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OECD Secretary-General

Webinario de la Fundación Euroamérica: COVID-19 y América Latina: Prioridades ante la Pandemia y la Reconstrucción

 

Palabras de Angel Gurría

Secretario General, OCDE

29 de junio de 2020 - Paris, France

(as prepared for delivery) 

 

 

Estimado presidente Jáuregui, vice-presidente Salafranca, señoras y señores,


Es un gusto participar en este importante evento sobre “COVID-19 y América Latina: Prioridades ante la pandemia y la reconstrucción”.


Permítanme en primer lugar agradecer a la Fundación Euroamérica la oportunidad de compartir con ustedes algunas ideas sobre la crisis del COVID-19; su impacto en América Latina; y las prioridades que deberían guiar la respuesta a la crisis y el camino hacia una reconstrucción rápida y vigorosa, pero también resiliente, incluyente y sustentable.

 

Una crisis sin precedentes

Hace apenas dos semanas, la OCDE actualizó sus Perspectivas Económicas, y el panorama resulta sombrío. Nuestra previsiones indican que este año enfrontaremos la mayor recesión en los 60 años de historia de la OCDE. Ante la incertidumbre que plantea la evolución del COVID-19, presentamos dos escenarios. El primero contempla la ausencia de un rebrote del virus, e indica una contracción del 6% del PIB mundial para el final de este año. Esta cifra empeoraría hasta el -7.5% en el segundo escenario, que contempla una nueva oleada de la pandemia.


Las previsiones para América Latina son igualmente negativas. Los países que seguimos en nuestras Perspectivas (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y México) experimentarán caídas del PIB de entre el 4% (Costa Rica) y el 8.3% (Argentina) en el escenario más favorable.


Además, debemos recordar que esta crisis llega a América Latina en un contexto de grandes incertidumbres y dificultades: bajísimos niveles de crecimiento (con un promedio regional del 0.1% en 2019 ), altos niveles de desempleo e informalidad, clases medias vulnerables en sociedades muy desiguales, y un aumento de la pobreza y la pobreza extrema en varios países de la región. Todos estos factores se encuentran detrás del descontento social que llegó a las calles en forma de protestas en muchos países de la región el año pasado.


Asimismo, nos encontramos hoy ante un doble shock de demanda y de oferta. La volatilidad en los mercados financieros está siendo superior a la de la crisis de 2008. La recesión global generará una fuerte disminución de las exportaciones, especialmente hacia China y los EEUU, los principales socios comerciales de América Latina. También veremos una diminución de las remesas, el turismo y la inversión extranjera directa. Además, el colapso del precio de las materias primas y del petróleo afectará a las cuentas fiscales y externas de varios países de la región.


Los gobiernos latinoamericanos han reaccionado como debían: con políticas fiscales y monetarias expansivas dirigidas a mitigar el impacto de la crisis en hogares, trabajadores y empresas, así como a proteger a los sectores más vulnerables.


Sin embargo, el espacio fiscal para reaccionar es limitado en muchos países de la región. Entre 2008 y 2019, el déficit fiscal promedio se elevó de 0.4% a 3.0%, y la deuda pública pasó de 40% a 62% del PIB . A pesar de ello, hemos visto ambiciosos programas de estímulo equivalentes a entre el 1 y el 7% del PIB.

 

La crisis pone en riesgo los avances sociales de las últimas décadas

Y es que la crisis amenaza con revertir el progreso social que América Latina había conseguido en las últimas décadas. Ya desde antes de la llegada del COVID-19 la pobreza en América Latina y el Caribe estaba volviendo a aumentar en varios países. De hecho, la CEPAL estima que el nivel de pobreza en ALC podría aumentar en 5 puntos porcentuales entre 2019 y 2020, pasando de 30% a 35% de la población. Si además consideramos a las clases medias vulnerables, que hoy representan el 37% de la población de la región, y que en su mayoría no cuenta con ninguna forma de protección social, el panorama es realmente preocupante.


Estamos hablando de cerca de un 70% de la población de América Latina que puede ser fuertemente impactada por la pandemia. Por ejemplo, las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) representan el 99% de las empresas y el 60% del empleo de ALC. El riesgo de de insolvencia, sobre todo de las micro y pequeñas, es elevado. Algunas estimaciones apuntan a que solo el 15% de las empresas con ventas al mes de menos de 5.000 USD pueden sobrevivir después de dos meses consecutivos de confinamiento. La enorme pérdida de empleos podría perjudicar de manera desproporcionada a esa “clase media” vulnerable.


Además, el impacto social de la crisis puede ser particularmente costoso para las mujeres, ya que cuentan con mayores tasas de informalidad, y muchas se encuentran más expuestas a la violencia de género ante las medidas de confinamiento.


Otro desafío mayor es el apoyo a los trabajadores informales, expuestos en esta crisis a un dilema terrible entre proteger su salud y sus ingresos. Esto requiere creatividad e innovación. Por ejemplo, Colombia, nuevo miembro de la OCDE, logro con éxito la entrega de transferencias en efectivo a más de un millón y medio de hogares con empleos informales, que no son beneficiarios de los programas sociales tradicionales del Estado.

 

¿Cómo abordar la crisis?

Como saben, la OMS considera en estos momentos a América Latina el epicentro de la pandemia. A día de hoy la región se sitúa en torno a los 2 millones de casos, acumulando incrementos diarios de más de 50.000 casos, y un total de más de 100.000 fallecidos. Ante esta dramática realidad, me gustaría subrayar algunos aspectos prioritarios para enfrentar la crisis.


Lo primero es sin ninguna duda combatir y vencer al virus. Lo he dicho en múltiples ocasiones: no hay contraposición entre la salud y la economía. No caigamos en un falso dilema. Hasta que no haya una vacuna disponible, es fundamental permanecer vigilantes y seguir las estrategias de “test, track and trace”, el distanciamiento social y las medidas de higiene.


Segundo, esta crisis está presentando la oportunidad de crear una América Latina mejor, más digital, más verde, más incluyente. Para aprovechar esta oportunidad, debemos reforzar la protección social y la inclusión.


Tercero, una respuesta multilateral ambiciosa, coordinada y coherente. Por ejemplo, para lograr desarrollar, producir y distribuir una vacuna. Ya ha habido iniciativas en el ámbito sanitario, como el intercambio de información médica y científica de la Red de Autoridades en Medicamentos de Iberoamérica en colaboración con la SEGIB. Además, una fuerte cooperación internacional también será clave para construir cadenas de valor más resistentes y evitar respuestas simplistas que pongan en riesgo los beneficios del sistema multilateral de comercio basado en reglas.


Cuarto, debemos ayudar a los países más vulnerables con programas ambiciosos. Hay muchos gobiernos que van a estar compitiendo para financiar sus gastos adicionales, y no podemos arriesgarnos a que algunos países pierdan el acceso a los mercados de capitales. En este sentido, celebro las iniciativas del FMI, el Banco Mundial, el BID y la CAF en cuanto a una disposición extraordinaria de recursos para apoyar la respuesta a la crisis.


Y quinto, la tributación de la economía digital. Como saben, en la OCDE estamos trabajando desde hace tres años para lograr una solución consensuada sobre esta cuestión para final de año. Tenemos que hacer todo lo posible para lograr un acuerdo político. Sin una solución multilateral, la acumulación de medidas unilaterales puede resultar en más tensiones comerciales que el mundo no puede permitirse en este momento.


Y quiero concluir con un llamado importante: el sector privado debe jugar un papel importante en la recuperación y construcción de una mejor América Latina.


En el corto plazo habrá que adaptar las medidas de apoyo a la fase de recuperación con precisión para evitar generar distorsiones duraderas en el mercado, favoreciendo la reasignación de recursos entre sectores y actividades. En el largo plazo, los países latinoamericanos tienen ante sí el reto de avanzar una estrategia productiva y de mejorar las condiciones de inversión y emprendimiento en el continente. Para construir un futuro mejor, será indispensable contar con una estrategia coherente con los compromisos en materia de cambio climático, de defensa de la biodiversidad y protección del medio ambiente. Los gobiernos pueden y deben orientar la recuperación hacia una economía descarbonizada a través de la inversión pública pero también mediante incentivos al sector privado, por ejemplo, mediante una condicionalidad climática para las medidas de apoyo financiero a determinados sectores. 


Asimismo, la crisis del COVID-19 está empujando a las empresas a rediseñar sus operaciones y cadenas de suministro. Estos cambios son una oportunidad para mejorar su resiliencia y reforzar una alianza público-privada que es más necesaria que nunca.

 

Señoras y señores,


Desde la OCDE estamos trabajando intensamente para apoyar a nuestros miembros en la respuesta a la crisis. Nuestro “hub” digital cuenta con más de 100 documentos con análisis, datos, buenas prácticas y recomendaciones de políticas frente a las diferentes dimensiones de esta crisis; y estamos organizando diálogos con los gobiernos de países miembros para asistirles en la recuperación de sus economías y sociedades.


Sin duda esta crisis va a poner a prueba nuestra capacidad colectiva para responder, nuestra coordinación de esfuerzos a nivel regional y global, y nuestros modelos económicos y sociales. Todos – gobiernos, sector privado, organismos internacionales – tenemos que trabajar en una misma dirección para asegurar una salida fuerte y solidaria de la crisis – también en América Latina.


Cuenten con el apoyo de la OCDE para ayudar a reconstruir un mundo mejor, más verde, más incluyente y más sustentable para los años por venir. Muchas gracias.

 

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