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OECD Secretary-General

Ceremonia de Entrega del Premio Nacional de Economía Tlacaélel

 

Palabras de Ángel Gurría,

Secretario General OCDE

25 de octubre de 2018 - Ciudad de México, México

(Preparado para su distribución)

 



Estimado Julio Millán, Miembros del Jurado del Premio Nacional de Economía Tlacaélel, Jóvenes Economistas, Señoras y Señores:


Es un honor y un gran gusto otorgar el Premio Nacional de Economía Tlacaélel 2018.


Honor porque se trata de un reconocimiento de gran relevancia para el aprendizaje y la práctica de la economía en nuestro país. Honor también porque celebramos en esta entrega los cuarenta años de vida de este Premio. Felicidades a Julio Millán y a Consultores Internacionales por esta gran contribución.

 

También es un gran gusto porque este es un momento oportuno para poder dirigir unas palabras a algunas de las mentes económicas más brillantes de nuestro país; una generación que puede, que quiere, que debe transformar a México en una nación más justa, más eficiente, más sustentable y más exitosa.

 

Y es que estamos en un momento fundacional para la economía como profesión; para su enseñanza, para su aprendizaje, para su puesta en práctica y su transmisión al delicado campo de las políticas públicas, en donde las decisiones cambian las vidas de millones de familias.

 

Hace diez años, se inició la crisis económica más grande de nuestras vidas, detonada por la quiebra de Lehman Brothers. Una crisis crediticia estadounidense que se volvió una crisis financiera global, que se volvió una crisis económica mundial, que se volvió una crisis social que exacerbó las desigualdades y que acabó por transformarse en una crisis de confianza en todas las instituciones que hemos creado en los últimos 100 años. El costo financiero, económico y social de dicha tragedia ha sido inmenso. Y la gran pregunta sigue siendo la pregunta de la Reina Isabel de Inglaterra a fines de 2008: ¿Por qué nadie lo vio venir? ¿Por qué los economistas no vieron venir ese problema tan grande?

 

La crisis nos abrió los ojos. La economía como ciencia social ha tenido que mirarse en el espejo. Nunca la profesión de economista ha demandado tanta humildad y autocrítica. En la OCDE, en el FMI, en el Banco Mundial, en los Bancos Centrales, en los Ministerios de Finanzas, en las universidades de muchos países de la OCDE, llevamos años preguntándonos qué nos falló; reflexionando, cuestionando nuestras teorías, conceptos y recomendaciones. Y es que no podemos continuar como si nada hubiera pasado. No podemos volver a las mismas teorías, los mismos supuestos, los mismos modelos y prácticas que gestaron las condiciones para esta catástrofe, que crearon países con desigualdades tan grandes, que crearon sistemas económicos que están destruyendo el planeta.

 

Como dije hace unos días a tantos economistas de la OCDE y del mundo en nuestro simposio sobre los Diez Años Después de la Crisis, estamos en un momento de regeneración para la economía como ciencia. Es un desafío enorme, pero también es una gran oportunidad. Y quiero invitarlos a ustedes, las nuevas estrellas del pensamiento económico en México, en este día en el que premiamos su esfuerzo, a este relanzamiento de la economía como instrumento para el crecimiento resiliente, incluyente y sustentable.

 

Tenemos que mejorar. Tenemos que aprender a cuestionar las teorías económicas que consideraban a los mercados como deidades que requerían de verdaderas contorsiones sociales, culturales, políticas para atender sus demandas. Teorías económicas que nos decían que la confianza es algo racional y por ende fácilmente medible y predecible; que la gente utiliza la información disponible para hacer predicciones razonadas y tomar decisiones razonables. Teorías económicas que nos decían que estábamos a salvo al liberalizar los mercados financieros porque los mercados financieros nunca iban a actuar en contra de su propia estabilidad. Hoy sabemos que esto no es cierto.

 

La economía es fundamental para promover el desarrollo, para mejorar los estándares de vida, mejorar la competitividad y la productividad de nuestras industrias y nuestros servicios, transformar los mercados en fuentes de oportunidades de inclusión y desarrollo humano, para promover la equidad de género. La economía es crucial para promover el crecimiento, ordenar las finanzas públicas y optimizar el gasto gubernamental, para fomentar la creación de más y mejores empleos, para combatir la pobreza y reducir las desigualdades, promover la inversión, el emprendimiento, la innovación y la sustentabilidad.

 

Pero los modelos analíticos tradicionales que hemos venido utilizando para estudiar la economía hacen demasiados supuestos (assumptions) que no coinciden con la realidad. El mismo nombre de estos modelos, “modelos de equilibrio general”, revela su propia debilidad: asumir que la economía se encuentra naturalmente en equilibrio hasta que un shock externo la altera. Esta es una ilusión. Recuerdo cuando invitamos a Alan Kirman a la OCDE y nos dio una ponencia magnífica sobre la teoría de la complejidad económica y nos recordó las palabras del biólogo americano Stuart Kauffman quien dijo: “Un organismo que está todo el tiempo en equilibrio está muerto, porque no está sucediendo nada”. Todo lo contrario. La economía es un ser vivo, un ecosistema, un ambiente orgánico. Cambia constantemente. Solo sabemos que no sabemos suficiente sobre su comportamiento.

 

Las teorías neoclásicas asumen que podemos entender la economía mediante el estudio de un actor económico cuyas expectativas y decisiones son racionales, y que los resultados de dichas decisiones son homogéneos. Esta es una visión linear, y las políticas públicas que genera dicha visión suponen que una acción produce una reacción predecible. Es una visión que no se beneficia de las contribuciones de otras ciencias sociales como la sociología, la psicología, la biología o la historia. Hay que cambiar estos modelos. Hay que mejorarlos.

 

Los modelos económicos que se nutren solo de insumos como el PIB, el ingreso per cápita, los flujos de comercio, la productividad, los actores económicos típicos, los grandes promedios, pueden contar una parte de la historia y son necesarios para propósitos comparativos e históricos, pero no logran proyectar las consecuencias distributivas de las políticas que implementamos; y no atienden la preocupación de que el crecimiento no ha traído grandes beneficios a una proporción muy amplia de nuestra población. Tenemos que repensar como medir el progreso.


Es hora de modernizar la economía.


Tenemos que desarrollar un nuevo entendimiento de la economía como un sistema humano y por ende complejo, vivo, a veces ilógico; un sistema que es frágil por naturaleza, incierto, cambiante, y que está fuertemente conectado al mundo real y a vidas reales en donde las emociones determinan muchas veces las decisiones; un sistema que requiere de un gobierno responsable y predecible, pero también fuerte, ágil, independiente y eficaz, para que se lleven a cabo las grandes inversiones en infraestructura, para que implemente reformas estructurales, para que combata a los poderes fácticos y tenga la confianza de la gente.

 

En la OCDE hemos reconocido esta necesidad de cambio y hemos decidido revisar y actualizar nuestro pensamiento económico, nuestro análisis, nuestras recomendaciones. Para ello lanzamos en 2012 la iniciativa Nuevos Enfoques ante los Desafíos Económicos (NAEC, por sus siglas en inglés), para identificar y analizar cuáles fueron las fallas de nuestros marcos analíticos que no nos permitieron pronosticar y prevenir la crisis financiera y económica de 2008. Pero también para ayudar a los Gobiernos a diseñar e implementar mejores políticas económicas, mejor regulación financiera, mejores instrumentos para promover un crecimiento incluyente y reducir las desigualdades que tanto daño les hacen a nuestros países.

 

También hemos desarrollado una Iniciativa para el Crecimiento Incluyente y un Marco de Políticas para el Crecimiento Incluyente. Estamos transformando nuestros modelos y nuestro análisis para incluir las dimensiones sociales y medioambientales del crecimiento y poner el bienestar de las personas en el centro de nuestros objetivos y trabajos. Estamos desarrollando una nueva narrativa del crecimiento poniendo a las personas en el centro de las políticas económicas.

 

Para avanzar en este sentido, es crucial contar con la contribución de las universidades y los centros de educación superior. Pues es en las facultades de economía en donde se debe empezar a mejorar la economía, donde se deben modernizar las teorías y los conceptos, tomando en cuenta la complejidad de nuestras economías, de nuestras sociedades, de nuestros mercados. Esto no es sencillo, pero es necesario. Es en las facultades de economía como en las que ustedes estudiaron en donde deben surgir los nuevos debates para incorporar la física estadística, la sociología, la psicología, la complejidad, los espíritus animales de Robert Shiller, a la macroeconomía.

 

Esto es importantísimo para países como México, en donde la complejidad cultural e idiosincrática de la nación y, por ende, de nuestros mercados, es tan rica y paradójica; y por supuesto que las escuelas de negocios y las agencias de consultoría preocupadas por el crecimiento incluyente, como Consultores Internacionales, también tienen que participar en este cuestionamiento, en esta renovación intelectual del pensamiento económico. México no se puede quedar atrás.

 

Desde hace años, la economía mexicana goza de una estabilidad macroeconómica importante, las finanzas públicas son disciplinadas, la política monetaria es responsable y autónoma. Pero la productividad y el crecimiento de México siguen siendo bajos, la mayoría de la población sigue viviendo en pobreza y/o vulnerabilidad y México sigue teniendo una de las desigualdades más altas del mundo, con un ingreso del 10% más rico que representa 20 veces el promedio del 10% más bajo. Algo no está funcionando. Algo tiene que cambiar. Y ustedes pueden ser los protagonistas de ese cambio, los líderes de ese cambio, los economistas de ese cambio.

 

Jóvenes economistas:

Muchas felicidades por este premio. Necesitamos sus conocimientos, sus valores, su pensamiento crítico y su esfuerzo para lograr un México más justo y exitoso. La economía es el principal instrumento para lograrlo. Cuando utilicen ese instrumento mantengan la mirada fija en el progreso humano, en la justicia social y en la urgente necesidad de proteger nuestro medio ambiente. Recuerden las palabras de Rob Johnson, el Director del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico (INET), “olvidar que la economía es un medio para servir un fin, y no un fin en sí mismo, es un fracaso de la imaginación y un fracaso de nuestro respeto y nuestro afecto por la humanidad.”
Mucha suerte con el futuro. Cuídenlo mucho. Está en sus manos.  Muchas gracias.

 

 

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