis financiera puso de manifiesto los fallos en este campo. En una encuesta reciente en los países del G-20, solo la mitad de los adultos alcanzó la puntuación mínima de al menos 6 de los 9 comportamientos financieros necesarios para mejorar su situación financiera.


Estas carencias se sustentan en gran parte en una educación financiera insuficiente, inclusive a partir de la niñez. Más de uno de cada cinco estudiantes de 15 años que participaron en las pruebas PISA (el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) no superó el nivel 1 en las preguntas sobre cultura financiera, mientras que solo el 12% alcanzó el nivel máximo de 5. La educación financiera es fundamental.


También es crucial asegurar que la aplicación de las nuevas tecnologías a las finanzas fortalezca el crecimiento incluyente y sustentable. La aplicación de nuevas tecnologías al mundo financiero (fintech) está creando formas de interacción completamente nuevas entre las entidades financieras, los consumidores financieros, los mercados y las empresas. Tecnologías emergentes como blockchain, la inteligencia artificial y el análisis de macrodatos tienen el potencial de aumentar la eficiencia y la velocidad en las transacciones y de impulsar modelos de negocio y programas de desarrollo inéditos en el mundo financiero. Sin embargo, estas tecnologías podrían también causar perturbaciones y nuevos mecanismos de concentración de la riqueza, por lo que es importante identificar y mitigar los riesgos emergentes que puedan ir en detrimento del bienestar social y la confianza.


Finalmente, las finanzas pueden contribuir al bien común, y esta es una idea que me cautivó de inmediato al leerla en este libro, porque es un desafío fundamental para la OCDE: cómo fortalecer el multilateralismo. Bertrand Badré nos recuerda que las finanzas pueden convertirse en un factor de renovación de la cooperación multilateral y de la confianza pública en los organismos internacionales.


Si existe algún campo en la actividad económica en el que ningún líder o gobierno nacional puede funcionar en el aislamiento, es en el campo de los flujos de capitales. Si en algún sector la cooperación internacional es absolutamente necesaria para la estabilidad, la confiabilidad y la productividad es en el sector de las finanzas. Si hay un elemento crucial para el éxito del combate contra la pobreza y contra el cambio climático es la cooperación multilateral en las finanzas internacionales.


Yo coincido con el libro en que las finanzas tienen un papel histórico que jugar, demostrando los beneficios de una cooperación internacional incluyente y eficiente. Por ello es fundamental modernizar los organismos económicos y financieros de la posguerra, como el FMI, el Banco Mundial, la OMC y por supuesto la OCDE. De hecho, esta ha sido una de las prioridades de mi mandato.


En la OCDE, hemos intensificado nuestros esfuerzos por construir un sistema financiero internacional más sólido, transparente, confiable y equilibrado. Un sistema más honesto, más justo. Hemos fortalecido y modernizado nuestros estándares internacionales en materia de gobierno corporativo, conducta empresarial responsable, transparencia, anti-corrupción, educación financiera, por mencionar algunos. Esto debe aplicarse a todas las empresas, con prioridad evidente, al sector financiero.


Hemos fortalecido nuestro Foro Global sobre Transparencia e Intercambio de Información Fiscales para terminar con el secreto bancario y promover la transparencia fiscal internacional. Hemos desarrollado una nueva tecnología de políticas para combatir la Erosión de la Base Imponible y el Traslado de Beneficios (BEPS, por sus siglas en inglés), que también ha dado frutos muy importantes. Más de 70 países y jurisdicciones ya firmaron la Convención Multilateral de la OCDE para luchar contra BEPS. Nuestras iniciativas para combatir la evasión fiscal con la nueva norma internacional sobre Intercambio Automático de Información (AEOI) han contribuido a recaudar hasta ahora más de 93.000 millones de euros desde su implementación.


Finalmente, hemos decidido revisar y modernizar nuestro conocimiento económico, nuestros modelos, nuestras teorías y conceptos. Nuestro programa NAEC y nuestra Iniciativa de Crecimiento Incluyente están ayudando a mejorar las recomendaciones de políticas de la OCDE, a acercarlas más a las difíciles realidades de nuestros ciudadanos, a poner al ser humano en el centro de la economía. Y me da mucho gusto constatar que no somos los únicos que estamos cuestionando el status quo, como lo hace este libro.


Señoras y Señores,


Se ha avanzado mucho en reforzar el sistema financiero desde la crisis. Sin embargo, como nos muestra Bertrand a lo largo de su libro, aún queda mucho por hacer para que ese sistema resulte más incluyente y responda mejor a las necesidades de la sociedad, así como para que la innovación tecnológica sirva a esos propósitos. Agradezco a Bertrand que haya contribuido a esclarecer aún más la importancia del multilateralismo inteligente para la consecución de todos estos objetivos. En la OCDE, nuestro compromiso es seguir trabajando en el diseño, desarrollo e implementación de mejores políticas para una vida mejor.


Felicidades Bertrand y muchas gracias a todos por acompañarnos.

 

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