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OECD Secretary-General

La Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres para el Crecimiento Incluyente en México

 

Palabras de Angel Gurría

Secretario General, OECD

Ciudad de México, México - 6 enero 2019

(As prepared for delivery) 

 

 

 

Secretario de Hacienda y Crédito Público, Secretaria del Trabajo y Previsión Social, Representante de ONU Mujeres en México, Presidenta de INMUJERES, señoras y señores:


Es un gusto participar en este evento sobre La Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres para el Crecimiento Incluyente en México. Este es uno de los temas en los que más hemos trabajado con México, con diferentes administraciones, con gobiernos estatales, con el legislativo, con el propio INMUJERES, hemos trabajado intensa y constantemente.


En pleno siglo XXI, en una era en la que el conocimiento, la ciencia y la defensa de los derechos humanos han alcanzado su máxima expresión, las mujeres siguen recibiendo un trato menos justo que el de los hombres. En los países de la OCDE, las mujeres tienen menos oportunidades profesionales, se enfrentan a más obstáculos para realizar trabajos remunerados, sufren de un alto grado de acoso y ganan una media de 14% menos que los hombres. Esto es inaceptable.


La igualdad de género y el empoderamiento de la mujer son un imperativo humano, político, social, pero también económico. Es una de las prioridades más altas de los Gobiernos de la OCDE y uno de los principales objetivos y responsabilidades de nuestra Organización. Gracias al Instituto Nacional de las Mujeres y la Secretaría del Trabajo por haber apoyado la organización de este evento.

 

Los desafíos de México 

México enfrenta grandes desafíos en este campo. Menos de la mitad de las mujeres mexicanas en edad de trabajar participan en el mercado laboral. Esta es la segunda tasa más baja de todos los países de la OCDE, y muy inferior a la tasa de hombres mexicanos activos en el mercado laboral, que es del 82%. De las mujeres que sí trabajan, casi el 60% tienen trabajos informales, con baja protección social, alta inseguridad y baja remuneración.


Una de las causas de esta baja participación es la carga excesiva de trabajo no remunerado que sufren las mujeres en México, lo que impide que puedan dedicarle tiempo al trabajo formal. De hecho, las mujeres mexicanas llevan a cabo tres cuartas partes de todo el trabajo no remunerado del hogar, incluyendo el cuidado de los hijos. Además, la cultura laboral de largas horas dificulta la conciliación entre lo laboral y lo familiar. La constante promoción de estereotipos de género en los medios de comunicación disminuye aún más el espacio de emancipación de la mujer.


Las madres y las mujeres jóvenes mexicanas se enfrentan a grandes obstáculos para realizar trabajo remunerado. La tasa de mujeres jóvenes que no estudian ni trabajan (NINI) es del 33%, 18 puntos superior a la media de la OCDE. Las mujeres mexicanas tienen cuatro veces más probabilidades de ser NINI que los hombres.


Además, México es uno de los países de la OCDE en donde la violencia en contra de las mujeres alcanza niveles más altos. En México, el 63% de las mujeres mayores de 15 años declaran haber sido víctimas de algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Esto es una violación de su derecho fundamental a la seguridad y afecta su capacidad de participar en la vida pública y económica del país.


Esto tiene que cambiar. No solamente por razones morales y éticas, no solo por cuestión de justicia, sino también por razones económicas. Como destacamos en el Estudio de Genero de México que realizamos en 2017, si México reduce a la mitad la brecha de género en la fuerza de trabajo, se añadirían potencialmente 0.16 puntos porcentuales a la tasa anual de crecimiento del PIB per cápita, para llegar a 2.46% anual. Ello se traduciría en un aumento de 1100 USD del PIB per cápita, uno de los mayores beneficios que generaría una mayor igualdad de género en México.

 

Es hora de cambiar esta realidad

México ha dado pasos importantes para promover la equidad y cerrar las brechas de género. Cabe destacar la introducción de cuotas de género en el poder legislativo en 2002, luego en 2008 y 2014; el Programa para la Igualdad entre Mujeres y Hombres 2015-2018 (PROIGUALDAD); y la obligación de los partidos políticos de promover la paridad de género en candidaturas y de destinar el 3% de su gasto ordinario para capacitar a mujeres.


Pero tenemos que hacer más, mucho más. Tenemos que acelerar la implementación de las medidas que ya se tomaron y tomar nuevas medidas. Para cerrar las brechas de género, México tiene que avanzar en varios frentes.


Es fundamental incrementar la disponibilidad y la calidad de los servicios de educación y cuidado de la infancia temprana, a fin de reducir las cargas del trabajo no remunerado, especialmente entre las madres. Los servicios eficaces y asequibles de educación y cuidado a la infancia temprana facilitan la participación de las mujeres en la fuerza laboral, y, al mismo tiempo, dan a los niños mejores oportunidades en la fase esencial del aprendizaje. Por otro lado, se beneficiará de hacer sus comidas en un horario estable y programado y de socializar en un medio ambiente infantil bien cuidado y supervisado.


Otra mejora posible es el manejo de los permisos de paternidad. En México, los padres que trabajan en empleos formales tienen derecho solamente a 5 días con goce de sueldo. Esta es una de las licencias de paternidad más precarias de la OCDE. México tiene que hacer esfuerzos por prolongar estos permisos, con el apoyo de los empleadores. Los permisos de paternidad apoyados por el financiamiento público también pueden aumentar los incentivos para que los hombres ejerzan ese derecho.


Resulta también esencial eliminar los estereotipos de género en los libros de texto y en la enseñanza, al mismo tiempo que se regulen dichos estereotipos en los medios masivos de comunicación. Los medios de comunicación tienen que hacer también un mayor esfuerzo por eliminar la violencia contra la mujer en sus programas.


Avanzar hacia la equidad de género requiere también promover una mayor representación de las mujeres en puestos de liderazgo. México ha sido líder en medidas para incrementar la participación de las mujeres en la vida pública. En 2017, las mujeres ya ocupaban más del 40% de las curules del Congreso, muy por encima del promedio de la OCDE de 30%.


Sin embargo, los espacios para la mujer mexicana en el sector privado siguen estando muy limitados. El techo de cristal en el sector empresarial sigue siendo una realidad. Las mujeres apenas ocupan el 7.5% de los Consejos de Administración de las empresas más grandes de México, muy por debajo del promedio de la OCDE de 20% . Esto tiene que cambiar. No queremos que el sector privado mexicano sea un sector privado de mujeres en su toma de decisiones.


Promover la participación de las mujeres en profesiones de STEM (Ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) es crucial para cerrar las brechas de género en el mercado laboral y promover un crecimiento más incluyente. La Unión Europea (UE) estima que cerrar la brecha de género en STEM podría resultar en un incremento acumulado del PIB per cápita de la UE de hasta 3%. Incrementar la participación de las mujeres en STEM es una de las mejores políticas de desarrollo incluyente.


Por ello es motivo de mucha satisfacción haber lanzado con el Gobierno de México el programa NiñaSTEM Pueden, una iniciativa orientada a despertar la curiosidad y la pasión de las niñas mexicanas por las materias STEM a través de oportunidades educativas fuera del aula, inspiradas por encuentros con mujeres mentoras que han destacado en estos campos.


Celebramos que el Gobierno actual le esté dando prioridad a este tema: promoviendo un Gabinete paritario; incorporando la igualdad de género en el Plan Nacional de Desarrollo; llevando la igualdad de género al diseño e implementación de todas las políticas del Gobierno Federal; asociándose con la Unión Europea y las Naciones Unidas en el lanzamiento de la Iniciativa Spotlight para eliminar el feminicidio; por mencionar algunas acciones importantes.

 

Señoras y Señores:


El trabajo remunerado de las mujeres ayuda al ingreso total de la familia, contribuye a reducir las desigualdades. La participación de las mujeres en el mercado de trabajo modifica la distribución de los recursos en el hogar y ayuda a distribuir mejor el trabajo no remunerado. La integración de las madres en la economía formal repercute muy positivamente en el bienestar de los niños. Las madres que trabajan cambian las normas de género y contribuyen a eliminar los estereotipos dañinos. Las mujeres en el gobierno contribuyen a mejorar los resultados de las políticas de inclusión social. La evidencia es abrumadora.


México tiene la llave de su desarrollo incluyente y sustentable. Es una fórmula mágica: la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres mexicanas. Trabajemos juntos para lograrlo. La OCDE está lista para seguir ayudando en el diseño, desarrollo y puesta en práctica de mejores políticas de género para una vida mejor. Muchas gracias.

 

 

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