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OECD Secretary-General

Lanzamiento del Informe Económico de Chile 2015

 

Palabras de Angel Gurría

Secretario General, OCDE

Santiago, 25 Noviembre 2015

(Versión para su distribución)

 

 

Ministro Valdés, Señoras y señores,

 

Es un placer estar de vuelta en Santiago no sólo para presentar este informe económico sobre Chile, sino también para celebrar los 5 años de membresía de este país en la OCDE. Durante esta visita también avanzaremos en la preparación de nuestra próxima Reunión Ministerial de la OCDE, que Chile presidirá a comienzos de junio en París.

 

 

Un contexto adverso pero una economía sólida

 

Estamos ante un momento clave para la economía chilena. Hace dos años, cuando presentamos nuestro anterior informe económico sobre Chile, el contexto estaba todavía marcado por el boom de las commodities, mismo que permitió lograr un alto nivel de crecimiento y generó un margen de maniobra fiscal más amplio. Ya en 2013 vislumbrábamos el final de este super-ciclo y suponíamos un paulatino descenso en el precio de las materias primas; pero nunca anticipamos que fuera así de pronunciado.

 

Chile no es ajeno a una realidad que afecta a todos sus vecinos: una caída acentuada del crecimiento a la luz de un deterioro de la demanda externa. Ante este contexto, se hace todavía más necesario echar mano de todas las políticas públicas que nos permitan volver a una senda de crecimiento que sea al mismo tiempo más fuerte, más incluyente y más sostenible.

 

El Gobierno ha puesto en marcha una ambiciosa agenda de reformas encaminadas a mejorar la productividad y, muy especialmente, a garantizar que el crecimiento beneficie a todos. Nuestro informe se centra precisamente en estas reformas y su valor para la economía chilena, así que permítanme presentar algunas de nuestras principales conclusiones y recomendaciones.

 

 

Logros importantes

 

Un adecuado manejo macroeconómico ha permitido a Chile crecer a altas tasas en las pasadas dos décadas y reducir significativamente los niveles de pobreza. La solidez de las instituciones y el buen manejo macroeconómico es lo que está permitiendo ahora, en un contexto más adverso, afrontar el temporal mucho mejor que la mayor parte de los países latinoamericanos.

 

El crecimiento se ha desacelerado, pero todavía estamos hablando de tasas que otros países quisieran tener: de menos de 2% en 2014, 2.2% este año; 2.6% en 2016; y una previsión de 3.3% en 2017, en una sólida progresión.  

 

La credibilidad en el objetivo de inflación ha permitido a la política monetaria operar como un amortiguador muy útil, de tal suerte que la tasa de cambio ha absorbido buena parte del shock y ha suavizado el efecto de la caída en el precio del cobre en la actividad y el empleo – hasta el punto de permitir incluso una reducción en el déficit de la cuenta corriente. De manera similar, la sólida situación fiscal ha permitido al gobierno inyectar un significativo estímulo a la economía durante 2015, ayudando a mantener la demanda doméstica.

 

 

Elevar la productividad, objetivo prioritario

 

Estos son logros importantes. Sin embargo, Chile sigue enfrentando varios desafíos estructurales. Para alcanzar mayores niveles de crecimiento y seguir avanzando en la creación de oportunidades y bienestar para sus ciudadanos, Chile necesita ampliar su base exportadora e insertarse mejor en las cadenas globales de valor, en especial en materia de conocimiento y valor agregado. Aunque los servicios representan únicamente el 14% de las exportaciones brutas de Chile, constituyen el 30% de las exportaciones de valor agregado y más de la mitad de las entradas de inversión extranjera directa (IED).

 

La mejora de la productividad es sin duda el principal reto al que se enfrenta la economía chilena para seguir creciendo y elevar el nivel de vida de la población. La productividad en Chile ha sido plana e incluso negativa durante la mayor parte de la pasada década. Aunque el marco regulatorio y de políticas ha mejorado en los últimos años, el nivel de competencia en varios sectores sigue siendo débil. Las restricciones de los mercados de bienes en Chile siguen siendo superiores a las del promedio de los miembros de la OCDE, particularmente en ámbitos como el sistema de licencias y permisos. Por su parte, la inversión global en I+D sigue siendo la más baja de la OCDE: 0.4% del PIB frente a un promedio OCDE de 2.4%.

 

Para elevar la productividad, las reformas en materia regulatoria y de competencia son esenciales. Estas reformas ayudarán a dinamizar el emprendimiento y la inversión. Al mismo tiempo, Chile necesita aprovechar al máximo el potencial de innovación de su economía. Por ello damos la bienvenida al amplio paquete de reformas que el gobierno ha venido impulsado, en particular la Agenda de Productividad, Innovación y Crecimiento, que ayudará a corregir muchas debilidades estructurales en estas áreas.

 

 

Productividad para la inclusión

 

¿Para qué queremos elevar el crecimiento y la productividad? Para crear oportunidades de inclusión y desarrollo para todos los chilenos. Hay que apostar por una productividad que sea más incluyente. Esto requiere continuar con la ambiciosa agenda de progreso social, y con acciones concretas que reduzcan las enormes desigualdades que tanto afectan a Chile.

 

En la OCDE, el 10% más rico de la población tiene un nivel de ingresos promedio 10 veces superior al del 10% más pobre – una diferencia ya de por sí considerable. En Chile, esta brecha asciende a 27 veces. Este nivel de desigualdad es dañino para la sociedad chilena y para la estabilidad sociopolítica del país, pero también para la propia economía. En la OCDE hemos documentado el efecto negativo de la desigualdad en el crecimiento, así como su impacto en salud, acceso a trabajos de calidad, logros educativos y muchos otros aspectos que inciden en el bienestar y las oportunidades.

 

Por ello celebramos las medidas que el gobierno chileno está tomando para promover un crecimiento incluyente, por ejemplo reforzando la participación femenina en las actividades económicas y en la fuerza de trabajo. Medidas como la inversión en servicios asequibles de guardería de calidad; o como la creación del primer Ministerio de la Mujer, que ayuda a luchar contra la discriminación y crear conciencia sobre la misma.

 

La reciente reforma tributaria es otro paso importantísimo en la reducción de las desigualdades. Las medidas introducidas para limitar las deducciones, eliminar las exenciones, aumentar los tipos de gravamen efectivos y, por encima de todo, combatir la evasión y garantizar el cumplimiento tributario ayudarán a crear no sólo un sistema más eficiente, sino también más justo.

 

Los avances de Chile para facilitar el acceso a la educación son importantes en el combate a la pobreza y la desigualdad. Hoy, casi la totalidad de los niños y jóvenes entre 5 y 17 años se encuentran escolarizados. No obstante, la calidad sigue siendo la asignatura pendiente, tal y como lo refleja nuestro informe PISA. Una proporción muy significativa de jóvenes carece de las competencias básicas—matemáticas, comprensión lectora, etc.—para integrarse de manera satisfactoria en el mercado laboral.

 

En la OCDE estimamos que si las reformas educativas permiten a todos los alumnos de educación básica adquirir el nivel mínimo requerido de competencias de aquí a 2030, el impacto sobre el crecimiento sería de un aumento de medio punto del PIB real anual. Si además se universaliza el acceso y la adquisición de competencias básicas a todos los estudiantes de secundaria, podría haber un aumento acumulado del PIB real de alrededor de 8.5% hacia 2030. Extender y fortalecer el sistema de formación profesional (VET) de Chile también impulsaría este objetivo.

 

Ministro Valdés, Señoras y señores,

 

Las reformas que el gobierno de Chile está impulsando tendrán un gran beneficio para toda la economía y sociedad de este país si se implementan de manera rigurosa. La OCDE reconoce los esfuerzos de su gobierno y el progreso en muchas áreas, que han permitido afrontar un contexto global bastante adverso en mejores condiciones que en episodios pasados.

 

Como Organización enfocada en el buen gobierno y las mejores prácticas, también apoyamos las medidas que está impulsando la Presidenta Bachelet para reestablecer la confianza en las instituciones, a través de iniciativas a favor de la transparencia y la integridad en los actos de gobierno.

 

El informe que hoy les entregamos da testimonio de estos esfuerzos que han venido realizando, e incluye recomendaciones que esperamos les sean de utilidad para seguir en el buen camino. La OCDE seguirá a su lado, con convicción, lealtad y entusiasmo, ayudándoles a hacer frente a sus desafíos para promover un crecimiento y una productividad incluyentes y sostenibles, que creen oportunidades para todos los chilenos.

 

¡Cuenten con nosotros para apoyar a Chile en el diseño, promoción e implementación de mejores políticas para una vida mejor!

 

 

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