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OECD Secretary-General

Los desafíos de la coyuntura económica mundial para la región de Latinoamérica

 

Discurso de Ángel Gurría

Secretario General, OCDE

11 de octubre de 2019 - Montevideo, Uruguay

(Preparado para su distribución)

 

 


Estimado Enrique, Secretaria General Grynspan, Señoras y señores,


Es un honor para mí participar en el décimo aniversario de la Fundación Astur de la mano de mi querido amigo Enrique V. Iglesias.

 

América Latina, región vulnerable al contexto internacional actual

Este evento se desarrolla en un momento clave, en el que el clima socioeconómico y político es cada vez más incierto. La economía mundial se ha venido debilitando y, al igual que otros organismos internacionales, hemos revisado a la baja las previsiones macroeconómicas de este año. Para 2019, la OCDE espera un crecimiento del PIB mundial de tan solo un 2.9%, seis décimas por debajo de lo que fue en 2018 (3.5%).


El comercio mundial también se ha visto afectado por las tensiones entre EE.UU. y China y por la incertidumbre creciente en Europa respecto al Brexit. El comercio mundial cayó durante el segundo trimestre de 2019 y se espera que, de aquí a fin de año, crezca muy por debajo del 3.9% observado en 2018.


Los flujos de inversión desde y hacia los países OCDE también han disminuido de manera significativa desde 2015, mientras que la volatilidad de los mercados financieros es cada vez mayor.


Este deterioro internacional afecta a las economías de América Latina, muchas de las cuales tienen altos niveles de apertura a los flujos mundiales de comercio e inversión. De hecho, la CEPAL estima que en 2019 esta desaceleración mundial afectará negativamente a 21 de los 33 países de la región.


El deterioro de las perspectivas económicas de la región es evidente. Después de un periodo de varios años de buen desempeño regional, la actividad económica de Latinoamérica lleva desde 2014 creciendo por debajo de la OCDE, y hoy el promedio del crecimiento del PIB regional mantiene una trayectoria descendente, pasando de un 1.3% en 2017 a 0.9% en 2018, y, de acuerdo con estimaciones de la CEPAL, a cerca de un 0.5% en 2019.

 

Hay que reconocer que ha habido avances

Este complejo panorama regional no debe hacernos perder de vista los avances que ha tenido la región. Durante los últimos años, algunos países de América Latina han progresado en su estabilidad macroeconómica, los niveles de ingresos per cápita, el bienestar de sus habitantes, la consolidación de las “clases medias” y el fortalecimiento de las capacidades institucionales.


Entre 2007 y 2016, la esperanza de vida al nacer aumentó en promedio 1.9 años en los países de América Latina y el Caribe, frente a 1.4 años en promedio en la OCDE. Países como Colombia, México y Perú han introducido reformas de sus sistemas judiciales para combatir la impunidad. Igualmente, la lucha contra la corrupción se ha colocado en el centro de la agenda política de los países de la región, consolidándose con iniciativas concretas como el Compromiso de Lima.


También la conectividad de los latinoamericanos ha mejorado. Entre 2014 y 2017, el acceso a banda ancha móvil en la región pasó de 50 a 70 abonados por cada 100 personas. Y los ciudadanos están cada vez más cerca de sus gobiernos gracias a numerosas iniciativas de Gobierno Electrónico.


Además, algunos países están estableciendo sus propias hojas de ruta de reformas estructurales, con el objetivo de fortalecer la productividad y mejorar la cohesión social.


Uruguay está entre los países que más han avanzado. En general, la economía uruguaya tiene fundamentos sólidos gracias a su diversificación de mercados, productos y servicios, además de una política macro sólida, una amplia liquidez y un manejo fiscal prudente que se traduce en mayor resiliencia a choques externos. El Uruguay ha logrado mantener un crecimiento inclusivo a pesar de un contexto regional e internacional complejo. Además, es hoy no sólo el país de mayor ingreso per cápita de América Latina, sino también el menos desigual.


A pesar de estos avances, la mayor parte de los países de la región sigue enfrentando desafíos estructurales que no les permiten despegar.

 

Los grandes desafíos de América Latina 

En primer lugar, la productividad laboral de la región permanece estancada. En 2017, representó solo el 40% del nivel de la Unión Europea, si bien en Uruguay llegó al 56% del nivel europeo. Estos bajos niveles de productividad laboral tienen relación con la ausencia de cambios estructurales orientados a la innovación y a una producción más intensiva en conocimiento, pero también con los bajos niveles de educación superior y las carencias de las habilidades y destrezas que requieren los mercados. Esto aunado a la precariedad de los sistemas de logística y la infraestructura regional.


En segundo lugar, la lucha contra la pobreza no ha sido efectiva. Más de la mitad de la población de América Latina aún vive en condiciones de pobreza, o es vulnerable a caer en ella. La clase media vulnerable representa el 40% de la población de América Latina, y la mayoría de los que la conforman trabaja en empleos informales y no tienen protección social.


Cabe destacar que Uruguay es uno de los países de la región donde el crecimiento ha sido verdaderamente incluyente, como se puede apreciar en la impresionante reducción de la pobreza y de las desigualdades en los últimos años. Entre 2007 y 2017, el índice de Gini pasó de 46.4% a 39.5%, mientras que, la pobreza pasó de cerca de un 30% de la población en 2007 a un solo 8% en 2018, lo que lo ubica como el país de ALC con menos pobreza.


En tercer lugar, persisten los desafíos a nivel institucional. Los ciudadanos tienen hoy aspiraciones más altas, pero estas permanecen insatisfechas. De hecho, la satisfacción de los ciudadanos de ALC con servicios públicos fundamentales como los sistemas de salud y educación cayó entre 2006 y 2017. Sin embargo, existen grandes disparidades en la región; por ejemplo, 66% de los uruguayos están satisfechos con el sistema de salud de su país, mientras que solo 33% de los chilenos lo está.


La incapacidad de hacer frente a las demandas de los ciudadanos deteriora la "moral tributaria", lo que contribuye a que uno de cada dos latinoamericanos piense que es justificable no pagar impuestos. A su vez, esto erosiona los recursos públicos necesarios para financiar servicios públicos de calidad.


Finalmente, uno de los desafíos más grandes de ALC es el medioambiental. Este desafío quedó en evidencia con las grandes pérdidas en el Amazonas. Latinoamérica alberga el 40% de la biodiversidad global; sin embargo, una parte muy importante de su actividad económica promueve la utilización de energías y sistemas que atentan o destruyen dicha biodiversidad. Tenemos que ser más creativos para desarrollar actividades económicas que aprovechen esa biodiversidad, pero de manera sustentable, sin dañarla. Y tenemos que ser más firmes a la hora de proteger este importante patrimonio.


Para hacer frente a estos y otros desafíos, los países de la región debieran continuar con su esfuerzo de reformas para seguir intentando promover un crecimiento más fuerte, más incluyente y más sustentable. Para ello, la OCDE, con base en el análisis del Centro de Desarrollo y el último estudio sobre Perspectivas Económicas de América Latina y el Caribe, recomienda avanzar en cuatro campos de acción prioritarios.
Cuatro campos de acción para América Latina

  1. El primero, mejorar el proceso de formulación de políticas públicas para el desarrollo, lo que requiere mejorar los procesos de planificación, ejecución y seguimiento de las políticas. Para ello, la OCDE recomienda desarrollar las capacidades de actores clave en el proceso para elaborar planes estratégicos a largo plazo; mejorar la capacidad estadística; utilizar las tecnologías digitales; e incrementar y mejorar el gasto público para el desarrollo.

  2. En segundo lugar, si bien en la última década hemos observado mejoras en varias dimensiones que afectan el bienestar, la región debe seguir impulsando la calidad de la educación para todas y todos e impulsar las competencias, destrezas y habilidades necesarias para el futuro del trabajo. Igualmente, debe promover políticas activas que impulsen la formalización laboral y garantizar un mínimo de condiciones de salud y pensión a los más desfavorecidos. Finalmente, mejor conectividad en digital y en transporte, son fundamentales para el emprendimiento y el bienestar de los ciudadanos.

  3. En tercer lugar, mejorar el financiamiento nacional para el desarrollo. Para ello, es imprescindible mejorar la estructura del sistema tributario de la mayoría de los países, a través de reformas que permitan mejorar la progresividad del sistema; reducir las distorsiones, el fraude y la evasión fiscal; y eliminar los gastos fiscales que en algunos países reducen significativamente la recaudación.

  4. Por último, es necesario repensar la cooperación internacional como facilitadora del desarrollo sustentable. Para ello, será crucial involucrar a países en todos los niveles de desarrollo para fomentar su participación en alianzas multilaterales; así como ampliar instrumentos como el intercambio de conocimiento, el diálogo sobre políticas, el desarrollo de capacidades, la transferencia de tecnologías y la cooperación en I+D. Poner estas herramientas en manos de más actores también podría crear interacciones más enriquecedoras.


La Política de Cooperación Internacional para el Desarrollo Sostenible al 2030 de Uruguay ya se inspiró en algunas de estas sugerencias para la búsqueda de nuevas formas de cooperación.


Señoras y señores,


América Latina es una región de vital importancia para la OCDE. Por ello, hemos fortalecido nuestra colaboración, apoyando y acompañando a la región en su agenda de reformas y en el intercambio de mejores prácticas a través, por ejemplo, del trabajo del Centro de Desarrollo de la OCDE, el Programa Regional para América Latina, y los programas país de la OCDE.


Sigamos apoyando a la región para que estos países logren un crecimiento resiliente, incluyente y sustentable, y sus ciudadanos no se vean obligados a emigrar, para que sus niños y jóvenes crezcan con la mejor educación, para que sus culturas sigan floreciendo y aportando riqueza y sabiduría al mundo.


La OCDE está lista para seguir apoyando este gran esfuerzo. Muchas gracias.

 

 

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