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España después de la crisis: un nuevo modelo de crecimiento

 

Discurso de Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE, con ocasión del 10 Aniversario de la Revista Capital

4 de octubre de 2010 , Madrid, España

Señoras y señores,
Es un placer estar con ustedes con ocasión del décimo aniversario de la Revista Capital.
En estos tiempos inciertos, las revistas de economía con la calidad, el rigor y la profesionalidad que caracterizan a Capital son más importantes que nunca. Son  esenciales para informar al público y fomentar el debate político sobre las reformas necesarias para conducir a España por una nueva senda.


A pesar de los esfuerzos que se están realizando, la crisis tendrá efectos duraderos en la economía española

Como ustedes bien saben, España se enfrenta a la recesión más profunda y de mayor duración de los últimos 50 años. Mientras que la magnitud de la recesión ha sido muy similar a la de otras economías avanzadas de la OCDE en lo que respecta al PIB real, el aumento del desempleo y el deterioro de las finanzas públicas han sido más acusados.

Es muy importante destacar que la respuesta del gobierno ha sido la apropiada y ha ayudado a mitigar los peores efectos de la crisis. Incluye un ambicioso programa de consolidación para reducir el déficit público y medidas para devolver la confianza al sector financiero, entre las que se encuentran los tests al sector bancario y el reforzamiento de la capacidad de adaptación de las “cajas”. También se han realizado avances en las reformas estructurales, especialmente del mercado laboral.

A pesar de estas alentadoras respuestas, la crisis ha dejado huella en la economía española. La caída en el sector de la construcción será permanente. Puede que el déficit por cuenta corriente haya mejorado, pero la carga de la deuda en el sector privado, en especial la de las familias, sigue siendo elevada, limitando así la contribución que el consumo puede realizar al futuro crecimiento económico.

Sin embargo, estos retos ofrecen también una oportunidad para España. La crisis irrumpe en un momento en el que los motores que habían cimentado la base del milagro de la economía española ya mostraban claros signos de agotamiento. El actual contexto, por tanto, supone una oportunidad única de forjar un nuevo modelo económico para la España del siglo XXI.


Los tres pilares de la reforma para un nuevo modelo de crecimiento

Para realizar esta transformación, España necesita emprender acciones audaces. Permítanme destacar la importancia de acometer la reforma del sistema de pensiones. El plan del Gobierno de impulsar la reforma de las pensiones antes de final de año es vital para asegurar la sostenibilidad a largo plazo de las financias públicas, así como para garantizar que los trabajadores de hoy puedan disfrutar de una jubilación dentro de 20 años.

Pero hoy me centraré en tres áreas fundamentales que merecen una atención particular a la hora de definir un nuevo modelo de crecimiento para la economía española: el mercado laboral, la educación y la reforma regulatoria.


Mercado laboral
El mercado laboral representa una importante prioridad; sobre todo teniendo en cuenta que el nivel de desempleo registrado en España duplica la tasa media del resto de países de la OCDE.
Ninguna economía moderna se puede permitir tener 1 de cada 5 miembros de la población activa desempleados. En la zona euro, más del 50% de las personas que perdieron su empleo durante la crisis son españoles, y más de una de cada cuatro personas desempleadas han estado sin trabajo durante un período superior a un año.

La creación de empleo reforzaría el ritmo de la recuperación económica, mejoraría el bienestar social y ayudaría en la disminución de la pobreza. Comportaría también importantes beneficios adicionales para la economía española a largo plazo, contribuyendo a mejorar las finanzas públicas, permitiendo que las familias puedan hacer frente a sus cargas hipotecarias y reforzando al sector bancario y su capacidad de consolidar la actividad inversora.

¿Pero cómo podemos crear empleo? La reforma del mercado laboral aprobada por el Congreso hace unas semanas es un paso significativo para abordar algunos de los clásicos puntos débiles del mercado laboral español. Reduce la excesiva protección de los trabajadores con contrato fijo y facilita que las empresas establezcan salarios acordes con sus condiciones económicas.

Sin embargo, aún se deben abordar otros importantes problemas estructurales del mercado laboral para combatir de manera efectiva el desempleo crónico. Existe mucho margen para mejorar la efectividad de los servicios de búsqueda de empleo y colocación y los mecanismos de incentivos. Hay que apostar por la eficiencia: el volumen de fondos que el gobierno central transfiere a los servicios de empleo regionales, por ejemplo, debería ligarse a indicadores que midan el éxito de la colocación.

También se puede hacer más para reforzar los requisitos de los beneficiarios de las prestaciones. Es necesario poner en práctica medidas para animar a los solicitantes de empleo a que realicen una búsqueda de trabajo de forma más intensiva; para poner freno a las rutas  subvencionadas hacia la jubilación anticipada; y para relacionar de una forma más estrecha las contribuciones realizadas con los derechos a percibir una pensión el día de mañana.

Cuando hablamos de combatir el desempleo, existen dos grupos que merecen una especial atención. El primero es el de los inmigrantes, el segmento de la población activa más afectado por la ralentización de la economía. Se puede mejorar la integración de los inmigrantes en el mercado laboral, fomentando el reconocimiento de titulaciones extranjeras, incrementando la enseñanza de idiomas y ampliando la formación en nuevos sectores de actividad. Esto constituiría además un poderoso antídoto contra la excesiva concentración de mano de obra inmigrante en la construcción y el turismo.

El otro grupo que necesita una atención particular por parte de las políticas de empleo es el de los jóvenes en edad de trabajar. El índice de desempleo en este grupo supera el 40% y, a menudo, no se aprovechan convenientemente las aptitudes y cualidades en las que invertimos a través del gasto en educación técnica y superior.

Educación

El desempleo juvenil me lleva a la segunda área fundamental en la que deberíamos concentrar nuestros esfuerzos: la educación, precisamente. Sólo se podrá llevar a cabo la transformación del modelo económico de España si el sistema educativo forma a la población activa del mañana adecuadamente. La educación representa la única solución a largo plazo para acabar con la lacra del desempleo.

Nuestra investigación muestra que el desempleo afecta especialmente a aquellos jóvenes que no completan la educación secundaria. Es verdaderamente urgente la puesta en funcionamiento de medidas para reducir el elevado número de alumnos que abandonan la enseñanza a los 16 años, sin titulación alguna. En España, la calidad de la educación secundaria constituye un desafío añadido. En todos los campos de competencia evaluados en el informe PISA, los resultados de los jóvenes españoles de 15 años se encuentran muy por debajo de la media de los países de la OCDE. El déficit más asombroso es el de la lectura.

Existen dos reformas que son especialmente necesarias para aprovechar el potencial de la educación para transformar la economía española hacia un modelo  de crecimiento sostenido. La primera se relaciona con la necesidad de ampliar la formación profesional. A pesar de los recientes avances, el nivel de matriculación en formación profesional es todavía considerablemente más bajo que el promedio de la OCDE, del 44%, y que el de la Unión Europea, del 52%.

Las medidas para facilitar el acceso a los cursos formativos de formación profesional intermedia son especialmente importantes en este sentido. Entre ellas se debería incluir la reducción de la repetición innecesaria de cursos por parte de alumnos con la suficiente formación académica que se matriculan en ciclos de formación profesional. Hay que incidir también en potenciar el atractivo de los cursos de formación profesional intermedia, garantizando su relevancia para las empresas y el entorno laboral geográfico más inmediato.

La segunda reforma importante se refiere a la necesidad de mejorar los vínculos entre la enseñanza superior y las empresas. Una economía del conocimiento debe garantizar que las competencias que los jóvenes acumulan durante su paso por la universidad se equiparen con las demandas y necesidades del mercado laboral. Nuestros datos más recientes muestran que el 44% de los titulados universitarios españoles de entre 25 y 29 años ocupan puestos de trabajo que requieren una formación inferior a la que poseen. Esto contrasta con el promedio del 23% de la OCDE.

Las universidades españolas deben adecuar sus planes de estudio a las necesidades de la futura economía. Y es aquí donde los empleadores públicos y privados tienen un importante papel que desempeñar. Desafortunadamente, muchos de los mejores y más brillantes titulados de España tienen que dejar su país para continuar sus carreras en el extranjero, sobre todo en los sectores de la alta tecnología. Para aumentar el índice de  retención de titulados de calidad en España, el marco institucional para una educación continua basada en la empresa y el lugar de trabajo debe mejorar.

Reforma regulatoria
Lo cual me lleva al tercer  reto del nuevo modelo de crecimiento español: el de crear un marco regulador eficiente para apoyar la creación de empresas e impulsar la capacidad de innovación de la economía.
A pesar de figurar entre los países de la OCDE con horarios de trabajo más amplios, la productividad de España se ha quedado atrás. Esto se debe a una falta de flexibilidad, una innovación limitada y una apuesta insuficiente por aquellos sectores que pueden tener mayor valor añadido para el resto de la economía.

Una mayor y mejor productividad incrementará la capacidad de España para competir en la economía mundial, aunque también puede contribuir a solucionar importantes problemas macroeconómicos, tales como el persistente déficit por cuenta corriente o la salud de las finanzas públicas.

La reforma regulatoria puede ayudar a solucionar esto. Se deben dirigir los esfuerzos hacia la creación de una cultura de la iniciativa empresarial y el fomento de la innovación tanto pública como privada.

El acceso de las empresas a los programas de promoción de I+D+i, en los que participan  diferentes ministerios y regiones, se podría simplificar. La capacidad de gestionar y transferir tecnología también debería mejorarse, mediante una mayor interconexión y consolidación entre los muchos intermediarios existentes. Además, las inversiones públicas se podrían destinar de forma más eficiente a la modernización de las infraestructuras urbanas  (transporte, agua potable, aguas residuales, energía) con vistas a estimular la innovación en el sector empresarial.

Todo esto ha de contar con el respaldo de una buena regulación. La eliminación de cargas regulatorias a la competencia en los mercados de productos es fundamental para fortalecer la competitividad de las empresas españolas, tanto dentro como fuera de las fronteras.

España ha realizado un gran progreso en la reforma del mercado de productos durante la pasada década; concretamente al abrirse a la competencia internacional y favorecer la inversión extranjera directa. Se realizarán más avances una vez se apruebe la Ley de Economía Sostenible.

Pero la difícil situación económica actual exige más medidas. Por ejemplo, los requisitos  y cualificación para acceder a los servicios profesionales son más estrictos que en el resto de países europeos. La disminución de dichas restricciones podría fomentar la competitividad de las empresas que utilizan estos servicios como inputs intermedios y ofrecer más oportunidades a los titulados universitarios.

El nuevo modelo de crecimiento debe ser sostenible
Por último, aunque no menos importante, este nuevo modelo de crecimiento debe ser sostenible.
El actual proceso de conversión y fomento de las "industrias verdes" es un avance positivo, y España debe mantener su  apuesta en este ámbito, demostrando que el crecimiento puede ser compatible con el respeto al medioambiente. El objetivo de obtener un 20% del abastecimiento de energía primaria a partir de recursos renovables en 2020 es más que razonable, y España debería seguir siendo líder en el desarrollo de tecnologías solares y eólicas. Sin embargo, queda mucho por hacer para crear un marco estable que propicie la inversión privada en este sector.

Ningún modelo de crecimiento puede desatender el reto del cambio climático en el siglo XXI. El mantenimiento de subvenciones a la producción y el consumo de combustibles fósiles dañan el medio ambiente y representan serios obstáculos para un crecimiento verde. España todavía continúa subvencionando la producción nacional de carbón para la generación de energía, aunque con más moderación que en el pasado. Junto a la escasa carga fiscal a los carburantes, son aspectos de la política energética que no facilitan en absoluto la transición hacia un nuevo modelo económico, moderno y sostenible.

Finalmente, este nuevo modelo económico también precisa un uso sostenible de los recursos naturales escasos. La fijación de precios para el uso de tales recursos representa una útil herramienta política para el fomento de la eficiencia. Tales medidas pueden contribuir también a aliviar la presión que sufren las finanzas públicas.

En España, el agua es un recurso especialmente escaso en muchas regiones. Garantizar que las tarifas de uso reflejen el coste de una forma adecuada puede ayudar a movilizar la financiación del sector privado para mejorar las infraestructuras de abastecimiento, ofreciendo estímulos para la inversión y el ahorro. Las políticas de aguas serán analizadas en profundidad en nuestro próximo Estudio Económico de España, que se publicará a finales de este año.

Conclusión
Señoras y señores,
La transición a una economía basada en cerebros y no en ladrillos no va a ser fácil. Pero se trata de una transformación necesaria que este país debe acometer con urgencia. Hay que aprovechar el actual contexto para llevar a cabo las reformas necesarias y hacer que esto ocurra.

Si continuamos mirándonos en el espejo nacional, nuestro punto de referencia (el llamado benchmarking) no será otro que las políticas y realidades del ayer. Pero si ampliamos nuestros horizontes, y miramos más allá de nuestras fronteras para aprender lo que otros países están haciendo bien, podremos obtener valiosos ejemplos e inspiración sobre cómo construir la economía del mañana.

Y aquí la OCDE está al servicio de la sociedad española. Como foro privilegiado para el intercambio de buenas prácticas en todas las áreas que van a ser clave para transformar el modelo económico de este país –el empleo, la educación, la innovación y el crecimiento verde— la OCDE está preparada para contribuir en esta importante tarea.

España cuenta con ventajas únicas: una economía muy internacionalizada, multinacionales líderes, una nueva generación vibrante y muy preparada y el segundo idioma más hablado del mundo. Sin mencionar una cultura admirada por todos. ¡Y qué decir de la mejor selección de fútbol del mundo! Protagonista de una de las principales historias de éxito que nos dejó el siglo XX, España debe probar su capacidad para transformarse y modernizarse nuevamente en este nuevo siglo, valiéndose de sus incomparables fortalezas.

Espero que dentro de diez años, cuando nos volvamos a reunir para celebrar la segunda década de vida de la Revista Capital, podamos decir con orgullo: “España asumió el reto, y estuvo a la altura”.

Muchas gracias

 

 

 

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