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Perspectiva Global: ¿Cómo puede América Latina aprovechar el fenómeno de desplazamiento de la riqueza mundial?

 

Palabras de Angel Gurría, Secretario General de la OCDE, durante el XXIII Cumbre Iberoamericana: Almuerzo del Encuentro Empresarial


18 Octubre 2013, 13h15, Ciudad de Panamá, Panamá

Alteza, Excelencias, amigas y amigos,


Es un honor estar con ustedes en el cierre de este IX Encuentro Empresarial Iberoamericano. Antes que nada, permítanme sumarme al reconocimiento que acaban de hacer a Enrique Iglesias. Enrique es una figura única e irrepetible, un referente de dedicación, buen oficio y sabiduría para todos nosotros. Nadie simboliza como él el espíritu de cooperación y hermandad que caracteriza a la comunidad iberoamericana, así que lo vamos a extrañar mucho cuando ceda próximamente el timón de la SEGIB.


Se me ha pedido que intervenga para reflexionar, en primer lugar, sobre las perspectivas económicas globales y latinoamericanas y, en segundo término, sobre el fenómeno del desplazamiento de la riqueza mundial – el llamado “shifting wealth” — y su efecto sobre América Latina. Permítanme compartir con ustedes algunas reflexiones sobre cómo la evolución y convergencia de ambos fenómenos han impactado las perspectivas de desarrollo de América Latina.


Un contexto global aún difícil

Han pasado ya cinco años desde la quiebra de Lehman Brothers y, a pesar de algunos signos positivos en las principales economías desarrolladas, sigue habiendo gran incertidumbre en el plano económico global. Si bien es cierto que la tasa de crecimiento durante el segundo trimestre de 2013 estuvo por encima de lo esperado en la mayoría de las economías OCDE, el ritmo parece haberse ralentizado en el tercer trimestre.

La caída del crecimiento en la mayoría de los emergentes, quienes habían dado impulso a la economía global durante el último lustro, las dudas sobre el sistema financiero europeo, la excesiva deuda pública en Japón y, por supuesto, la situación fiscal y la polarización política en Washington llaman a la cautela. Como dicen en inglés: we are not out of the woods yet!


En consecuencia, el contexto internacional actual es menos favorable para América Latina que en el pasado inmediato. Por el lado comercial, los grandes socios de la región muestran signos de vulnerabilidad, que afectan la demanda externa. Más allá de los costos que significó el cierre parcial del gobierno de los Estados Unidos y el debate sobre el aumento del límite de endeudamiento, las incertidumbres generadas por el eventual retiro del estímulo monetario de la FED muy probablemente endurecerán las condiciones de financiamiento para las economías latinoamericanas. Esto redundará en una mayor volatilidad en las primas de riesgo, los tipos de cambio y los índices bursátiles.


Se trata por tanto de un escenario internacional que conduce a América Latina hacia un crecimiento más moderado, en 2013 algo por debajo del 2,9% registrado en 2012 y lejos del promedio del 4% de la última década.  Ello por una parte, hace difícil solucionar los grandes problemas de equidad de la región y continuar con la reducción de la pobreza. Por otra, coincide con la emergencia de una nueva “clase media” que demanda servicios públicos eficientes, y políticas que generen un crecimiento más incluyente y empleos de calidad.


Cambio de la riqueza global: expectativas y frustraciones

Estas demandas sociales, exacerbadas e ilustradas por protestas como las que hemos visto en varios países en los últimos meses, tienen mucho que ver con un fenómeno más profundo: el desplazamiento de la riqueza global hacía, del Norte hacia el Sur y del Oeste hacia el Este.


En el año 2000, el peso relativo de las economías no pertenecientes a la OCDE representaba el 40% del PIB mundial. En tan sólo diez años aumentó hasta 49%, y nuestros cálculos apuntan a que en 2030 podría representar 57%. Los flujos comerciales reflejan también este cambio de dinámica, y los intercambios Sur-Sur han pasado de representar el 25% del comercio global a mediados de la década de los noventa, al 41% en 2011. Lo mismo ocurre con la  inversión extranjera directa (FDI): el porcentaje de flujos globales recibidos por las economías emergentes pasó de 20% del total global en 2000 a más del 50% en 2010.


Esta transición tiene sus orígenes en la apertura económica de China e India, un proceso que tomó forma durante la última década del siglo pasado. Además, el “dividendo demográfico” del mundo emergente y el marcado contraste con el envejecimiento de la población en los países más avanzados constituye un factor estructural para que el desplazamiento de la riqueza mundial siga profundizándose durante las próximas décadas.


La combinación del tamaño de estas economías con su crecimiento intenso y sostenido, y su fuerte demanda de recursos naturales, ha proporcionado un soporte al crecimiento de otras economías emergentes y en desarrollo, incluyendo buena parte de los países latinoamericanos. No obstante, la contribución de América Latina al PIB mundial ha permanecido prácticamente inalterada desde principios de los 90 (entre el 7% y el 9% del PIB mundial) mientras que Asia ha duplicado su peso en la economía mundial durante el mismo período.


El fenómeno del desplazamiento de la riqueza global vino ligado a la promesa de desarrollo de la región. Estamos ya casi a mitad de lo que algunos esperaban fuera la década de América Latina y lo cierto es que los retos en materia de consolidación institucional, reducción de la pobreza y de las desigualdades, así como el acceso de la población a servicios públicos de calidad — en especial educación y salud — siguen siendo enormes.


Oportunidades de la nueva economía global: integración en las cadenas globales de valor

¿Cómo podemos entonces consolidar la inserción plena de América Latina en esta nueva dinámica internacional y cristalizar las expectativas de desarrollo regional? Como argumentamos en el informe Perspectivas Económicas de América Latina 2014, que presentaremos esta tarde junto con la CEPAL y la CAF, la respuesta pasa por impulsar reformas estructurales que mejoren la productividad y aprovechen el impulso que ofrece la segunda etapa de este fenómeno del shifting wealth.


Una de las principales características de esta nueva fase es que la estructura productiva de los emergentes asiáticos se dirigirá hacia bienes de mayor sofisticación, aumentando su demanda de importaciones intermedias de bienes intensivos en trabajo. Ello generará nuevas oportunidades comerciales para las economías latinoamericanas.


Dado que estamos ante una audiencia de líderes políticos y empresariales, permítanme referirme brevemente a tres recomendaciones que consideramos clave en este sentido: diversificar la estructura productiva y exportadora, profundizar los mercados regionales y capturar mayor valor agregado en las cadenas globales de producción.


La diversificación comercial está estrechamente asociada a la transformación estructural y al desarrollo económico. No me extenderé mucho en este aspecto porque hace tiempo que venimos alertando sobre la necesidad de depender menos de la exportación de materias primas para evitar riesgos que van desde la volatilidad de los precios hasta la llamada enfermedad holandesa. Simplemente añadiré que los sectores energético y agropecuario ofrecen oportunidades para crear valor agregado mediante la aplicación tecnológica y la incorporación de conocimiento y capital humano.


La profundización del comercio intrarregional es otra estrategia clave para aprovechar las oportunidades que provee la economía global. Las diferencias en las canastas exportadoras de los países latinoamericanos no corresponden con el flujo de intercambios existentes entre ellos. Por ello es necesario reducir las trabas al comercio intrarregional a fin de explotar plenamente estas complementariedades. Hay que huir de pulsiones proteccionistas como las que suelen aflorar en épocas de crisis como la actual.


Y qué mejor ejemplo que los “cuatro fantásticos” de la Alianza del Pacífico, cuyos Presidentes están aquí presentes y que acaban de anunciar el objetivo de suprimir completamente las barreras arancelarias entre sus países. Como ellos mismos han explicado en un reciente artículo, la integración regional y la libre movilidad de bienes, servicios, personas y capitales genera mayores oportunidades de desarrollo para nuestros pueblos.


Pero si hay un elemento que me gustaría destacar y que de cierta forma integra todo lo que acabo de mencionar, se trata de la necesidad de capturar mayor valor agregado en las cadenas globales de valor (GVCs). Sólo así América Latina mejorará su productividad y será más competitiva en un entorno cada vez más exigente.


Más allá de la riqueza cambiante, quizás el principal cambio que se ha operado en la economía global durante los últimos años es la creciente fragmentación de los procesos productivos, dando lugar al desarrollo de cadenas globales de valor en las que el comercio de bienes intermedios es cada vez más importante. Según nuestros cálculos, el comercio de bienes intermedios constituye hoy en día el 56% del comercio de bienes y 73% del de servicios.


La OCDE lleva tiempo estudiando este fenómeno y junto con la OMC hemos desarrollado la primera base de datos sobre los flujos de valor agregado en el comercio mundial (TiVA). Las cifras nos confirman que los indicadores tradicionales reflejan una imagen distorsionada de los intercambios comerciales. Por ejemplo, el déficit comercial de EEUU con China es entre un 40% y un 50% menor, cuando se estima en términos de valor agregado, respecto de las cifras convencionales de comercio internacional.


Lógicamente, este nuevo contexto productivo y de organización empresarial implica  profundos cambios sobre las estrategias para detonar el desarrollo económico. Desde la OCDE también estamos estudiando qué supone este nuevo escenario para economías como las latinoamericanas. El informe que presentaremos esta tarde pone de manifiesto que para los países latinoamericanos incluidos en la base de datos TiVA, los servicios representan entre el 25% y el 30% del valor agregado total en un gran número de industrias manufactureras.


Esto constituye una gran oportunidad para América Latina. Supone también una llamada a invertir en el enorme capital humano de la región, dotando a los jóvenes latinoamericanos de las habilidades que demanda este nuevo entorno laboral cada vez más especializado.


América Latina cuenta además con algunas ventajas que la hacen atractiva como ubicación de actividades de servicios (por ejemplo, la proximidad a mercados de destino). Estas ventajas pueden acentuarse a través de políticas que promuevan servicios de logística eficientes — en telecomunicaciones, transporte, o servicios corporativos. Nuestro informe refleja que una mejora en el desempeño logístico de la región podría mejorar en un 35% la productividad laboral, facilitando asimismo la integración a las cadenas globales de valor.


Esto podría beneficiar en especial a las PYMES que, como documentamos en el informe LEO del año pasado, si bien representan el 99% de las empresas de la región tienen una productividad 6 veces inferior a la de las grandes empresas y sólo un 10% de ellas participa en actividades exportadoras.


Señoras y señores,

Tenemos un importante reto por delante si queremos seguir en la senda del desarrollo y consolidar lo mucho que se ha logrado durante los últimos años. A pesar de los importantes avances, el 68% de la población de América Latina aún vive con menos de 10 dólares al día. También seguimos teniendo algunas de las disparidades socioeconómicas más altas en el mundo: la diferencia del ingreso del 10% más rico y el 10% más pobre de la población en México y Chile es de 27 a 1; en Brasil es de 50 a 1. El promedio de la OCDE es 9 a 1.


Acometamos las reformas estructurales que la región necesita para aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece la economía global.  Sólo así podremos favorecer un crecimiento incluyente que beneficie a todos, y legar a las generaciones futuras de Iberoamérica economías y sociedades más fuertes, más justas y más limpias.


Cuenten con la OCDE para seguir apoyando a la región latinoamericana en la consecución de mejores prácticas para una vida mejor.

Muchas Gracias!

 

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