Secretary-General

Ceremonia de recepción de la Orden Bernardo O'Higgins en el grado de Gran Cruz

 

Palabras de Angel Gurría

Secretario General, OCDE

Santiago, 25 Noviembre 2015

(Versión para su distribución)

 

 

Señor Ministro, Estimados Invitados, Queridos Amigos,

 

Es para mí un honor recibir la Orden Bernardo O´Higgins en el Grado de Gran Cruz. Quiero agradecer a la Presidenta Bachelet, al Canciller Heraldo Muñoz, a todo el Gobierno de Chile y a la Embajadora Serrano que hayan tenido a bien concederme esta distinción, que portaré con gran orgullo y responsabilidad.

 

Como ustedes saben, mi esposa Lulu y yo tenemos un fuerte vínculo con este país, que tiene un lugar especial en nuestras vidas. Lulu vivió en Santiago durante 15 años; dos de sus hermanos nacieron en Chile y sus padres vivieron aquí más de 20 años, que culminaron con los 6 en los que su papá, don Carlos Quintana, estuvo al frente de la CEPAL. Cuando llegó a México se comía la “s”. Mi suegra, de origen hawaiano, siempre decía que Chile era su segunda patria, a pesar de haber vivido más de 50 años en México.

 

Fuimos amigos desde los 15 años y “pololos”, como dicen ustedes por aquí, desde los 19. Nos casamos hace 42 años y las imágenes de Chile fueron siempre motivo de conversación en nuestra vida: la cordillera, el Colegio Nido de Águilas, los jardines de la CEPAL, Valparaíso, el desierto de Atacama, el Maqui, la casa de Adelita Prebisch, los erizos, el vino, las empanadas de pino, la fruta, la cueca, y los amigos, tantos amigos entrañables, algunos de los cuales nos acompañan hoy aquí. Yo ya conocía los olores, los sabores y los colores de Chile mucho antes de visitarlo por primera vez.

 

 

Relación profesional con Chile

 

Pero más allá de lo personal, mi relación con Chile ha sido también una relación intensa y productiva en lo profesional. En los años 70 y 80 vimos con profunda tristeza cómo este país maravilloso caía en manos de un dictador sangriento.

 

Durante aquella época me tocó vivir en primera línea el tremendo reto de la crisis de la deuda externa que enfrentaron primero mi país, México, y después todo el continente, y me tocó participar en las diversas rondas de negociación con los acreedores que dieron lugar al Plan Baker primero, y más tarde al Plan Brady. Ahí aprendimos lecciones que hoy en día aún son válidas. Y también aprendí mucho sobre Chile: sobre su economía y sus retos; sobre su gente y sus anhelos de libertad y democracia. Fui invitado muchas veces. Nunca acepté. Decidí que nunca pondría un pie en Chile mientras durase la dictadura. Me sumé a la calurosa acogida que dimos en México a los chilenos que escogieron el exilio antes que sacrificar su libertad, o sus vidas.

 

En los 90, colaboré estrechamente con los primeros gobiernos de la transición: como Secretario de Relaciones Exteriores primero y después como Secretario de Hacienda de México, cuando tuve la suerte de trabajar codo con codo con José Miguel Insulza para avanzar en la integración regional y responder a los retos comunes de nuestro continente.

 

Más recientemente, ya como Secretario General de la OCDE, he tenido la ocasión de promover y participar en la incorporación de Chile a nuestra Organización. El inicio del acceso de Chile coincidió con mi propia llegada a la OCDE, en 2006, y durante mis primeros cuatro años en París trabajamos con entusiasmo y tesón para garantizar que el proceso llegara a buen puerto: realizamos múltiples informes sectoriales y los llamados accession reviews; incorporando a sus delegados a nuestros comités y grupos de trabajo; facilitando la paulatina adaptación de la legislación chilena a los estándares de la OCDE.

 

En definitiva: facilitando ese conocimiento mutuo que les ha permitido ser parte de esta familia, de ese “Club de las Mejores Prácticas”, como nos definió la propia Presidenta Bachelet.

 

En la OCDE, estamos orgullosos de haber contribuido a algunos de los importantes cambios legislativos que tuvieron lugar en Chile en la segunda mitad de la década pasada, en el contexto del proceso de acceso: el final del secreto bancario y la introducción del intercambio de información financiera en materia fiscal –un ámbito en el que seguimos avanzando a través del nuevo intercambio automático y el paquete BEPS de lucha contra la evasión y la erosión fiscal por parte de las grandes multinacionales; las leyes contra el cohecho; la mejora y transparencia en el gobierno de las empresas estatales, tan importantes en la economía chilena; y tantos otros avances.

 

 

La OCDE y Chile, hoy

 

Hoy, cinco años después de ese ingreso que tuvo lugar bajo el primer mandato de la Presidenta Bachelet, Chile es uno de los miembros más activos de nuestra Organización.

 

Es un miembro que sabe que el valor añadido de pertenecer a la OCDE estriba en aprender de los demás y en compartir la propia experiencia. Es un miembro que trabaja con el resto de los países de la casa en dar una respuesta conjunta a nuestros retos comunes y globales. Y es un miembro que también busca nuestro apoyo y nuestro consejo a la hora de enfrentar sus propios retos específicos, impulsando reformas que sigan mejorando la vida de todas las chilenas y los chilenos.

 

Hoy, la colaboración entre la OCDE y Chile es más estrecha que nunca. Se extiende prácticamente a todos los ámbitos de las políticas públicas: educación, sanidad, empleo, fiscalidad, buen gobierno, comercio, medioambiente… Todos ellos campos en los que la OCDE es un referente y en los que el gobierno chileno cuenta con nosotros, dentro de la importante agenda de reformas que se están acometiendo durante este segundo mandato de la Presidenta Bachelet.

 

Como mencionaba hace unos minutos en la presentación del Informe Económico 2015 de la OCDE, Chile enfrenta un momento clave. Lo hace mejor preparado que nunca, gracias a instituciones sólidas y a un buen manejo macroeconómico en los años del boom de las commodities. Chile es un país moderno y dinámico que puede mirar al futuro con confianza y optimismo. Una política fiscal y monetaria prudente, un marco sólido de metas de inflación y un sector financiero sano y bien regulado, han dado estabilidad y han permitido  duplicar el ingreso per cápita del país en los últimos 20 años, así como reducir significativamente la pobreza relativa.

 

Pero no podemos cantar victoria, en especial dada la complejidad del momento que atraviesa la economía global: desaceleración de la demanda externa, caída del precio de las materias primas, posibles efectos del repliegue en la política de la Reserva Federal y ahora el impacto de las crisis de migración y terrorismo en Europa. Conviene también reconocer la magnitud de los retos estructurales de la economía chilena, incluyendo el aumento de la productividad y la reducción de las desigualdades.

 

Hay que evitar que lo mucho que se ha logrado en estos años se diluya. Las importantes reformas que el gobierno chileno ha impulsado en materia tributaria, educativa y de reforzamiento de la participación femenina en la actividad económica son pasos muy importantes en este sentido y habrá que asegurar su plena implementación.

 

Chile enfrenta también un importante desafío que comparte con la mayoría de los países de la OCDE: una seria crisis de confianza en sus instituciones. Cuenten con el apoyo de la OCDE para abordar este reto e impulsar el admirable proceso de regeneración democrática y reforma constitucional que ha lanzado la Presidenta Bachelet.

 

Este proceso reconoce todo lo avanzado, pero al mismo tiempo es consciente de que hay que adaptarse a los nuevos tiempos: “renovarse o morir”. Y lo importante es hacerlo tal y como lo están impulsando ustedes: con consenso e inclusión; con amplias consultas y con un programa de educación cívica que explique a los ciudadanos la importancia del proceso. En definitiva, creando un nuevo pacto social.

 

 

Reunión Ministerial y América Latina

 

Permítanme concluir haciendo referencia a la Presidencia de Chile de la próxima Reunión Ministerial de la OCDE los días 1 y 2 de junio de 2016 en París. La presidencia de nuestra principal reunión anual es sintomática del grado de madurez que Chile ha adquirido dentro de nuestra Organización, como miembro cada vez más activo en la orientación de nuestro trabajo.

 

Esto ha sido posible porque sentimos una plena sintonía con el gobierno chileno y sus valores, en especial la certeza de que no podemos seguir promoviendo el crecimiento y la productividad si no tenemos presentes desde el primer momento aspectos como la equidad y la inclusión. Por ello Chile ha sido uno de los principales promotores de nuestra iniciativa sobre crecimiento incluyente, y ha hecho de la relación entre productividad y equidad un eje fundamental de la próxima reunión ministerial.

 

El acento latinoamericano también tendrá un eco especial cuando nos reunamos en París bajo la presidencia chilena, ya que, gracias al apoyo de Chile, estaremos lanzando un Programa Regional para América Latina, que dará mayor coherencia y vertebración a nuestro rico trabajo con la región. Y en este sentido quiero agradecer a la Embajadora Serrano por su liderazgo y apoyo para sacar adelante este programa.

 

Queridos amigos,

 

A tantas razones y tantos años de cariño, de amistad y admiración por este país, se agrega el hecho de que Chile fue el primer país que apoyó pública y firmemente mi reciente candidatura a un tercer mandato al frente de la OCDE. De ahí que mi agradecimiento hoy, señor Canciller, sea doble. Otra vez gracias Embajadora Serrano. Seguiré trabajando con entusiasmo y dedicación para acrecentar la colaboración de la OCDE con Chile y sus instituciones, a fin de construir un entorno de desarrollo, de oportunidades y de mejores políticas para una vida mejor.

 

¡Muchas gracias!