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OECD Secretary-General

Los Desafíos y Oportunidades de la Educación Superior en México

 

Discurso de Angel Gurría

Secretario General de la OCDE

Ciudad de México, México - 9 Enero de 2020

(Versión para su distribución) 

 

 

 

Señor Rector, Señor Director de la Facultad de Economía, Secretario de Educación Pública, Embajadora de México ante la OCDE, representantes del cuerpo académico, estimados alumnos y exalumnos, señoras y señores:


Con mucha emoción y orgullo vuelvo a mi alma mater la UNAM, fuente inagotable de la capilaridad social de nuestro país.


Estamos aquí por dos motivos importantes: Primero, para presentar dos estudios de la OCDE sobre educación superior en México (en sus versiones en español): “El Futuro de la Educación Superior en México: Promoviendo Calidad y Equidad” y “La Educación Superior en México: Resultados y Relevancia para el Mercado Laboral”.

Y segundo para celebrar el lanzamiento de la primera Cátedra UNAM-OCDE, que permitirá que expertos de la OCDE vengan a compartir sus experiencias y conocimientos con los alumnos de la UNAM. Acabamos de firmar un Acuerdo con el Señor Rector para lanzar esta Cátedra y fortalecer la relación de la OCDE con la UNAM, lo cual me da mucho gusto, pues somos dos instituciones que compartimos misiones y objetivos, y por lo tanto debemos apoyarnos cada vez más. Esperamos que esta Cátedra también nos permita ayudar a preparar a los estudiantes de la UNAM para que puedan llegar a colaborar con la OCDE en el diseño, desarrollo e implementación de mejores políticas para mejores vidas.


Pasemos a los estudios de educación superior que venimos a presentar.

 

La educación superior: vital para el desarrollo

La educación superior es uno de los motores del crecimiento incluyente. Las inversiones en el acceso a, y en la calidad de, la educación superior, se traducen en beneficios directos para nuestras sociedades, para nuestras economías, para nuestros países. Especialmente en esta era de la economía del conocimiento, tan competitiva y tan compleja.


Los sistemas de educación superior accesibles y de alta calidad implican enormes beneficios para nuestras naciones: incrementan la conciencia social, fortalecen la participación democrática, aumentan la recaudación fiscal, reducen los gastos por transferencias sociales, reducen la desigualdad, la informalidad y la criminalidad, y elevan los niveles de innovación y productividad, entre otros.


Es un campo en el que México tiene mucha tarea. El 82% de los mexicanos entre 25 y 64 años no cuenta con estudios de educación superior, (en comparación con un promedio de la OCDE de 63%).


Por ello esperamos que estos estudios puedan ser contribuciones importantes para informar el debate sobre la reforma de la educación superior en México. Permítanme compartir algunas de sus principales conclusiones y recomendaciones.

 

La calidad y la equidad de la Educación Superior

El estudio titulado “El Futuro de la Educación Superior en México: Promoviendo Calidad y Equidad” reconoce que México ha dado pasos relevantes para promover la calidad y el acceso a la educación superior.


En el ciclo escolar 2017-2018 hubo más de 4.5 millones de estudiantes inscritos en instituciones de educación superior, 2.4 millones más que en el año 2000.


Otro logro importante es que las universidades públicas estatales, donde estudia más de un cuarto del total de estudiantes, tienen hoy en día más del 80% de sus estudiantes de licenciatura matriculados en programas cuya calidad ha sido reconocida externamente. Además, con la creación y expansión de universidades tecnológicas y politécnicas en las últimas dos décadas, y con el desarrollo reciente de la educación a distancia, la oferta de estudios superiores es ahora más diversa y se encuentra mejor adaptada a los distintos perfiles de estudiantes y a las necesidades del mercado laboral.


Estos son avances importantes. Sin embargo, sigue habiendo grandes desafíos.


En primer lugar, México todavía tiene que construir una buena gobernabilidad de su sistema de educación superior. Esto requiere que las instituciones de educación superior tengan objetivos claros, y que se asigne a las autoridades federales y estatales responsabilidades bien definidas y complementarias. Para ello, México debería implementar una nueva Ley de Educación Superior que instaure un marco jurídico que aporte claridad y certidumbre.


También es importante contar con información precisa para la formulación de estrategias y políticas públicas. Si bien México cuenta con los componentes clave de un sistema de datos sobre educación superior, no se dispone de datos suficientes sobre el financiamiento por estudiante, por grupos de edad, y tampoco por cohorte, sobre la progresión de los estudiantes y los resultados de los graduados. México se beneficiaría mucho de desarrollar un sistema integral de recopilación y análisis de datos para la educación superior.


También es fundamental consolidar y fortalecer la cohesión del sistema. En México conviven 13 subsistemas bastante fragmentados. No existe un procedimiento efectivo de transferencia de créditos, ni un identificador único para cada estudiante, y el marco nacional de calificaciones todavía no se ha implementado.


Garantizar la calidad y la equidad también requiere de recursos financieros adecuados y bien empleados. El informe de la OCDE propone incrementar la inversión pública en educación superior para ampliar aún más la cobertura y la calidad de los profesores. También señalamos la necesidad de mejorar el apoyo financiero público para los estudiantes, especialmente para aquellos de entornos desfavorecidos.


Adicionalmente, el estudio revela que no hay suficiente transparencia en la asignación presupuestaria a las instituciones públicas de educación superior. También muestra que existen grandes disparidades en el financiamiento por estudiante que reciben las instituciones, incluso dentro de un mismo subsistema.


También se requiere de un sistema externo de certificación de la calidad, como existe en la mayoría de los países de la OCDE.


En lo que se refiere a equidad, el sistema también tiene mucho que mejorar. Entre 2007 y 2017, el porcentaje de los jóvenes de 25 a 34 años con educación superior aumentó de 16% a 23%, aunque esta proporción está todavía muy por debajo del promedio de la OCDE (de 44%) y por debajo de países como Colombia y Chile (con el 30%). También hay una desigualdad enorme de acuerdo al origen étnico. En 2015, solo 6.6% de los mexicanos de origen indígena entre 25 y 64 años había completado la educación superior, en contraste con casi 19% de aquellos de origen no indígena.


Para promover la equidad en la educación superior, el estudio recomienda intensificar los esfuerzos para mejorar la educación media superior y continuar trabajando para fortalecer la educación superior técnica, inclusive los programas de Técnico Superior Universitario. Esto debería ir acompañado de esfuerzos para mejorar y racionalizar el apoyo financiero público para los estudiantes.


Estas son solo algunas pinceladas de un informe muy substantivo que invito a todos a leer.


Pasemos al segundo estudio.

 

La educación superior y el mercado laboral

El estudio “La Educación Superior en México: Resultados y Relevancia para el Mercado Laboral” destaca la rápida expansión de la educación superior en México. En los últimos 15 años, la tasa de egresados en la fuerza laboral por estado ha aumentado en promedio un 40%. En tres estados (Oaxaca, Hidalgo y Yucatán), este incremento ha sido de cerca del doble.


Sin embargo, México sigue enfrentando retos importantes en la conexión de su sistema de educación superior con el mercado laboral.


En México, los beneficios potenciales de la educación superior todavía son limitados. Sigue habiendo un grado importante de frustración tanto para los egresados como para los empleadores. Casi uno de cada dos egresados trabaja en un empleo que no requiere educación superior, y más de uno de cada cuatro trabaja en la economía informal. Mientras, paradójicamente, más de la mitad de las empresas reporta dificultades para cubrir vacantes en sus puestos de trabajo.


Las mujeres jóvenes se encuentran especialmente desfavorecidas en este campo: si bien sobrepasan a los hombres jóvenes en número de egresados, su tasa de empleo está 14 puntos por debajo de la de los hombres, una de las brechas de empleo más altas de los países de la OCDE.


También es necesario asegurar que la educación superior responda a las necesidades futuras del mercado laboral. Las nuevas tecnologías, como la robótica y la inteligencia artificial, están cambiando los empleos y, al igual que en todos los países, podrían afectar considerablemente el mercado laboral mexicano.


Elevar la productividad en el mercado laboral mexicano requerirá competencias, habilidades y destrezas de más alto nivel. Incrementar la especialización y la innovación en industrias de mediana y alta tecnología requerirá una mayor participación de investigadores y profesionales especializados, así como egresados de educación superior de diferentes disciplinas.


Para equipar a los jóvenes con las habilidades necesarias para el futuro mercado laboral, el estudio recomienda promover una colaboración estrecha entre el gobierno y las instituciones de educación superior en cuatro áreas clave:

 

  1. La alineación del sistema de educación superior con el mercado laboral. La elección de carrera por parte de los estudiantes muchas veces no está vinculada a la demanda actual o futura del mercado de trabajo. El estudio señala la necesidad de implicar más a los empleadores para escuchar sus necesidades. Los empleadores también podrían intervenir en el diseño y la impartición de los programas.

  2. Mejores apoyos para los estudiantes. Los estudiantes necesitan más apoyo, tanto para tener éxito en sus estudios como para conectar mejor con el mercado laboral. El estudio recomienda dar acceso a todos los docentes a cursos de capacitación profesional, incluido el uso de enfoques innovadores centrados en el estudiante. También recomienda que se reconozca y se premie oficialmente a los profesores por la calidad de su educación, así como actualmente se premia la calidad investigadora.

  3. Una mayor flexibilidad educativa y más énfasis en el aprendizaje a lo largo de la vida. Para los estudiantes mexicanos, no es fácil combinar estudios y trabajo, cambiarse a otra carrera o a otra institución. Por ello, este estudio recomienda dar mayores facilidades a los estudiantes para que puedan moverse más fácilmente dentro del sistema, ajustar el ritmo y la modalidad de estudio a sus necesidades y puedan volver al sistema para actualizarse en cualquier momento de su vida laboral.

  4. Una mejor coordinación entre los actores relevantes. Es muy necesario que los gobiernos y los grupos de interés – así como las asociaciones de instituciones de educación superior y de empleadores – colaboren para coordinarse mejor y generar información en la que puedan apoyarse para elaborar políticas y una planificación basada en la evidencia. 

 

La OCDE está lista para continuar ayudando a México a implementar estas recomendaciones, así como para ampliar este análisis.

 

Señoras y Señores:


México tiene que seguir impulsando la calidad, la equidad y la relevancia de su sistema de educación superior. Es una tarea conjunta que debe involucrar a los líderes políticos, las instituciones de educación superior, los estudiantes y el sector privado.


Como en otros países de la OCDE, nuestro objetivo en México es ayudar a todos los estudiantes, a todos los maestros y a todos los encargados de formular políticas educativas a concluir que sí es posible mejorar la educación superior, proporcionando un análisis independiente, aportando evidencia al debate y promoviendo una discusión interna informada entre los grupos de interés. Confiamos en que estos informes de la OCDE serán útiles para informar la reforma en curso de la educación superior. Muchas gracias.

 

 

 

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